Francisco Correa, en su declaración ante el tribunal
Francisco Correa, en su declaración ante el tribunal - EFE

Las excusas de la trama Gürtel

Los acusados de la red de corrupción defienden sus virtudes empresariales, capitaneados por el capo Francisco Correa

MadridActualizado:

«Esto no se creó para delinquir. Esto tiene una historia, que es mi historia profesional». Quien habla no es Vito Corleone, el mafioso legendario de la ficción. Habla Francisco Correa, un empresario español que progresó desde botones de un hotel con catorce años a cabecilla de la trama Gürtel, una red corrupta que colonizó numerosas administraciones del Partido Popular en la época de las vacas gordas de la economía española. Con esa tesis, Correa, que ha reconocido gran parte de los hechos por los que le acusan, busca transmitir que la trama que lideró tuvo un sentido al menos empresarial. La Fiscalía le pide 125 años de cárcel.

Esa frase Correa la pronunció ante el tribunal que juzga a los 37 acusados del primer gran juicio a la trama Gürtel, un grupo de empresarios, políticos y funcionarios que pervirtieron la función pública para enriquecerse según la Fiscalía Anticorrupción. El cabecilla, su mano derecha Pablo Crespo y todos los empleados de sus empresas han coincidido en defender en la vista oral sus virtudes empresariales. Un alegato coral para salvar su orgullo que, sin embargo, no desmonta el relato del Ministerio Público, que les acusa de sobornar a políticos, trampear todas las normas administrativas, meter la mano en la caja pública y ocultar sus beneficios a Hacienda.

«Éramos muy buenos profesionales», comenzó Correa su declaración, con un mensaje repetido por sus socios como un escudo colectivo. En los primeros compases de su confesión, Correa pidió incluso en voz alta que se distinga entre esta historia empresarial y la corrupción que llegó después. «Es importante que lo sepan el tribunal, el Ministerio Público, España entera, los periódicos y las televisiones».

El cabecilla de la trama narró cuando descubrió lo que era un cohecho. «La primera vez que escucho la palabra cohecho es cuando me detienen. Estoy cansado de hacer regalos a los clientes que hacen que el negocio vaya bien. Mi mentalidad viene del sector privado», aseguró. Una idea que recuperó la acusada Isabel Jordán, administradora de algunas empresas, para la que piden 39 años de prisión. Jordán expresó sorprendida que no tenían en cuenta si el regalo iba a parar a un funcionario público. «No pensábamos que no se pudiera regalar. Era una especie de atención, un detalle».

A Pablo Crespo, Correa le definió como «oro molido», un profesional. «Su código no le permite cometer irregularidades. Es honrado». Crespo, que se enfrenta a 85 años y medio, justificó la proliferación de compañías de la trama –que la Fiscalía explica como un método para fingir que existía competencia en los concursos– como una necesidad empresarial. «Cuantas más empresas, más posibilidades». Sobre el fraccionamiento de facturas por un mismo servicio, la mano derecha de Correa culpó a los políticos. «Era la administración la que decía: pásame tres facturas». Jordán insistió en esa idea: «La propia Comunidad de Madrid solicitaba facturas de otros proveedores».

Álvaro Pérez, alias «el Bigotes», también soltó su lengua, la más esperada por su habitual verborrea. Como sus antiguos compañeros, el director artístico de Special Events –la compañía de la Gürtel que organizaba los mítines políticos del PP– ensalzó las virtudes empresariales de la red. «Éramos los mejores. Trabajábamos día y noche, todos los días del año», expresó en su declaración ante el tribunal.

«En alguna ocasión se dijo que Aznar se había hecho un lifting. No era un lifting, era que le iluminábamos de otra manera. Cambiamos el color haya por el azul, empezamos a bajar los escenarios, a iluminar lateralmente. Aznar tenía la ceja poblada y el ojo muy hundido, y como tenía un gesto así tenía cara de muy mala leche... Empecé a iluminarlo de otra manera y salía muy fresco, y empezaron a copiarnos los demás partidos», explicó Pérez sobre su labor. Crespo definió a Pérez, para quien piden 5 años de prisión, como un «artista» que convirtió en «pionera» a la firma Special Events.

Javier Nombela, administrador de algunas compañías de la trama, sugirió incluso que no se hablara de entramado, sino de «un grupo de empresas de eventos». «Éramos los mejores».

El tribunal –que continuará el año que viene escuchando los interrogatorios a los acusados– resolverá si los miembros de la Gürtel delinquieron o no, sin valorar su pericia empresarial.