Pedro Sánchez en una reunión a la que asistieron Ábalos y Redondo - BORJA PUIG DE LA BELLACASA

El «gurú» de Pedro Sánchez se abre a repetir elecciones para laminar a Podemos

El secretario de Organización del PSOE prefiere en cambio doblegar a Podemos desde la convicción de que terminará cediendo para evitar las urnas

MadridActualizado:

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha aclarado su inminente hoja de ruta para que se celebre la sesión de investidura entre el 16 y el 19 de julio. Esa decisión parece irrevocable. Sin embargo, hoy no tiene garantizados los apoyos suficientes para ser investido en primera instancia con mayoría absoluta, ni tampoco en segunda votación con mayoría simple.

Por eso, y aun teniendo claro que acudirá a una investidura incluso sin haber amarrado los votos necesarios, Sánchez se debate entre dos teorías diferentes, defendidas alternativamente por sus dos personas de máxima confianza.

Por un lado, la de José Luis Ábalos, número tres del partido, que preferiría in extremis formar Gobierno cuanto antes pactando concesiones con Podemos, ante el riesgo de que una investidura fallida aboque a unos comicios inciertos que tampoco desharían fácilmente el nudo de mayorías insuficientes, bloqueos y vetos de hoy.

El liderazgo de Iglesias

Y por otro, emerge la teoría de Iván Redondo, jefe de gabinete de Sánchez, que se inclina por una repetición de comicios en otoño con la doble idea de que el PSOE refuerce su mayoría hasta casi 150 escaños, y que Podemos sufra un varapalo definitivo. Se trataría de provocar un mayor deterioro de Podemos que reduzca su poder a no más de una veintena de escaños, de modo que el liderazgo de Pablo Iglesias se vea definitivamente comprometido.

Según esta tesis, el Gobierno de la nación no puede ser una plataforma para la rehabilitación de Podemos, ni el PSOE debe permitir que Iglesias se apropie de la imagen del Ejecutivo en función de sus propios intereses. Además, esas hipotéticas nuevas elecciones contarían con un nuevo actor, la plataforma fundada por Íñigo Errejón, ya constituido para entonces en partido nacional para fragmentar más aún a Podemos, más pragmático, y más proclive a pactar con el PSOE sin imponer condiciones extremas.

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Sánchez no ha tomado una decisión definitiva aún. Continúa a la espera de acontecimientos porque la estrategia de exasperar a Podemos para que ceda definitivamente en su pretensión de situar a Iglesias y a otros dirigentes en la mesa del Consejo de Ministros le está saliendo razonablemente bien. Su pulso con Iglesias es evidente, y el órdago lanzado para acudir a una investidura fallida ha hecho mella en Podemos.

No obstante, a día de hoy, Iglesias parece absolutamente decidido a frustrar una primera investidura si no se conforma un gobierno de coalición con él incluido en La Moncloa… Y Sánchez se niega a contemplar ese escenario. Por eso Podemos apostó ayer mismo por dilatar en el tiempo el pulso sin vencedores ni vencidos, por provocar vértigo en Sánchez, y por probar suerte en una segunda investidura a la desesperada a lo largo de septiembre.

Ábalos y Redondo comparten la tesis de que Podemos no debería figurar en el Ejecutivo con Ministerios a su cargo. Sin embargo, en el PSOE hay quien asume que antes que arriesgar, Sánchez tendrá que hacer concesiones generosas -«sillones cómodos» más que acuerdos programáticos-, porque realmente lo que ha enconado las relaciones entre Iglesias y Sánchez es el reparto de cargos, su visibilidad, su manejo presupuestario y su peso político.

Ábalos, experimentado en la gestión interna del partido, ejerce una enorme influencia sobre Sánchez en la toma de decisiones. Más que ninguna otra persona en el estamento orgánico del partido. Pero compite en influencia con Redondo, bajo cuyo asesoramiento Sánchez recuperó la secretaría general del PSOE, ganó la moción de censura, y ahora las elecciones.

En cualquier caso, Ábalos mantiene un punto de vista más cauto cuando argumenta que arriesgar con unas nuevas elecciones podría generar efectos no deseables para el PSOE. Es cierto que todas las encuestas, incluidas las internas de este partido, pronostican una tendencia al alza, hasta los 140-150 escaños. Pero a su vez, ello redundaría en una relevante pérdida de escaños de Podemos, de modo que la suma global podría beneficiar a la derecha. Y aunque PP, Ciudadanos y Vox no sumasen 176 escaños (estarían muy lejos), España volvería a entrar otro bucle de pactos imposibles... con dos novedades: un desgaste añadido para Sánchez y, sobre todo, el temor a que se produzca una desmovilización en la izquierda no controlable por Ferraz.

A su vez, Iván Redondo trata de convencer a Sánchez de que convertir al PSOE en rehén de Pablo Iglesias sería un error, incluso aun a riesgo de no conformar un Ejecutivo estable. Y por eso plantea firmeza frente a las exigencias de Podemos. Su idea es trasladar toda la presión a Iglesias para que termine rindiéndose y entregando casi gratuitamente sus 42 escaños al PSOE, porque las dos alternativas que tiene son a priori pésimas para él: perder el pulso con Sánchez le debilitaría mucho, y acudir a elecciones le fulminaría. Por tanto, Redondo defiende que Sánchez sea paciente y no mueva pieza, y que Iglesias se desespere y opte por el mal menor para Podemos. Pero permitir a Iglesias exhibirse como vencedor de un pulso de dos meses a Sánchez es una opción que no maneja nadie en el PSOE.

Una legislatura débil

Objetivamente, la obtención de los votos suficientes no representa un problema de fondo irresoluble ni para Sánchez ni para el PSOE, porque bastaría con la inclusión de ministros de Podemos en su gabinete, con el apoyo expreso del PNV, y con cerrar una abstención que ERC está deseando. Incluso, podría disponer del voto afirmativo del PdeCat, con el que nadie cuenta ahora, pero que está abierto a esa posibilidad y así lo ha transmitido a diversos interlocutores en el Congreso. Lo cierto es que, en estas negociaciones, los discursos en público se compadecen poco con el resultado real de muchas conversaciones secretas y a múltiples bandas que está manteniendo la portavoz socialista, Adriana Lastra, con varios partidos del «club de la moción de censura».

La cuestión de fondo no es tanto la investidura como garantizar una estabilidad parlamentaria de cuatro años. Y la confianza de Sánchez hacia los gobiernos basados en la «geometría variable» para aprobar leyes, a derecha e izquierda según convenga, no es demasiada. Es un modelo arriesgado y falible con tendencia a favorecer una legislatura corta. Ser investido en estas condiciones situaría a Sánchez ante una legislatura débil, basada en equilibrios muy complejos, y extremadamente dependiente del separatismo catalán, que ha dejado de ser fiable al cien por cien para el PSOE después de que su rechazo a los presupuestos del Estado forzase a Sánchez a convocar elecciones en abril.