Esperanza en un futuro limpio

POR FRANCISCO DEL BRÍOEn pleno verano probamos las últimas tecnologías y los avances realizados por la firma Mercedes Benz en el campo de la movilidad sin emisiones. El futuro para Daimler, matriz del

Actualizado:

POR FRANCISCO DEL BRÍO

En pleno verano probamos las últimas tecnologías y los avances realizados por la firma Mercedes Benz en el campo de la movilidad sin emisiones. El futuro para Daimler, matriz del grupo al cual pertenece esta marca, se presenta esperanzador precisamente por la aplicación de esta tecnología que permite intuir un futuro sin emisiones de CO2 y partículas en el ámbito de la automoción. Muestra de la importancia que la firma alemana concede a estos desarrollos fue la presencia durante las sesiones de pruebas de Dieter Zetshe, presidente del consejo de dirección de Daimler y responsable de la división de coches. Él fue quien nos confirmó que, actualmente, la producción y utilización de la célula de combustible es similar en costes a la producción y utilización de un motor térmico. Ya sólo falta la infraestructura para disponer de hidrógeno como combustible. En este punto, Alemania tiene prevista una inversión de 1.700 millones de euros en diez años para la implantación de postes de suministro de hidrógeno para uso en vehículos; hoy en día ya hay varios puntos donde se puede repostar este combustible.

Desde hace 10 años, que se implantó una célula de combustible en un modelo clase A, se han realizado estudios y se ha evolucionado el sistema hasta llegar al modelo que hemos probado: un Mercedes Benz Clase B con célula de combustible y motor eléctrico. El coche es similar al actual clase B que se vende en los concesionarios, un familiar compacto de cinco puertas y cinco plazas. Desde su nacimiento, este automóvil lleva un doble suelo con un espacio de unos 300 mm entre el suelo interior que pisamos y el suelo exterior, que al mismo tiempo es de fondo plano, lo que facilita la aerodinámica.

Hasta aquí todo es igual que en los coche actuales, la diferencia comienza por su sistema motriz: un motor eléctrico con reductor que suministra una potencia de 136 caballos y dispone de un par de 320 Nm, desde cero revoluciones, lo que facilita unas salidas rápidas.

Para la alimentación eléctrica del motor dispone de una célula de combustible que, mediante un proceso químico, transforma el hidrógeno del depósito en energía eléctrica y, como residuo, obtenemos vapor de agua (¡sólo sale por el escape agua, H2 O!). El sistema se complementa con un conjunto de baterías de ión de litio para almacenar la energía que se produce en las retenciones y frenadas y todos los módulos de control y sistemas electrónicos de seguridad. Como todo coche moderno lleva ABS, control de tracción ESP, frenada de emergencia BAS, servo dirección eléctrica y, por supuesto, climatizador de aire, cierre centralizado, ventanillas eléctricas y todo lo que un compacto de gama premium pueda llevar. Tiene una autonomía de unos 400 km con un depósito de combustible de 40 kg, dispone de un maletero de 500 litros y puede llevar una carga de 450 kg, valores similares al modelo con motor térmico.

En la toma de contacto hemos podido circular por calles las de una ciudad y las carreteras de Alemania. En primer lugar, llama la atención el arranque: giramos la llave, los relojes del cuadro hacen su test y escuchamos un pitido de que todo está listo, no hay más ruido ni vibración, ni nada de nada, silencio absoluto, que sólo queda roto por el ruido del climatizador. Colocamos la palanca de cambios en posición D y apretamos el acelerador, el coche sale disparado pues disponemos de un par de 320 Nm desde cero y nos incorporamos al tráfico, no notamos diferencia en movilidad con respecto al coche con motor térmico. En cuanto al ruido, sí: el silencio aquí es impresionante y sólo escuchamos el climatizador, la radio y la rodadura de los neumáticos. Las prestaciones son muy buenas, 170 km/h de velocidad punta, menos de 12 segundos de cero a 100 km/h y una autonomía de algo más de 400 km actualmente.

El coche puede estar en el mercado en 2012, aunque ya hay muchos de prueba circulando en diferentes ciudades de Alemania y otros países y, desde 2005, han recorrido en conjunto más de 2 millones de kilómetros.

Sin duda, es una ventana de esperanza que empresas como Daimler abren para tener un futuro inmediato con una atmósfera limpia y poder reducir el efecto invernadero y, así, dejar como herencia una Tierra limpia para nuestros descendientes.