Garzón procesa a los cabecillas de ETA que intentaron asesinar a Marlaska
EFE Baltasar Garzón, ayer, durante su participación en un coloquio sobre la justicia universal

Garzón procesa a los cabecillas de ETA que intentaron asesinar a Marlaska

NATI VILLANUEVA | MADRID
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En algo más de un año -entre febrero de 2007 y mayo de 2008- el «comando Vizcaya» acumuló ocho atentados terroristas (en uno de ellos murió el guardia civil Juan María Piñuel), el intento de asesinato del juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska y también la tentativa de secuestro y posterior asesinato del concejal del PSE de Eibar Benjamín Atutxa Iza.

Así lo asegura el juez Baltasar Garzón en el auto de procesamiento de trece miembros de este «comando», entre los que se encuentran tres ex dirigentes de la cúpula de la banda que ya están en prisión: Garikoitz Aspiazu «Txeroki», Aitzol Iriondo y Julen Martutegi. Los procesados participaron, entre otras actividades, en la recopilación de información y labores de vigilancia, en el traslado de explosivos de Francia a España, en el robo de vehículos o en la falsificación de documentos.

Activación por cable

En concreto, dos de los tres ex jefes de ETA («Txeroki» y Jurdan Martutegi) están procesados por tentativa de detención ilegal y de asesinato terrorista (el intento de secuestro de Benjamín Atutxa) y conspiración para el asesinato terrorista (de Grande-Marlaska), contra el que se iba a atentar en agosto de 2007 coincidiendo con sus vacaciones en Ezcaray (La Rioja). Un cambio de planes por parte del magistrado le libró de lo que pudo haber sido una muerte segura, pues los etarras habían planeado, como en el atentado contra el ex presidente José María Aznar, activar el artefacto explosivo por cable, para evitar así los inhibidores de los coches oficiales.

Respecto al edil socialista, las vigilancias sobre su persona las llevaron a cabo Olga Comes, Arkaitz Goicoechea y Jurdan Martitegi entre octubre de 2007 y abril de 2008. «Las jeringuillas halladas en el zulo de Pazuengos (Logroño) -el mayor de los tres escondites con los que contaba el «comando»- las tenían para utilizarlas junto con el tranquilizante contra Benjamín Atutxa con el fin de neutralizar cualquier resistencia y mantenerlo sedado durante un par de días de secuestro y acabar con su vida seguidamente», señala Garzón.

Otra de las cuestiones que revela el auto es que Goicoechea y Martutegi llegaron a trasladarse a Portugal para realizar un estudio de posibles infraestructuras por la zona de Lisboa. El objetivo era establecer allí una «base permanente de actuación».