Pablo Casado, el pasado 21 de junio en León, en un acto de campaña de su candidatura para liderar el PP - EFE | Vídeo: Así es la agenda de Casado en su primera semana como presidente del PP EP

La intrahistoria de la victoria de Casado: «Está siendo muy duro, pero vamos a ganar»

Nada más conocer el resultado de la votación, Suárez Illana aconsejó a Casado cómo debería ser su discurso

MadridActualizado:

Los equipos de Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría han acabado extenuados, tras un proceso de primarias que se les ha hecho eterno, con dos campañas consecutivas. «Es más difícil ganar estas elecciones que la Presidencia del Gobierno», sentenció ayer un colaborador de Casado. El nuevo presidente del PP recorrió 25.000 kilómetros en apenas un mes, con más de 50 mítines y unas 60 declaraciones ante los medios. Los últimos días antes de su victoria fueron especialmente frenéticos, y el candidato nunca perdió la esperanza de ganar. «Está siendo muy duro, pero vamos a ganar», animó a los suyos poco antes de abrirse el Congreso del PP. ABC reconstruye las horas previas a una votación histórica.

El goteo constante e insistente de apoyos públicos por toda España a la candidatura de Pablo Casado entre el miércoles y el jueves fue el preludio de su victoria. El respaldo expreso de María Dolores de Cospedal el lunes, cuando le acompañó en un foro informativo, resultó decisivo para que muchos se decidieran a dar el mismo paso. Al mismo tiempo, Soraya Sáenz de Santamaría apenas podía exhibir respaldos aislados. Las alarmas en el equipo sorayista saltaron en vísperas del congreso, cuando la candidata «pinchó» en un acto con compromisarios en Toledo. Algo no andaba bien.

Tregua y respiro

Los dos aspirantes llegan al hotel Auditorium de Madrid, el viernes por la tarde, con la certeza de que había un número considerable de voto oculto que podría decidir el congreso. Sin necesidad de hablar entre ellos, acuerdan una especie de tregua esa tarde, para dejar todo el protagonismo a Rajoy. El discurso de despedida del aún presidente tranquiliza al equipo de Casado. Fuentes próximas al candidato reconocen que se esperaban algo peor para ellos, un mensaje de última hora a favor de la integración con Santamaría, o un toque de atención por las críticas a su gestión. Pero Rajoy se limita a reivindicar su labor en los últimos años, y el equipo de Casado respira y elogia su imparcialidad.

A partir de las siete de la tarde, el candidato se reúne con dos de sus colaboradores más estrechos, Teodoro García Egea y Javier Maroto, en una sala reservada en el hotel del congreso. Ahí pasan varias horas cerrando la lista del Comité Ejecutivo Nacional y de la Junta Directiva Nacional, que debían presentarse antes de la 9 de la mañana siguiente, para la votación. Las llamadas a compromisarios, líderes provinciales y barones territoriales se suceden para encajar todas las piezas de esos órganos del partido. Y al final consigue una representación «equilibrada» de las regiones, y deja hueco para un posible acuerdo posterior con Sáenz de Santamaría, para escenificar unidad tras la batalla del congreso.

Después de decenas de llamadas y mensajes, Casado se va por fin a su casa sobre las diez y media de la noche. La jornada del viernes no ha acabado aún. Ya en su domicilio empieza a trabajar en el discurso que tendría que pronunciar al día siguiente, para presentar su candidatura ante los compromisarios. Casado es de esos políticos que no leen los discursos, pero sí se los prepara, y mucho. En un grupo de Whatsapp compartido con sus colaboradores en la campaña, recibe cada día numerosas ideas y propuestas, que va a apuntando e incorporando, en su caso, a su discurso. A lo largo de la larguísima campaña, Casado tenía perfectamente estructurado su mensaje. Esa noche toma notas manuscritas en varios folios con las principales ideas que quería transmitir.

Acaba de madrugada, y a las 8.30 del sábado ya está en el hotel del congreso, acompañado de su mujer, Isabel Torres. Sube directamente a la sala que tenía reservada como candidato, despliega ante los suyos tres folios escritos a mano, y con un boli se hace un esquema, con especial atención al principio y al final. El «viva el PP y viva España» que levantó a los delegados de sus asientos con entusiasmo es idea suya.

De forma paralela, Teodoro García Egea y Maroto están en otra sala del hotel cerrando las listas de los órganos del partido. Necesitan las firmas de todos, para poder presentarlas antes de las nueve. Se envió un mensaje a cada uno para que estuvieran antes de las 8 en el hotel, pero un atasco en la A-2 está a punto de echar por tierra varios nombres, porque alguno casi no llega a tiempo. Entre carreras por los pasillos y llamadas de urgencia, la candidatura de Santamaría presenta sus listas a las 8.46, y la de Casado, a las 8.56. Casado estuvo convencido de su victoria en todo momento. En su entorno muestran mensajes de ánimo de su «jefe» donde repite: «Ya queda poco, vamos a ganar». Un sorteo hace que la primera en hablar ante el plenario sea Santamaría. Su discurso, que el equipo de Casado define como «de laboratorio», resulta frío entre los compromisarios, a pesar de que los «sorayistas» habían pedido a sus afines que estuvieran pronto en la sala para arropar con aplausos a la candidata. Casado es el segundo en intervenir. Los suyos bromean con el «éxito» de su discurso: «Fue como una clase de crossfit, por lo que hizo levantarse a la gente de sus asientos, una y otra vez, sin parar». Todos coinciden en que los discursos fueron «bastante determinantes» porque había más indecisos «de lo pensado».

Durante la votación, Casado sigue el recuento en una sala, acompañado, entre otros, por Adolfo Suárez Illana. Allí le llegan los primeros datos de las 25 mesas. Cuando ya ve que la victoria estaba hecha, preguntó: «Y ahora, ¿qué es lo primero que se hace? ¿Llamar al Rey?». De hecho, así lo hace, después de que su equipo se pone en contacto con Jaime Alfonsín. Eso sí, aún falta el escrutinio de alguna mesa, y Casado pide calma: «Vamos a esperar, a ver si vamos a hacer el ridículo».

Pero la victoria está hecha. «Lo hemos conseguido», escribe a los suyos. Con total tranquilidad y serenidad toma otro folio en blanco y en 15 minutos se hace un esquema de su primer discurso como presidente. «Tienes que interiorizar que ya eres el líder del PP. Habla como presidente, para todo el PP y todos los españoles», le aconseja Suárez. Casado también toma de él la idea de decir: «Os ruego que a nadie le preguntéis a quién ha votado. Todos hemos votado al PP y todos habéis ganado». Casado come después con sus colaboradores en un restaurante cercano. Pero no hay discursos ni brindis: «Ya no estábamos para más palabras».