Auditorium donde se celebra el Congreso del PP, ayer - Guillermo Navarro

Éxtasis del marianismo

En el congreso del PP ayer se habló muy poco de futuro y mucho del expresidente popular

Última hora del Congreso del PP y las primarias en directo

Congreso PP: Pablo Casado gana las primarias del Partido Popular

MadridActualizado:

En el congreso del PP ayer se habló muy poco de futuro y mucho del marianismo. No es que los organizadores buscaran la neutralidad, es que ni siquiera citaron a los candidatos a suceder a Mariano Rajoy al frente del PP. Ni Ana Pastor, ni María Dolores de Cospedal, ni el todavía líder del partido hicieron una sola referencia a Soraya Sáenz de Santamaría y a Pablo Casado, convidados de piedra ante el baño de masas del presidente de los últimos 14 años.

La pregunta es: ¿a quién beneficia esta reivindicación del marianismo? ¿Con el discurso de qué candidato engarza mejor? Sin duda, con el de Sáenz de Santamaría. Fue Pablo Casado quien en la campaña abrió la espita de la autocrítica, y esa, ayer, también estuvo ausente. Es ella, y no él, quien representa la continuidad natural al legado de Rajoy. Y ayer los compromisarios se fueron al hotel henchidos de marianismo. Primer punto para Santamaría.

La sombra de Rajoy será alargada. El último episodio de su era al frente del PP fue un acto de fervor hacia el líder que se va -«no me voy, me aparto»-, y de autoafirmación y orgullo de un partido herido por el desalojo forzado del poder. La reivindicación de la obra de Rajoy atravesó el auditorio durante toda la tarde, pero ese argumento, tan legítimo como necesario para la autestima del PP, tiene un reverso tenebroso: complica que se pase página -objetivo principal de este congreso- , alimenta la frustración del desalojo forzado de La Moncloa, y dificulta una auténtica renovación.

El éxtasis se alcanzó cuando Ana Pastor le situó en la cima del partido y lanzó un misil al hasta ayer número uno del partido, el ausente Aznar: «No solo has sido un gran presidente -dijo a un ruborizado Rajoy-, has sido el mejor presidente que hemos tenido nunca». También lo dijo Cospedal, y ambas recordaron explícitamente a Manuel Fraga. Nadie recordó a Aznar, ni al aznarismo, ni una sola vez. Curiosamente, si uno de los dos candidatos engarza mejor con Aznar, ese es Pablo Casado. Segundo punto para Santamaría.

Todo en la jornada de ayer fue aparentemente muy neutral, todo muy a la gallega, pero aunque sea por pasiva, Rajoy echó un capote a quien durante siete años fue su vicepresidenta. Capote que se suma a la negativa del Comité Organizador del Congreso a imponer la celebración de un debate televisado que Casado reclamó en páginas de ABC. ¿Tercer punto para Santamaría?. Sea lo que sea, la cacareada neutralidad finalmente no lo ha sido tanto.

Una pregunta y un temor

Pero si en el plenario sólo se hablo de Rajoy, en los pasillos sí se hablaba del futuro. Entre los compromisarios se repetían una pregunta y un temor. La pregunta es obvia -«¿quién va a ganar?», porque a pesar de que ambas candidaturas se dan por vencedores, nadie lo sabe. Ellos tampoco. Y el temor, que ha anidado seriamente en el Partido Popular, es qué va a pasar si, como parece, la disputa se resuelve por los pelos.

Mariano Rajoy, ayer, en el Congreso
Mariano Rajoy, ayer, en el Congreso - EP

Hoy es el día de la verdad. Los candidatos saben que es su momento para atraer a los compromisarios que dudan, y a los que les mienten. Santamaría tiene la oportunidad de dar continuidad al éxtasis de la jornada de ayer, pero eso se le puede volver en contra: Casado puede aprovechar la oportunidad de demostrar que él es el candidtao de la renovación y de la autocrítica.

Lo mejor para el PP es que el comienzo del congreso supone el final de unas primarias que al partido se le han hecho larguísimas. Ha quedado claro que no está cómodo en estas lides y que para el futuro deberá estudiar qué modelo quiere para elegir a su presidente. De estas últimas semanas solo queda la estudiada ausencia de Rajoy, los silencios interruptus de Núñez Feijoo, los pellizcos de monja entre los candidatos, los vídeos de tercera división y la negativa del partido a celebrar un debate televisado. Poca cosa para un partido que, como insistó ayer Rajoy, es y aspira a seguir siendo, el más importante de España.

El lema del congreso es «el futuro de España», pero lo que realmente está en debate en este congreso es el futuro del partido. El PP se la juega. Quien hoy sea designado presidente deberá afrontar el reto de recuperar la confianza de los millones de votantes que en los últimos años se le han ido. El principal mérito del PP desde la Transición, mérito compartido de Manuel Fraga y de José María Aznar, fue unir a la derecha, a toda la derecha, bajo las siglas del PP. Semejante espectro político -desde el 5 del centro hasta el 10 de la extrema derecha- ha propiciado que el partido viva en el permanente vaivén de la manta corta: cuando te abrigas el cuello, descubres los pies; cuando tapas los pies, descubres la cabeza.

El reto del PP es volver a recoger el apoyo de todo lo que está a la derecha del PSOE: pero eso que en los años 90 se arreglaba con un viaje al centro hoy se disputa con dos amenazas: Ciudadanos y Vox. No será fácil.