Ana Julia, durante el registro en la finca de Rodalquilar - EFE / Vídeo: Ana Julia Quezada será juzgada por asesinato y por un delito contra la integridad moral

Un estafador, un yihadista y una feligresa envían cartas a Ana Julia

La reclusa ya no tiene protección y va al gimnasio, la biblioteca o la peluquería de la prisión

MadridActualizado:

Casi nadie manda cartas, pero los presos sí. Muchos y a todo tipo de destinatarios: cartas al juez de su caso, al fiscal, a los investigadores, a familiares, a amigos, a desconocidos, a famosos, a periodistas o a nuevas amistades entabladas en prisión. Si el recluso es mediático y su nombre y circunstancias conocidos, la correspondencia se multiplica. Ana Julia, acusada de matar al pequeño Gabriel Cruz, no es una excepción y algunas de esas comunicaciones que envía o recibe constan en el sumario.

ABC publicó ayer la que mandó el 11 de agosto al juez de Instrucción número 5 de Almería pidiéndole que Ángel Cruz, su expareja y padre de la víctima, «no moleste» con mensajes a los familiares de ella, a su hermana y a su sobrina. «Que deje a mi familia tranquila». «Que no se ponga de ninguna manera en contacto con ellos».

En el sumario constan los remitentes de algunas de las misivas que ella ha recibido. El director de la cárcel de El Acebuche lo pone en conocimiento del juez. La primera de la que se da cuenta es del 11 de junio. Se la había enviado un preso del mismo centro, llamado Arolino Mendes. Unos días antes, el 6, había recibido otra con matasellos de Madrid, pero sin remitente. En ese mismo escrito, el director le responde al juez sobre una petición de la interna.

Pidió dos veces su ropa

Ana Julia le había escrito al magistrado para pedirle que le entregaran su ropa y otras pertenencias. «Le fueron entregadas en dos momentos», explica el responsable de la cárcel. «Por su abogado, quien personalmente depositó un paquete a nombre de ella» y por su abogada quien le hizo entrega de otro paquete después con la ropa de verano. «La abogada me ha confirmado esta misma mañana que aún tiene ropa por entregarle pero que corresponde a la temporada de invierno».

La tercera comunicación del director de la cárcel al juez con el mismo asunto es la más curiosa. Está fechada el 20 de julio y comunica:«La interna Ana Julia Quezada Cruz ha recibido tres cartas cuyos remitentes son: Antonio Romero Contreras, interno en el centro penitenciario Jaén II, quien le ha enviado dos. Recibe una tercera remitida por Lucía del Carmen Morales R.». Esta lleva remite de la parroquia de los Descalzos en Jerez de la Frontera. El director escribe en negrita:«Las tres misivas las ha rechazado sin ni siquiera leerlas». Antonio Romero es un presunto estafador jiennense, del que hay incluso una asociación de perjudicados. Lucía, una feligresa colombiana.

Vida normalizada

El 10 de agosto, un día antes de que ella escriba al juez, el director de la cárcel le vuelve a mandar una comunicación al magistrado en la que le explica que la remitente que supuestamente tiene relación con la parroquia le ha vuelto a escribir a Ana Julia. Además también se ha dirigido a ella Mohamed El Amrani, desde el centro penitenciario de Estremera (Madrid). Este hombre fue condenado como miembro de una red de captación de yihadistas. Ana Julia volvió a pedir que las cartas fueran destruidas. En ninguno de los escritos se habla sobre el contenido de las misivas, tan solo se informa al juez de los remitentes y los días en las que han llegado a El Acebuche.

Desde que ingresó en prisión hasta hace quince días a Ana Julia se le ha aplicado el artículo 75 del régimen penitenciario, es decir, una especial protección ante el temor del centro a que pudiera sufrir alguna agresión por parte de otra interna. La presa estaba en una zona más tranquila que el resto del módulo de mujeres, acompañada de una reclusa de confianza.

Con el paso del tiempo, se ha observado que la asesina confesa del niño no corre peligro y se ha decidido que viva en un régimen normalizado. Ella misma pidió participar en todo tipo de actividades y que se le asigne un destino, un cometido dentro de la cárcel. De momento, se le ha concedido la primera petición y su día a día es como el de cualquier otra presa:va al gimnasio, a la biblioteca, a la peluquería y a alguna actividad. Para el destino tendrá que esperar.