La inmigración cae en abril a la mitad que en 2018 gracias al éxito policial y a Marruecos

Sigue la tendencia a la baja, aunque por las costas españolas y las vallas ha entrado el 41% de la inmigración de la UE

MadridActualizado:

Hace falta remontarse a la época dura de la crisis para ver en España una caída de la inmigración a la mitad como la que acaba de registrarse en el cómputo de las entradas irregulares de este abril con respecto al mismo mes del año pasado. Se ha pasado de las 1.706 incursiones de 2018 a las 820 contabilizadas por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) a fecha del día 29, un 52% menos por tanto, lo que dibuja un escenario esperanzador tras la ligera tendencia a la baja que ha venido detectándose desde finales de enero, cuando una oleada de pateras duplicó las cifras que se tenían en el mismo periodo del ejercicio precedente. En parte debido a ese mal dato, lo cierto es que los números reflejan que, en todo caso, por las costas españolas y las vallas de Ceuta y Melilla ha penetrado el 41,6% de los 18.815 hombres, mujeres y menores que han entrado en 2019 a la UE sin la debida documentación.

El fenómeno ha mostrado un buen comportamiento en abril, aunque desde el Ministerio del Interior evitan cualquier signo de euforia. «Mantener esta tendencia requiere igual o más esfuerzo del que se está realizando. Esto no está controlado nunca», subraya una muy cualificada fuente del departamento, donde atribuyen la reciente mejora a una suma de factores, pero entre los que destacan dos. Uno, el éxito del «trabajo policial operativo» en la desarticulación de mafias. El desmantelamiento de organizaciones que trafican con personas de un lado a otro del Mediterráneo se han multiplicado, producto de un refuerzo de la cooperación policial con Marruecos, dentro de la que cabe hacer especial mención a la labor de la Unidad contra Redes de Inmigración (Ucrif), que obtiene la máxima información de los ocupantes que llegan en las pateras, la gestiona y comparte con los homólogos marroquíes. Hasta el punto de propiciar detenciones señalando de antemano lugares, hora y nombre de los delincuentes a atrapar.

El segundo elemento determinante en el freno de la inmigración es la colaboración en sí de Marruecos. Aunque no solo con Marruecos.

«Si llegan pocos inmigrantes es porque salen pocos», es la conclusión que traslada Interior con respecto al positivo papel que está jugando Rabat en la contención de la presión migratoria. «La exigencia impuesta a los ciudadanos de Mali, Congo y Guinea Ecuatorial de obtengan una autorización antes de entrar a Marruecos está empezando a dar resultado», indican las fuentes en relación a las restricciones que la administración alauí estableció en noviembre a tres de las nacionalidades de inmigrantes que más entran a España por cauces no regulares. Junto a ello, añaden, el país vecino «está retornando a sus países de origen a muchos subsaharianos», lo que el Gobierno reconoce que es muestra de la lealtad del Reino alauí, que está llevando a cabo esas repatriaciones aún a sabiendas de que dañan la imagen de predominio y de potencia que Rabat está tratando de forjarse en África.

Conviene no perder de vista que esta cooperación no es gratis. En España, ningún Ejecutivo ha dado nunca una cifra, ni aproximada. Ahora se tiene la de los 140 millones de euros que Bruselas prometió el año pasado a Marruecos –de los que 30 se abonaron en diciembre– y que están sirviendo para «motivar» su celo en el control de la inmigración. Los plazos en la UE son lentos. «Ese apoyo llegará en forma de equipamiento: embarcaciones para la Gendarmería, equipos de detección de documentos falsos, sistemas biométricos, vehículos... y ellos están viendo que España está haciendo lo imposible por agilizarlo. Les estamos ayudando porque es justo y es eficaz», precisa el Ministerio del Interior, que recuerda que Marruecos tiene continuamente dentro de sus fronteras a miles de subsaharianos, muchos de los cuales permanecen allí años –con todo lo que ello implica para un país en desarrollo– antes de intentar dar el salto a Europa, una dinámica migratoria que no tiene nada que ver con este territorio, que solo por condiciones geográficas está en medio del camino.

En este contexto, Interior pone en valor la ya tradicional capacidad de España de practicar con los países interlocutores en esta materia «la vía bilateral, de tú a tú», no siempre entendida en Bruselas, «gracias a la cual logramos hacernos entender». «España va siempre con la mayor de las humildades y no imponemos nada... nos ven como un socio leal», indican. En el caso de Marruecos, «se les está haciendo ver que nosotros también somos un país de tránsito... las personas que llegan a España no quieren necesariamente quedarse aquí».

La misma política de cercanía se practica con los países de origen de los inmigrantes: Mauritania, Gambia y Senegal, como principales puntos de salida en la fachada atlántica rumbo a las Islas Canarias, donde en los últimos meses viene notándose «más movimiento» producto, precisamente, de la flexibilidad de las mafias a la hora de buscar caminos alternativos cuando encuentran obstáculos, en este caso un Marruecos cada vez más impermeable a sus manejos. Y donde a su vez se han desplazado flujos que antes avanzaban por Libia hacia Italia, hasta que su ministro del Interior , Matteo Salvini, lo cortó y retiró los barcos humanitarios de rescate del Mediterráneo, por cierto sin que la tímida protesta internacional haya tenido ningún efecto material.

«En todos esos países subsaharianos estamos detectando esfuerzos preventivos, interlocutores con ganas de cooperar. Otra cosa es que tengan medios para hacerlo o que estén bajo su control», agregan desde el Ministerio. Recuerdan que su titular, Grande-Marlaska ya ha viajado a los países africanos antes mencionados, pero también a otros como Ghana, Guinea-Conakri, Costa de Marfil o Gambia, «el 20% de cuyo PIB procede de las remesas que envía su población emigrante», a pesar de lo cual, también se han comprometido a colaborar para impedir que su población salga rumbo al continente europeo. De nuevo no sale gratis, aunque Interior esquiva comentar las compensaciones económicas que los estados en cuestión pudieran estar ingresando a cambio y resalta que están muy interesados en recibir de España otros beneficios, como cooperación en materia de terrorismo –caso de Argelia– o formación en materia de Protección Civil para actuación, por ejemplo, en inundaciones.