«Esto es peor que en el 61, pero de aquí no me muevo ni atado»

MANUEL TRILLO
Actualizado:

PRADILLA DE EBRO (ZARAGOZA). «¡Ssssh!». Dos docenas de personas, en su mayoría mujeres, se arraciman frente al televisor en la cafetería del pabellón polideportivo de Tauste. Una vez más, saltan a la pantalla las imágenes de la marisma en la que se han convertido las márgenes del río Ebro aguas arriba de la capital zaragozana.

Quienes las observan con la preocupación y la falta de sueño marcada en los semblantes son parte de los evacuados de la cercana Pradilla de Ebro, población de 600 habitantes situada a algo más de 40 kilómetros de Zaragoza y en cuyo casco urbano comenzó a entrar agua como consecuencia de la que, oficialmente, es la mayor riada de los últimos 40 años. «Nos vinimos con lo puesto», afirma una mujer que a las tres de la madrugada, tras escuchar en la radio cómo se ponían las cosas, se dio cuenta de que tendría que salir del pueblo sin saber cómo se lo encontraría a la vuelta.

Tauste se ha volcado con sus vecinos y no ha sido necesario que nadie duerma en las colchonetas habilitadas en el pabellón, ya que se han alojado en casas de familiares o amigos.

Pese a que los poco más de 3.000 metros cúbicos por segundo que ha medido la Confederación Hidrográfica son menores a los 4.130 que se registraron en la histórica crecida de 1961, quienes la vivieron aseguran que ésta es aún mayor. «Esto no se ha conocido en la vida», afirma encaramado a una de las motas -muros de contención- que se han levantado a marchas forzadas en Pradilla Manuel Laforga, de 76 años, de los pocos a los que se ha permitido permanecer en la localidad al margen de los equipos que luchan contra la avenida.

De la misma opinión es Cirilo Trasobares, vecino de Cabañas de Ebro, que aún recuerda cómo estando en la mili tuvo que batirse toda la noche a golpe de pala con la furia del Ebro -«no había estas máquinas», afirma-, pero asegura que ahora el agua «ha subido más y ha cogido más tierras». Pese a ello, como en el resto de los pueblos de la comarca de la Ribera afectados, se niega a salir de su casa pese a las recomendaciones de las autoridades: «Yo no me muevo ni atado».

Entre Pradilla y Cabañas, en Boquiñeni, los vecinos lamentan que hasta ayer nadie hubiera advertido el riesgo para este núcleo de población, donde se evacuó un colegio después de la rotura de una acequia que hacía de muro de contención.

La noche, una vez más, se esperaba larga en la zona, aunque la mayor actividad seguía concentrándose en Pradilla, por cuyas calles sólo se veía el trasiego de los camiones con arena, bomberos y otros vehículos que participaban en las tareas. Las fuerzas empezaban a flaquear después de tres días de construir diques y, tras comprobar que algunos de ellos se desmoronaban, la desesperación hacía mella. Mientras, en Tauste, aguardaban más horas pendientes del televisor y la radio y con una pregunta en la cabeza: «¿Seguirá mi casa en pie mañana?»