El presidente de la Generalitat, Quim Torra, con el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ayer en San Sebastián
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, con el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ayer en San Sebastián - EFE

Indignación entre las víctimas catalanas por el protagonismo de Otegui

La familiaridad con Torra contrasta con la incomodidad que suscitaba hace años

BarcelonaActualizado:

Al independentismo catalán se le ha acusado históricamente de «vasquitis», una suerte de fascinación por el nacionalismo vasco que en los últimos años, con el proceso soberanista en Cataluña tomando la vanguardia, parecía haber remitido. En el espejo vasco, incluso en su vertiente más criminal en forma de terrorismo, se miraba el independentismo catalán cuando este apenas era una corriente minoritaria.

El «procés» amplió la base del secesionismo al mismo tiempo que la «vasquitis» parecía quedar circunscrita a la CUP y a los sectores más radicales, una tendencia que ahora vuelve a invertirse a medida que las tesis más unilateralistas y menos pausadas se han instalado en el Palau de la Generalitat. Como un símbolo de lo que está sucediendo, la presencia y protagonismo en Cataluña del coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegui, es cada vez mayor. Si hasta ahora eran los sectores de la CUP, o de ERC, los que más jaleaban y buscaban la foto con Otegui, ahora es hasta el presidente de la Generalitat, Quim Torra, el que se reúne y escucha a Otegui, en una imagen de cercanía que hasta el propio Carles Puigdemont había evitado.

Ahora es lo contrario, una familiaridad con Otegui que incomoda, molesta e indigna a las víctimas del terrorismo. «La foto de Torra y Otegui esta semana en San Sebastián es una vergüenza», explica a ABC José Vargas, presidente de la Asociación Catalana de Víctimas del Terrorismo (Acvot). «Es un insulto, no solo a las víctimas sino al conjunto de la ciudadanía. Abrazos y palmaditas en el espalda a una persona que fue dirigente de ETA. Se me revuelven las tripas», añade Vargas.

No hace muchos años, la figura de Otegui incomodaba. En mayo de 2016, invitado por la CUP, el dirigente de EHBildu visitó el Parlamento de Cataluña. Puigdemont evitó hacerse la foto con Otegui, del mismo modo que en la Diada de ese mismo año el dirigente vasco también solicitó verse con el presidente catalán. De nuevo, y de manera discreta, se rechazó la invitación.

Blanqueamiento

Más templado en sus apreciaciones, Robert Manrique, expresidente de la Acvot e incansable defensor de los derechos de las víctimas ahora ya fuera de esta organización, reconoce que el protagonismo actual de Otegui «choca» y no resulta agradable. «¿Nos gusta lo que sucede? No. ¿Es un partido legal? Pues poco más podemos decir», concluye resignado en declaraciones a este diario.

La presencia de Otegui es recurrente y previsiblemente irá a más: habitual de TV3 y Catalunya Ràdio, la posible alianza electoral de EHBildu y ERC para las elecciones europeas volverá a convertir al dirigente abertzale en una figura más de la política catalana. «Están lavando su imagen, es vomitivo», añade Vargas con respecto a un blanqueamiento que el nacionalismo catalán extiende también a exintegrantes de Terra Lliure como Carles Sastre, dirigente del sindicato Intersindical.