Helmut Kutin «La familia es el núcleo central de la resistencia, sin ella estamos perdidos»

Presidente de Aldeas Infantiles SOS InternacionalFRANCISCO SECOBlanca TorquemadaAntonio AstorgaVirginia Ródenas-Ya ve, mientras usted no hace más que acoger «hijos» otros están dispuestos a vender los

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Presidente de Aldeas Infantiles SOS Internacional

FRANCISCO SECO

Blanca Torquemada

Antonio Astorga

Virginia Ródenas

-Ya ve, mientras usted no hace más que acoger «hijos» otros están dispuestos a vender los suyos. Del padre de la pequeña india Rubina Alia, la niña de la oscarizada «Slumdog Millionaire», se ha escrito que la ofrecía por 225.200 euros...

-Para mí esa película es un éxito para la niñez de Bombay, porque sale a relucir cómo vive, pero también hace que me sienta muy mal porque es la segunda vez que triunfa una película y los chicos que han participado regresan después a la misma calle, sin dinero, sin futuro, sin nada. Lo que necesitan es que se les apoye junto a sus familias, que es lo que hace Aldeas Infantiles. La cosa no está en darles dinero suficiente para ir a Los Ángeles, sino para que vayan a la escuela, coman..., vivan con dignidad. Ah y ¡no se puede vender niños! Pero, sobre todo, no se pueden comprar.

-Conoce Asia. Abrió en 1967 una Aldea en Vietnam, que con Camboya y Tailandia son destinos de turismo sexual infantil.

-Así es. Abrí la primera casa en Saigón. En Europa también hay abusos, pero en los países que cita, el abuso se regodea con la pobreza. Hay que trabajar muy duro para que ningún europeo viaje allá para satisfacer su deseos con niños. El problema es muy grande porque niños y jóvenes no tienen otra posibilidad de ganarse la vida más que vendiendo su cuerpo, y es insoportable verlos llegar a nuestras aldeas, con 10 ó 12 años, tras haber sido sometidos a todo tipo de abusos. Son heridas muy difíciles de curar para luego tener vidas normales. No se imagina lo que es encontrar a un pequeño de 5 años que ha sido objeto sexual de un adulto. Es lo peor que vivo... (se emociona). Por eso hay que ayudar a las familias, a los papás, a las mamás, y que entiendan que no pueden vender el cuerpo de su hijo.

-Fue un niño de Aldeas. ¿Cómo siente esa infancia huérfana y reconstruida?

-No, no fui ¡soy un niño de Aldeas! Le voy a contar: cuando estuve en Perú la última vez para la inauguración de una nueva aldea, uno de los más pequeños se me quedó mirando. «¿Es usted Kutin y es niño de Aldeas?». Algo le habrían dicho. Contesté: «Pues sí». Y dándose la vuelta les soltó a los otros: «Pues viejito es». Yo entré en la primera casa de Aldeas, que se abrió en Imst, al sur del Tirol. Desde que llegué me sentí en familia, con dos hermanas, muchos hermanos y una mamá, la mejor, que murió hace un año a los 91... Me había dicho: «Quizá para alguno no fui una mamá, pero yo intenté serlo para todos». Siempre hizo lo mejor que una madre puede hacer. Nos hizo sentir queridos y mantuvo unida a la familia. ¿Sabe que las familias de Aldeas no se rompen nunca?

-¿Tiene hijos?

-Más que usted, seguro: cientos. Nuestros niños son hijos y los queremos con todas sus faltas y sus virtudes. Ese fue también el mensaje de nuestro fundador Germann Gmeiner: los nuestros no son niños de la calle, ni niños de orfanato, son los niños de una gran familia.

-Yo tengo dos y cada día es una batalla. Usted no pegará ojo por las noches.

-Dos dan más problemas que tantos.

-¿La crisis se cebará con ellos?

-La crisis financiera y económica puede suponer una oportunidad para reconocer que sin solidaridad no se puede sobrevivir. Es verdad que los niños volverán a ser diana del desastre y los países que ya son muy pobres, mañana lo serán aún más. Vamos a necesitar mucha ayuda para superarlo.

-¿Tiene algún plan?

-Ayudar a las familias para que resistan con sus hijos porque ya no podemos acoger a más niños. La familia extensa, con los abuelos, los hijos, los hermanos, lo puede todo. Es el núcleo central de resistencia, sin ella estamos perdidos.

Un gran padre _ Kutin (Botzen, Italia, 1941), era el quinto hijo de un doctor en derecho, al que la orfandad y la guerra dejaron sin familia. En 1953 ingresó en la primera Aldea Infantil SOS del mundo y desde 1985 preside esta ONG en cuyos hogares viven más de 59.000 niños