Imagen de la salida de Francisco Granados de la prision de Estremera, donde cumplía prisión provisional
Imagen de la salida de Francisco Granados de la prision de Estremera, donde cumplía prisión provisional - Jaime García

Granados, en libertad 31 meses después de ser encarcelado por la Púnica

Tras abandonar la prisión de Estremera, ha asegurado que pedirá responsabilidades a la UCO y al Ministerio Fiscal por la elaboración de los informes que lo incriminan en la trama de corupción

MadridActualizado:

El antiguo secretario general del Partido Popular de Madrid Francisco Granados acaba de salir este miércoles de prisión, treinta y un meses después de ser encarcelado de forma preventiva por el juez Eloy Velasco. Granados, considerado el cabecilla de la trama de corrupción Púnica, ha abandonado la prisión de Estremera, en la que ha permanecido encerrado desde el 31 de octubre de 2014, a los días de estallar la operación policial. Es uno de los presos preventivos que más tiempo ha pasado en la cárcel, junto a Francisco Correa, el cabecilla de la trama Gürtel, que estuvo preso más de cuarenta meses.

Durante este periodo, Granados se ha expresado a través de los escritos de sus abogados, que han cambiado desde que comenzó la investigación; mediante dos declaraciones ante el juez (una nada más ser arrestado, el 31 de octubre de 2014; otra de forma voluntaria el 21 de diciembre de 2016); y a través de varias comparecencias en la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, en la que declaró por videoconferencia desde prisión con un tono vehemente y de enfado, al no poder hablar de la Púnica.

Su última declaración fue el pasado 21 de diciembre de 2016, una cita en la que Granados trató sin éxito de convencer al juez de que no disponía de fondos ocultos que le permitieran fugarse. El magistrado había rechazado en varias ocasiones excarcelar al ex número dos de Esperanza Aguirre, al apreciar que se mantenía el riesgo de fuga y de destrucción de pruebas. Entre los argumentos a los que se agarró el juez estaba el hallazgo de un millón de euros en un altillo en casa de sus suegros, una noticia que adelantó ABC. Granados alegó al juez que este dinero provenía de los fondos que acumuló en Suiza por su actividad privada de inversor y justificó el escondite por encontrarse en medio de una mudanza.

El cabecilla de Púnica, además de negar que haya mediado en adjudicaciones públicas para enriquecerse y favorecer a corruptos, intentó por activa y por pasiva que el juez le dejase en libertad, al argumentar que el vínculo con su familia y con España le impide marcharse del país y alejarse de la Justicia. Esa decisión, sin embargo, no llegó hasta mayo de este año, poco antes de que se conociese que Velasco era trasladado a la Sala de Apelaciones de la Audiencia Nacional y dejaría la investigación de la trama. El magistrado acordó la fianza de 400.000 euros al considerar que era menor el riesgo de destrucción de pruebas, porque se habían realizado unos últimos registros, y porque se había levantado el secreto de sumario.

Nada más salir de prisión, en torno a las tres y media de esta tarde, y tras agradecer el trato recibido por los funcionarios del centro penitenciario donde se encontraba, así como el de sus compañeros, aprovechó para criticar los informes de la Guardia Civil que lo incriminan en la operación Púnica. «Iré demostrando su falsedad y su inconcreción uno por uno. Como es lógico también pediré responsabilidades a los funcionarios que los hayan firmado, sean de la UCO, sean de la Fiscalía o sean de quien sean», señaló. «Yo tengo acreditado mi amor y mi respeto por la Guardia Civil desde hace muchísimos años, pero eso es una cosa y otra cosa son personas concretas con nombres y apellidos que, como digo, han elaborado informes», informa Efe.

Estancia en la prisión de Estremera

Durante estos meses en el centro penitenciario de Estremera, que el propio Granados inauguró en 2008 siendo consejero de Presidencia, Interior y Justicia de la Comunidad de Madrid, la imagen de político poderoso que proyectaba se ha ido desinflando poco a poco.

«Yo no tenía que estar aquí», le decía a los otros reclusos cuando le preguntaban qué hacía un político como él en un sitio como ese. «Yo no tengo nada que ver en todo eso», aseguraba. Su entereza era sorprendente. A los dos días de su ingreso en el módulo de presos preventivos recibió una carta certificada del PP. Era de la Comisión de Derechos y Garantías, que le informaba de que le daban de baja en el partido. Pese a la noticia, él siguió entero, sin perder la sonrisa.

Tampoco le costó acostumbrarse a su nuevo «hogar». Una celda de cuatro metros cuadrados, con una mesa, un armario, un baño y dos literas que disfrutaba él solo. Su integración fue tan rápida que a la semana de llegar abandonó su ropa de paisano y se vistió el uniforme del módulo: unas zapatillas de deporte y un chándal. De hecho, ni se le llegó a someter al Programa de Prevención de Suicidios (PPS), de aplicación habitual en los presos «novatos» Era un reo más. Carismático, que sabía a quién arrimarse y de quién rodearse, pues eso ya lo había aprendido durante su andadura política. Solo tuvo que trasladar sus tablas a la prisión de Estremera. Tampoco participaba en trifulcas. Sabía huir de las peleas. Eso le valió una televisión, de la que disfrutaba todas las noches. Durante el día, charlaba con sus compañeros y daba vueltas por el patio. Mataba el aburrimiento jugando al dominó, al parchís y a las cartas.

Pero poco a poco se le fue poniendo «cara de talego», como se denomina en la jerga carcelaria al visible deterioro que experimentan los presos primarios. Comenzó a perder kilos y a desmejorarse, hasta el extremo de que en la enfermería le prescribieron una dieta baja en grasas. También dejó de participar en actividades colectivas, pero no de caminar. Daba vueltas por el patio, una y otra vez, como síntoma de su nerviosismo.

A pesar de que su abogado, Carlos García de Ceca, declaró este miércoles que el exconsejero «es un individuo con una estructura moral muy distinta de la del resto de humanos; un personaje que ha podido aguantar los dos años y medios que ha estado en prisión con unas condiciones bastante buenas», lo cierto es que Granados nada tiene que ver con el hombre que se mostró fuerte y hasta alegre durante los primeros meses de cautiverio. La cárcel de Estremera ha hecho mella en su estado físico y anímico. Y eso se nota.