Ángel Garrido, ayer en la Real Casa de Correos de Madrid, y Pablo Casado pasando frente a él sin saludarle
Ángel Garrido, ayer en la Real Casa de Correos de Madrid, y Pablo Casado pasando frente a él sin saludarle - EP

Garrido, el expresidente invisible

El presidente del PP optó por ningunear al que fue, hasta hace ocho días, su número cuatro a la lista de las elecciones europeas, ahora en las filas de Cs

MadridActualizado:

No le vio. Es lo que alegó Pablo Casado para explicar por qué no había estrechado la mano del que ha sido expresidente madrileño del PP, excandidato número cuatro a la lista europea por ese mismo partido, y militante de la formación de la gaviota durante 30 años. Lo cierto es que Ángel Garrido se hizo invisible a los ojos del líder del PP, y de otros compañeros de su partido, desde que el pasado miércoles hizo público en conexión directa por televisión que se pasaba a Ciudadanos.

Un whatsapp enviado a Casado era toda la comunicación que había existido entre ambos desde esa jornada. Después vino el silencio, y unas elecciones con resultados regulares para el PP y buenos para Ciudadanos. Hasta ayer, Día de la Comunidad de Madrid, con la tradicional recepción de la Real Casa de Correos. Donde se iban a ver las caras, por primera vez desde la «traición», Casado y Garrido.

No se las vieron. Ambos sabían que todos los ojos estaban pendientes de cada gesto, así que éstos fueron el centro de interés. Garrido estaba ya sentado, como el resto de invitados, cuando hizo su aparición el presidente popular. Que pasó junto a su asiento mirando al frente, sin dirigirle ni una rápida ojeada. Y en el momento en que el expresidente estaba más solo, ya que su compañera de asiento, Esperanza Aguirre, había desaparecido de la escena momentáneamente.

Freno y marcha atrás

Una vez superado el «obstáculo», Casado saludó con su sonrisa de siempre a la presidenta de la Asamblea madrileña, Paloma Adrados, y retrocedió de nuevo en la fila dando la mano a las autoridades militares, al cardenal madrileño Carlos Osoro... Y ahí, a dos sillas de Garrido -la vacía y la que él mismo ocupaba-, se paró, giró de nuevo y se sentó en su lugar, dejando a Garrido plantado.

Más tarde, en los corrillos, aseguraba a la prensa que no había reparado en el expresidente -ahora número trece en la lista autonómica de Ciudadanos-, que no le vio y que le saludaría si le viera. Ya era tarde: Garrido había abandonado el acto, tras estrechar muchas manos -también de excompañeros de filas, como el presidente en funciones Pedro Rollán- y convencido de que el que había quedado mal por no estrecharle la mano había sido el otro.