Edificio que alberga la delegación autonómica de Cataluña en Washington
Edificio que alberga la delegación autonómica de Cataluña en Washington - ABC

El independentismo catalán vuelve a poner en marcha su diplomacia paralela

Los separatistas alimentan en Estados Unidos la causa indigenista contra España

Washington Actualizado: Guardar
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La paradiplomacia catalana funciona de nuevo a pleno rendimiento, con mayor intensidad incluso que antes del referéndum de 2017, con el objetivo claro y declarado de que se reconozca a Cataluña como país. Haciendo uso de instituciones públicas, organizaciones sin ánimo de lucro y entidades privadas, el independentismo ha puesto de nuevo en marcha su gran maquinaria propagandística en Estados Unidos, con un alto coste, además, para el erario público.

La campaña de persuasión separatista se centra sobre todo en el Capitolio. El jueves, el consejero de Exteriores catalán, Albert Bosch, envió una carta a cuatro diputados de origen indio americano contándoles que el ministro de Exteriores español, Josep Borrell, dijo en una conferencia en la Universidad Complutense que EE.UU. «nació con la independencia prácticamente sin historia, lo único que habían hecho era matar a cuatro indios, pero, a parte de eso, fue muy fácil».

Tras destacar las palabras de Borrell, de las que el ministro ya se había retractado, Bosch se solidarizaba con los diputados y aprovechaba para recordarles que el Gobierno de Cataluña «apoya con firmeza a las comunidades indígenas y reconoce su historia y su petición de compensaciones y derecho a ser representadas». La recientemente reabierta delegación de Cataluña ante EE.UU. compartió en redes sociales la misiva, que le atribuyó al «ministro de Asuntos Exteriores catalán».

Más de un millón al año

Esa embajada, como las que Cataluña tenía en Francia, Reino Unido, Alemania, Austria, Italia, Portugal y Dinamarca, fue clausurada en octubre de 2017 con la aplicación del Artículo 155 de la Constitución. El entonces secretario de Estado de Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro, reveló que el coste de mantener esta oficina en Washington superaba el millón de euros anual.

El 16 de noviembre la embajada catalana en EE.UU. fue reabierta por el consejero de Acción Exterior, Ernest Maragall, quien dijo entonces que su misión es que «por fin Cataluña cuente con un reconocimiento explícito de su condición de país, de su condición de nación que tiene vida propia».

La nueva delegada, elegida por concurso público, es Victòria Alsina, de 35 años, doctora en Ciencias Políticas y que no ha accedido a hablar con este diario. Las condiciones del concurso público al que se presentó, y que han sido borradas de los portales web de la Generalitat, incluían un salario base de 82.209 euros al año más un complemento en «concepto de equiparación del poder adquisitivo y de la calidad de vida» que no se especificaba. Su predecesor en el cargo, según el Gobierno norteamericano, cobró más de 100.000 euros al año.

La misión diplomática de Cataluña en EE.UU. dispone de dos oficinas. En Washington, la delegación se encuentra en la calle K en Washington, donde tienen su sede los «lobbies» y «think tanks» más influyentes del país. En Nueva York, en la avenida Lexington de Manhattan. Son dos de las zonas más caras del país y probablemente del mundo.

En diciembre del año pasado, ya cesados los anteriores «embajadores» catalanes en el extranjero, la Generalitat declaró al Gobierno norteamericano pagos por «gastos y salarios de la delegación» por importe de 989.860 dólares (875.000 euros al cambio actual) en el periodo comprendido entre junio y diciembre de 2017, lo que excede con creces las estimaciones de Bermúdez de Castro al aplicar el artículo 155 de la Constitución.

El anterior delegado catalán, Andrew Davis, fundó en mayo el Catalonia America Council, una institución en principio sin ánimo de lucro y por lo tanto exenta de impuestos cuya finalidad es «comprometerse con los desafíos políticos y sociales más importantes a los que se enfrentan Cataluña y América y con el fortalecimiento de las relaciones entre ambas». Davis, que cobró del erario público español como representante público catalán en EE.UU. entre 2008 y 2017, tampoco ha querido responder a las preguntas de este diario.

«Fines caritativos»

Según la normativa del fisco norteamericano -el Internal Revenue Service-, el Catalonia America Council debe circunscribirse a fines «caritativos, religiosos, educativos, científicos, literarios, de seguridad pública, fomento de competiciones deportivas nacionales o internacionales para aficionados y la prevención de la crueldad a los niños o animales». Decidir qué es filantropía y qué es política en casos como este no es tarea sencilla.

En junio de este año, el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, inauguró esa institución sin ánimo de lucro. En su discurso en Washington dijo que el 1 de octubre de 2017 los catalanes «ejercieron el derecho a la autodeterminación». «En Cataluña, los conceptos de la República, la libertad y la democracia no sólo son conceptos complementarios, sino que también son sinónimos. Y no dejaremos de trabajar hasta que los tres conceptos sean una realidad internacionalmente reconocida», dijo.

Davis, el director ejecutivo del Catalonia America Council, ha criticado duramente a España y ha presentado a Cataluña como víctima. Esta semana entrevistó al expresidente de la Generalitat Artur Mas para un podcast titulado Diáspora que emite el Catalonia America Council. Mas había afirmado en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, que durante el referéndum de independencia «la reacción del Gobierno español en Madrid fue muy dura en el sentido de que enviaron a los políticos a prisión, tenemos a nueve políticos entre rejas y el expresidente Carles Puigdemont está exiliado junto con algunos exministros». «España, con su formidable poder, no ha sido capaz de ganar en esta prueba de fuerza», añadió Mas, repasando todos los agravios al separatismo pero sin mencionar los casos de corrupción de su partido que investiga la justicia.