El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Ejecutivo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Ejecutivo - EP

El Gobierno se hace la víctima pero ya reconoce errores tras atacar a la prensa

Al más puro estilo Trump, Sánchez calificó el buen periodismo de ABC como «fake news»

MadridActualizado:

El Gobierno quiere dar carpetazo al caso tesis. Es más, quiere hacer creer a la opinión pública que ese caso no existe. Pero el Ejecutivo va a encadenar ya dos semanas a la defensiva, evitando explicaciones públicas convincentes y reduciendo a las que se han visto obligados a negar las informaciones publicadas y a atacar a los medios de comunicación. Tal ha sido la desesperación que el propio presidente del Gobierno consideró «fake news» las revelaciones sobre su tesis, al más puro estilo de los ataques Donald Trump en Estados Unidos contra la CNN o el NY Times.

Pero la evolución de la posición del Gobierno y de sus explicaciones ha ido variando conforme se estrechaba el cerco sobre el presidente. Fue en su duelo parlamentario con Albert Rivera el pasado 12 de septiembre cuando el presidente se manifestó por primera vez al respecto. Esa primera declaración supone sin ir más lejos haber mentido en sede parlamentaria. Sánchez no dijo la verdad cuando afirmó que su tesis doctoral estaba «publicaba conforme a la legislación» y «colgada en Teseo». En aquellos momentos en la base de datos de tesis doctorales solo aparecía la ficha de la misma, pero no se podía consultar nada más que en la propia universidad, bajo vigilancia y sin posibilidad de hacer copias.

Los plagios destapados por ABC

Fue al día siguiente cuando ABC publicó que el presidente del Gobierno había cometido plagio en la elaboración de su tesis doctoral. Su reacción fue salir al ataque: «Las informaciones aparecidas en algún medio de comunicación que sostienen la existencia de plagio en la redacción de mi tesis doctoral son rotundamente falsas. Emprenderé acciones legales, en defensa de mi honor y dignidad, si no se rectifica lo publicado». Apenas una semana después Sánchez aceptó que deberá comparecer en el Senado.

Conforme la evidencia se imponía y nuevos medios de comunicación se sumaban a las publicaciones el ánimo de los socialistas por salir al ataque se fue diluyendo. «Está fuerte, firme, convencido de que todo lo que se ha montado ha sido solo para armar ruido y tratar de abatir al Gobierno, pero las acusaciones no tienen nada que ver con la realidad», aseguró en Consejo de Ministros el 14 de septiembre la portavoz Isabel Celaá. Una vez se publicó que también existen pruebas deplagio en el libro posterior a la tesis, y que el presidente firma con Carlos Ocaña, el Gobierno aceptó por primera vez que se trataba de un «error».

El 20 de septiembre en rueda de prensa en Salzburgo Sánchez admitió que «ha habido un error en la reseña que será subsanado en una posterior edición del libro». Pero el Gobierno sigue sin dar explicaciones sobre los más de una docena de ejemplos concretos de plagios y mala praxis académica en su tesis y en el libro. Pero el ánimo en las filas socialistas ha evolucionado desde la más absoluta firmeza a la incomodidad por tener que afrontar el caso.

Lo ejemplifica a la perfección cómo el ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, demandaba al principio del escándalo una «disculpa pública» a Albert Rivera por dudar en el Parlamento que el presidente fuera el único autor de su tesis. Una estrategia ofensiva que contrasta con las prisas de la portavoz del PSOE, Adriana Lastra, para abandonar los pasillos del Congreso el pasado jueves. Una huida acelerada en la que solo respondió a una pregunta y en la que implícitamente vino a aceptar la mala praxis, aunque negando que se pusiera calificar de plagio. Declaraciones ya celebres esta semana: «Ah, claro, es que 300 o 500 palabras que no llevan comillas es un plagio... por favor».

El caso ha generado mucha incomodidad en el Gobierno. «Creo que ya hemos hablado de todas estas cosas, la verdad es que ya ha dado de sí bastante», aseguró el ministro de Ciencia y Universidades, Pedro Duque, la misma mañana que estallaba el caso, en un intento por evitar tener que justificar al presidente.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sí mantenía el tono al final de esta semana e insistiendo en la «falsedad» de las informaciones. En la estrategia de comunicación del Gobierno está siendo pilar fundamental el victimismo que considera que criticar al presidente es lo mismo que cuestionar la democracia: «Creo que este país bien merece otra calidad en la política y que algunos no tienen más alternativa política para este país que la oferta del lodazal», ha dicho estos días el ministro Ábalos. El propio presidente declaró en una entrevista en La Sexta que «hablar sobre mi tesis es enturbiar la calidad de la democracia».