GONZALO HÖHR  Tres coronas de flores se lanzaron al mar desde el Príncipe de Asturias

«Honor y gloria a los héroes de Trafalgar»

Las Armadas de España, Gran Bretaña y Francia, rindieron homenaje en aguas de Cádiz a los 4.857 caídos en la batalla naval en un emotivo acto al que asistieron descendientes de los marinos

POR LAURA L. CARO
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CÁDIZ. Fue un homenaje con oraciones en los labios y con una emoción intensa, a los 4.857 marinos muertos en las mismas aguas tal día como ayer de hace 200 años, una ofrenda sin prestar atención a cuál fue la bandera a la que sirvió cada uno, si era la que venció o de alguna de las dos que perdieron. Fue a bordo del buque insignia de la Armada, el portaaeronaves «Príncipe de Asturias», con más de un centenar de descendientes de las víctimas a bordo llegadas de otras partes de España, de Francia y de Gran Bretaña, con cerca de cuatrocientos invitados más y con un solo mensaje: «Honor y gloria a los héroes de Trafalgar».

Hasta el tiempo, un sol luminoso como colgado por encargo que dejó sólo en un mal recuerdo el viento de levante y la mar de fondo del día anterior, acompañó el ceremonial marinero. Una ceremonia en la que se dieron cita los sucesores de quienes se batieron a sangre y fuego hace dos siglos: los del legendario Nelson, -las señoras de riguroso luto y pamela a lo Ascot- junto a los del almirante francés Pierre Charles Villeneuve -que se quitó la vida cuando no pudo más con el peso del desastre-, y a los de Gravina, Hidalgo de Cisneros, Dionisio Alcalá-Galiano, Cosme Damián de Churruca... en un acto que fue por encima de todo un escenario de encuentro. Entre los descendientes de aquellos combatientes, en este caso de Churruca, estaba el presidente de Vocento, Santiago de Ybarra.

«Os doy la bienvenida a esta vuestra casa, que tiene siglos y ha aprendido en su Historia a comprender que es más importante entenderse que enfrentarse», fueron las palabras conciliadoras de un ministro de Defensa, José Bono, que, fiel a su estilo, se rodeó de todos: del presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves; de la alcaldesa gaditana, Teófila Martínez -que le acompañó desde primera hora del día-, de los embajadores francés y británico, del arzobispo general castrense, del obispo anglicano de Portmouth, del jefe del Estado Mayor de la Defensa y del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, Sebastián Zaragoza.

El homenaje se desarrolló en aquel «escenario sobrecogedor» de la lucha, que diría la primera edil en su discurso, mar adentro a nueve millas de la costa, siguiendo la trayectoria que describió el fallido combinado hispano-francés rumbo a la batalla. Como parte del homenaje se lanzaron al mar tres coronas de flores. La primera, la francesa, que tiró al agua el embajador galo, Claude Blanchemaison, mientras desfilaba por delante en una pasada de honor lenta y ceremoniosa la fragata «Montcalm», a 30 yardas de distancia del «Príncipe de Asturias». Detrás, la británica, cubierta por una cinta con la insignia de la Royal Navy, de manos del también embajador del Reino Unido, James Wright, que la arrojó a las olas cuando navegaba justo enfrente a la popa del navío «Chathaln». La última, la de la España anfitriona, que lanzó por la borda el ministro de Defensa, José Bono, cuando la fragata «Reina Sofía» adelantaba de la misma vuelta al portaaeronaves.

Era, cerca del Cabo de Trafalgar, la tercera vez en el día que las tres coronas posaban juntas. Por la mañana ya desfilaron en el Panteón de Marinos Ilustres de la Escuela de Suboficiales de San Fernando, ante 54 medios acreditados y 167 periodistas de los tres países. Poco después se repitió la liturgia en el gaditano Parque Genovés durante el solemne acto de respeto a los caídos. Fue aquí donde el relator recordó que en 1805 «se pudo oír el estampido de los cañones y el olor de la pólvora». El acto consistió en una parada de una unidad de honores formada por escuadras y secciones representativas de todos los regimientos que participaron en el combate, -ataviados con uniformes de época como si se hubiera parado el tiempo-, mientras a las 12 del mediodía todas las campanas de Cádiz tocaban a duelo, como ayer también hicieron por decisión del Reino Unido todas las de la Commonwealth.

«21 de octubre de 1805, 5.000 muertos con valor, heroísmo, coraje y compromiso. 21 de octubre de 2005, tres naciones y un proyecto compartido, memoria conjunta con la que tributamos culto a la historia, no a la guerra, pero sí a los que murieron en la batalla», rezó el jefe de la Armada antes de que, 200 años después, en Cádiz se leyeran, con los españoles, los franceses y los británicos puestos en pie, los nombres de todos los navíos de Trafalgar. «Príncipe de Asturias», «Santa Ana», «Santísima Trinidad», «Rayo», «Neptuno», «Argonauta...».