Harry Potter

Por M. MARTÍN FERRAND
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No tengo nada en contra de Harry Potter, el mejor alumno de la mágica academia de Hogwarts, y mucho menos en desfavor de su creadora, J.K. Rowling, gran renovadora de la literatura juvenil. Todo lo contrario. La fantasía es el gran motor de la inteligencia y la luz más clara para señalar a los mu-chachos los caminos convenientes para que, ya mayores, puedan llegar a imaginar, incluso, que son felices.

Mi escándalo, moderado en esta ocasión, brota de la dedicación de las televisiones públicas -hay que ir perdiendo la fe en las privadas- al nacimiento de un quinto tomo de las aventuras del mago con gafas. Hasta los telediarios de TVE, tan circunspectos en el tratamiento de la cultura, han dedicado espacios dilatados y principales a la presentación de «Harry Potter y la Orden del Fénix», un libro que no aparecerá en su versión española hasta el año que viene. Supongo que, mientras se habla de algo así, como cuando se abordan los sucesos, no afloran en los informativos otros asuntos menos políticamente correctos.

Si las TV le dedicaran parecida atención a la figura del capitán Alatriste y Tenorio, el hijo aventurero de Pérez-Reverte, los éxitos en las librerías -especialmente en las españolas- tendrían espada en lugar de varita mágica. La globalización es hija de la propaganda, no de valores objetivos y universales.