Felipe Conde (izquierda) y su hijo Felipe construyen una guitarra en el taller
Felipe Conde (izquierda) y su hijo Felipe construyen una guitarra en el taller - BELÉN RODRIGO

Las guitarras de Pepe Habichuela y Lenny Kravitz

Las guitarras Conde se han ganado su fama por su comodidad, calidad y precio

MADRID Actualizado: Guardar
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En el taller de Guitarras Conde se trabaja cada guitarra con mucha delicadeza, mimo y precisión. Llevan desde 1915fabricando guitarras de forma artesanal, clásica y flamenca, cuidando cada paso y cada detalle. Se ganaron su fama por la calidad del material y del acabado, unido todo ello a un buen precio. Y año tras año cada vez son más los músicos que confían en esta casa, estando entre sus clientes habituales maestros españoles como Pepe Habichuela o artistas internacionales como Lenny Kravitz.

Felipe Conde representa a la tercera generación de la familia al frente del negocio y trabaja junto a sus hijos, María y Felipe, cuartos en el rango sucesorio de la firma. El taller lo montó su tío abuelo, Domingo Esteso, quien comenzó en este mundo como aprendiz en el taller de Manuel Ramírez y al morir éste, junto a la viuda, poniendo su nombre junto a la etiqueta. Más tarde Esteso se independizó e instaló en la calle Gavina Nº 7, junto a su mujer, Nicolasa Salamanca que barnizaba las guitarras. En aquella época la mayor parte de los instrumentos que salían de este taller se vendieron para el extranjero.

Domingo Esteso contó años después con la ayuda de sus sobrinos,Faustino y Mariano Conde, quienes aprendieron de él su técnica y buen hacer en el arte de la construcción de la guitarra española. «Los dos hermanos introdujeron la madera de palosanto en la guitarra flamenca y Paco de Lucía la lazó», cuenta a ABC Felipe Conde, hijo de Mariano Conde. Faustino y Mariano trabajaron con su padre hasta su muerte, en 1937, en plena Guerra Civil, años en los que bajó la construcción de guitarras por las dificultades económicas vividas por los españoles.

Felipe Conde lleva desde los 14 años en el oficio
Felipe Conde lleva desde los 14 años en el oficio - BELÉN RODRIGO

Felipe Conde ya hacía guitarras con 14 años. Era lo que siempre había visto hacer a su familia, aunque entró en el negocio cuando falleció su padre. «Este oficio implica un aprendizaje muy largo, me atrevería a decir que un mínimo de diez años para sentirte seguro de cada paso», afirma Felipe Conde. Formado en Derecho, el oficio de construir guitarras es algo que lleva dentro, en el ADN. Es un oficio que en lo esencial no ha cambiado «pero ahora sí se usan herramientas que antes no existían», añade. En el taller trabaja Felipe con sus hijos y Pedro, con más de treinta años de experiencia. Cada artesano trabaja con dos guitarras al mismo tiempo y se tarda de media en construir una guitarra un mes. «En algunos modelos hay lista de espera», afirma Felipe. Los precios oscilan desde los 2.300 euros hasta los 20.000. Desde 2015 están instalados en la calle Arrieta número 4.

Artistas

Por este taller han pasado grandes maestros y artistas internacionales. «Mi tío abuelo hizo guitarras para Regino Sáinz de la Maza, mi padre para Paco de Lucía, Bob Dylan y Mario Escudero y yo para Pepe Habichuela y Lenny Kravitz, entre otros», cuenta Felipe Conde. Cada uno creó su propio estilo, con diferentes hechuras y técnicas de producción. Todos ellos cuidando la calidad y estableciendo una relación muy especial con los guitarristas. «No es una relación de cliente, sino algo más cercano, el nexo entre ambos es la guitarra y es de por vida», explica el artesano. Para Felipe Conde es importante «conocer antes de hacer la guitarra al guitarrista para saber qué es lo que quiere, porque en la guitarra se transmite su personalidad». Lo normal es que los profesionales tengan al menos dos guitarras, por si una de ellas sufre algún accidente.

Guitarras construidas en el taller de la familia Conde
Guitarras construidas en el taller de la familia Conde - BELÉN RODRIGO

«Nuestras guitarras son muy cómodas de tocar por el modo en la que las construimos», subrayan en el taller donde recuerdan que Madrid es una de las mejores ciudades para construir guitarrras, dadas sus condiciones climáticas. Lo ideal, a 20ª y una humedad que oscile entre lo 50-60. Reinvindican el lugar de este oficio en el mundo de la cultura y de la música afirmando que «la escuela de Madrid es la mejor del mundo». Ya se están comprando maderas para las guitarras de dentro de 30 años porque es importante que realicen el proceso completo de secado. En una guitarra se utilizan diferentes tipos de madera. El diapasón, por ejemplo, es de ébano para aguantar la presión de las cuerdas, el mango es de cedro y la tapa armónica de pino abeto. Cuando la guitarra es flamenca el fondo es de ciprés español. Una guitarra Conde pesa alrededor de dos kilos, «no lleva ni un solo tornillo ni un clavo, todo ha sido pegado con cola lo que supone mucha precisión porque una guitarra no te da una segunda oportunidad», puntualiza Pedro, con más de 30 años a sus espaldas constuyendo guitarras.

Los hijos de Felipe Conde, después de realizar sus estudios universitarios, apostaron por seguir los pasos de la familia, lo cual garantiza, a priori, la continuidad del negocio. «Estudié sociología y me gusta estudiar guitarras antiguas para encontrar sonidos», explica a ABC Felipe Conde Junior. Lleva visitando el taller de su padre desde los 16 años y un par de años antes comenzó a tocar la guitarra. «Fue algo natural, lo tenía dentro, y me gustaría crear una base de datos sobre diferentes guitarras», añade el pequeño de la familia. Después de cinco años trabajando en el taller «empiezo a sentirme con soltura».

Siguen recibiendo muchos pedidos de fuera de España, ya sea reparación de antiguas guitarras o de construcción de nuevas. Felipe Conde recuerda que la guitarra, un invento español, «está en el 90% de los hogares españoles, aunque no se toque». Es algo muy nuestro, y muy de Madrid, por lo cuidar este oficio es trascendental para que perdure.

Pedro, en el oficio hace más de 30 años, lija el mango de la guitarra
Pedro, en el oficio hace más de 30 años, lija el mango de la guitarra - BELÉN RODRIGO