Álvaro Luis C., el padre biológico de Alba, declaró ayer en el juicio por los malos tratos a su hija, en la Audiencia de Barcelona | ELENA CARRERAS
Álvaro Luis C., el padre biológico de Alba, declaró ayer en el juicio por los malos tratos a su hija, en la Audiencia de Barcelona | ELENA CARRERAS

«Impasible» ante la hija muerta

JANOT GUIL | BARCELONA
Actualizado:

De vez en cuando, durante las sesiones del juicio por el «caso Alba», que comenzó el pasado jueves en la Audiencia de Barcelona, estalla un silencio. Por lo que allí se dice -el relato de los abusos a la víctima, de 4 años-, o por cómo se dice, caso de las frías declaraciones de los dos acusados: la madre de Alba y su ex compañero sentimental.

Ayer, los mossos que arrestaron a los dos acusados fueron los que sirvieron un testimonio que deja mudo. Según relató un agente, cuando estaba en el hospital del Valle de Hebrón, la madre de Alba, Ana María C., recibió «impasible» la noticia de que su hija estaba «clínicamente» muerta tras una presunta paliza por la que se acusa a su pareja. Al día siguiente, la niña, que había sido artificialmente mantenida en vida para poder ser candidata a dar sus órganos, recuperó su actividad cerebral y su vida.

«Es mentira»

«Reaccionó con indiferencia», dijo una agente que reveló que la madre de Alba, a los pocos minutos de estar en el calabozo ya detenida... se quedó dormida. En silencio. La misma «mosso» explicó que antes, en su traslado a comisaría, Ana María les dijo que la niña se había caído de la cama (la versión que su pareja le conminó a explicar y de la que luego se desdijo), y que cuando se le informó de que se la detenía por sospecha de maltrato, ella respondió: «Es mentira y tendréis que demostrarlo».

Pero esta sospechosa entereza fue superada por la actitud del otro procesado, su compañero sentimental, Francisco José E., al que se le atribuye la paliza que dejó a Alba al borde de la muerte irreversible.

En la noche de autos, con la víctima en la UCI, Francisco José dejó el hospital Valle de Hebrón y se fue a su casa a «ducharse». Al cabo de una hora regresó, se le informó de que Alba estaba clínicamente muerta y se le detuvo. Y no manifestó «ningún tipo de reacción», recordó un agente. «Se mostró frío y en su traslado no dijo nada». Silencio.

En esta historia hay quien no puede hablar -Alba, que balbucea-, hay quien no habló cuando debía -las administraciones-, quien no dice lo que debe -los acusados se contradicen, luego al menos uno miente-, y quien habla... demasiado.

El hermano de Francisco Javier P., Cristóbal, declaró que su sobrina Maite, de 6 años, le explicó en la noche de autos, cuando su padre la dejó en su casa para ir al hospital, que Alba «se había caído de la cama». A la mañana siguiente, aconsejado por un abogado, decidió grabar en vídeo a Maite explicando esta versión.

El documento se ha aportado al juicio, aunque choca con la declaración ante un juez que luego hizo la propia Maite y en la que incrimina a su padre.

Cristóbal asegura que no la forzó a decir nada, aunque él mismo sembró dudas. «Me contó que estaban jugando en la habitación de Alba, que Alba se cayó y que luego ella fue a avisar a su padre». El problema es que su padre declaró el pasado jueves que estaban él y Ana María en el comedor cuando tras oír un ruido, acudieron, ellos, a la habitación de Alba.

También declaró ayer el padre biológico de Alba, Álvaro Luis C., que interrumpió así por un momento sus continuas comparecencias en infinitud de medios de comunicación de estos últimos días.

Quien fuera señalado en un principio por la madre de Alba como autor de los maltratos -denuncia archivada-, confesó que no detectó indicios de ellos en su hija. Con todo, admitió que la veía muy poco -cuatro días de enero, desde noviembre de 2005 hasta el 4 de marzo de 2006-, porque su madre le decía que estaba enferma.

Pese a incumplir así el convenio judicial de visitas, no reclamó. Alega que los trámites para ello le hubieran perjudicado en su trabajo, al vivir lejos -en Fraga (Huesca)-, y que «la niña estaba muy bien con la madre, al principio». Silencio.