El féretro llega a la parroquia de San Pedro Apóstol de Montijo.EFE

La familia de la anciana de Almendralejo anuncia que denunciará a la residencia

J. LÓPEZ
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MONTIJO (BADAJOZ). «Es la tercera mujer que entierra, y aunque no sabemos las circunstancias de las anteriores, las vamos a investigar. Estamos destrozados y no lo acabamos de asimilar, pero seguiremos adelante para pedir responsabilidades», decía ayer María Dolores Trejo, de 23 años y mayor de los cuatro nietos de Matilde Ágreda Moreno, de 81 años y presuntamente asesinada a puñadas en la madrugada del domingo por su reciente esposo, de 85, en la residencia de Almendralejo que gestiona la Junta de Extremadura. Se casaron el miércoles pasado y allí convivían desde hacía cinco meses por voluntad de la víctima.

Tras la ceremonia fúnebre, oficiada ayer por la mañana en Montijo, de donde Matilde era natural, su nieta María Dolores sacó fuerzas y se erigió en portavoz de la familia mientras el atáud de la fallecida viajaba hacia el cementerio. Entre sollozos, pero con tono enérgico, insistía en no entender que a su abuela no le permitieran tener lejía en su habitación y sí un cuchillo de 15 centímetros en el armario a su nuevo marido, con el que luego daría muerte a Matilde de forma violenta tras un supuesto ataque de celos. «Ella se tenía que haber muerto calentita en su cama rodeada de nosotros, no de esta manera», apuntaba entre sollozos la nieta.

Por su parte, el director de la residencia geriátrica donde ocurrió el asesinato, Mario García, declaraba ayer tras el sepelio que se acababa de enterar de que Juan Gil fue carnicero. Explicó que la revisión de armarios se hace mensualmente, «principalmente para que los residentes no guarden comida que pueda caducar», y aclaró que «no se pueden tener cuchillos en la habitación, pero esta persona nunca dio muestras de ser una persona agresiva». Según García, lo que ocurrió fue más inesperado si cabe teniendo en cuenta que se acababan de casar.

Masiva asistencia

A la ceremonia fúnebre, celebrada en la parroquia de San Pedro Apóstol de Montijo, acudieron unas 350 personas. Felisa, su única hermana, permaneció en los bancos junto a su hija compungida y el dolor sólo le permitía confesar que «ha sido un disgusto». Como ya adelantó ABC, la fallecida enviudó en 1977 y tenía tres hijas, residentes en Córdoba, Badajoz y Montijo, localidad ésta última donde Matilde era muy querida. «Era muy dulce y muy buena», contaban ayer quienes la conocían.

Según la alcaldesa de la ciudad pacense Mercedes Molina, «Matilde siempre fue de aquí y cuando se fue a la residencia estaba muy a gusto. Allí se ilusionó con esta persona pensando que el final de sus días los pasaría felizmente acompañada de esta persona y no sabía que le esperaba este macabro final». «Se pensaba -continuó la primer edil- que la violencia doméstica sólo se producía en gente joven, pero vemos que esto es algo que no tiene edad lamentablemente. Todo el pueblo está muy consternado desde que nos enteramos», concluyó.