España, una potencia media con escasos medios

El ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, intenta que los próximos Presupuestos Generales del Estado se adecúen al objetivo de lograr un Servicio Exterior más moderno y acorde con la posición de España en el mundo. La escasez de medios materiales y humanos, unida al alza del dólar, impide hoy la apertura de nuevas embajadas en los países que aspiran a entrar en la Unión Europea.

MADRID. Luis Ayllón / Mariano Calleja
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España pretende actuar en el mundo como una potencia media con intereses globales, pero los medios que dispone para hacerlo no son precisamente los mejores. Con unos recursos económicos limitados y, a causa de ello, con un personal cuyo número es insuficiente para atender de manera adecuada las necesidades derivadas de la creciente presencia española en la esfera internacional, resulta difícil afrontar la tarea.

Tal vez por eso, recientemente, el ministro de Asuntos Exteriores pronunciaba esta frase en una conferencia en la Escuela Diplomática: «La puesta al día del Servicio Exterior de España no parece posible con los recursos actualmente a disposición del Ministerio de Asuntos Exteriores, sino que debe iniciarse mediante una decisión política, cuya adopción corresponde al Gobierno». Piqué recordaba entonces que, aunque España no pretende ser una gran potencia, ha pasado a tener un presencia cada vez más activa en distintas áreas del mundo y un peso creciente en los organismos internacionales.

PRESUPUESTO INSUFICIENTE

Como consecuencia de ello, el país debería contar con mayores medios que los actuales y, en ese sentido, el ministro se muestra dispuesto a intentar que los Presupuestos Generales del Estado recojan una mayor dotación para su departamento. En la actualidad, Exteriores cuenta con un Presupuesto de 143.230 millones de pesetas, de los cuales unos 20.000 millones corresponden a cuotas a organismos internacionales, lo que relativiza el incremento del ocho por ciento experimentado con respecto al pasado año. Esta cantidad representa el 0,68 por ciento de los Presupuestos Generales del Estado, mientras que Francia, por ejemplo, dedica un 1,3 por ciento de su Presupuesto a las actividades del Ministerio de Asuntos Exteriores.

De igual modo, el número de diplomáticos con que cuenta España es bastante inferior al de otros países de nuestro entorno como Suecia u Holanda, que tienen una población menor. De hecho, sólo puede disponer de menos de 700 para cubrir las 111 embajadas y 84 consulados distribuidos por el mundo. Aproximadamente medio centenar de diplomáticos se encuentra en excedencia o prestando servicios en organismos internacionales o en otros departamentos de la Administración, como ha sucedido recientemente con la designación de Jorge Dezcallar para ponerse al frente del CESID.

Al margen de que, en ocasiones, algunos diplomáticos con experiencia se encuentran infrautilizados durante temporadas de mayor o menor duración, a la espera de nuevos destinos, se estima que nuestro país cuenta con una plantilla por debajo de sus necesidades. Fuentes del Palacio de Santa Cruz consideran que serían precisos ahora mismo otros cien diplomáticos para poder cubrir las actuales necesidades. Cada año se convocan unas 25 plazas nuevas, porque no se considera conveniente una convocatoria mayor, que podría llevar a bajar el nivel.

Al reducido presupuesto se une en los últimos meses el alza en el precio del dolar, lo que repercute sensiblemente en las posibilidades de actuación. Los Presupuestos actuales fueron hechos cuando el dólar se encontraba a 185 pesetas y en estos momentos supera las 200, lo cual supone un grave quebranto para las arcas del Ministerio, que tiene que pagar en esa moneda muchos de los alquileres de las sedes en el extranjero.

Debido a ello, el Gobierno se ha visto obligado a congelar su pretensión de abrir nuevas embajadas o consulados. El deseo del Ejecutivo era poder contar lo antes posible con representación diplomática en todos los países que negocian su ingreso en la Unión Europea, especialmente en un momento en que España se dispone a asumir la presidencia de los Quince. Sin embargo, los tres países bálticos -Lituania, Letonia y Estonia- tendrán que esperar, lo mismo que Chipre y Malta.

Además, por ahora no resulta posible tampoco la apertura de Embajada en Singapur, a pesar de la voluntad del Gobierno de intensificar las relaciones con los países asiáticos, recogida en el llamado «Plan Asia».

DEMANDAS DE VISADOS

Asimismo, bastantes embajadas y consulados se ven hoy desbordados, como consecuencia de que muchas personas quieren viajar a nuestro país por motivos turísticos o bien para trabajar, lo que supone tener que emitir muchos más visados. El año pasado, los consulados españoles expidieron más de 700.000 visados, aunque las solicitudes que tuvieron que tramitar fueron más numerosas y, en algunos casos, como recientemente en Ecuador, obligaron al envío de personal de refuerzo.

Otras veces, los problemas se plantean porque se trata de países que se han convertido en puntos de destino turístico o laboral de un número cada vez más elevado de españoles. Actualmente, residen fuera de nuestro país un millón y medio de españoles y el año pasado otros cuatro millones y medio viajaron al extranjero.

Los funcionarios de Exteriores se enfrentan, además, ya estos meses a la preparación del semestre de presidencia comunitaria, que comenzará el 1 de enero y que exigirá un esfuerzo suplementario, el mismo que ya en anteriores ocasiones -1989 y 1995- permitió afrontar ese reto.

TAREAS DE MODERNIZACIÓN

Según reconoció Piqué, en su disertación en la Escuela Diplomática, los medios materiales y humanos con los que cuenta el Ministerio de Asuntos Exteriores, no han variado grandemente desde el comienzo de la transición democrática, pese al aumento de la presencia de España en el mundo. El ministro recordó que España, por su pertenencia a la OTAN y su participación en misiones internacionales de paz en distintas zonas geográficas, ha iniciado una reforma en profundidad de sus Fuerzas Armadas, mientras que todavía no ha emprendido la modernización del Servicio Exterior.

Piqué, que insistió en que esa modernización debe ser también objeto del consenso que ha caracterizado a la política exterior española durante la democracia, señaló algunos criterios de actuación.

Para el ministro, España debe aspirar a un Servicio Exterior que corresponda a lo que, de manera realista, queremos ser y no a lo que fuimos. Además, debe abrirse a la sociedad civil y a los demás departamentos de la Administración y ha de dar una mayor importancia relativa a la multilateralidad, tratando de aumentar la presencia de funcionarios españoles en organismos internacionales, que hoy por hoy, es insufuciente.

Piqué abogó también por recuperar el papel político del embajador como representante del Gobierno y del Estado y propone que, además de dotar de mayores medios humanos al Ministerio, las nuevas generaciones de diplomáticos puedan contar con un horizonte profesional basado en el mérito, la transparencia y la experiencia. «No se trata -matizó- de reducir la competencia del Estado en la designación de cargos políticos, pero sí de deslindar la carrera profesional de la carrera política».

Por último, indicó la necesidad de contar con medios materiales suficientes y modernizar buena parte de las representaciones diplomáticas, aprovechando al máximo las nuevas tecnologías.

POSICIÓN SOCIALISTA

Por su parte, la secretaria de política internacional del PSOE, Trinidad Jiménez, estima que el actual servicio exterior es «claramente insuficiente, desde el punto de vista presupuestario y de recursos humanos, para lo que pretende ser España en Europa y en Iberoamérica, o para poner en marcha el Plan Asia». A su juicio, hay una inadecuación entre el Servicio Exterior, «que en su momento fue potente, y los objetivos que queremos conseguir» en el mundo. Y cree necesario adaptar el Servicio Exterior a la «globalización» e introducir «elementos de modernidad, comerciales y culturales».

En su opinión, «España posee magníficos diplomáticos, pero necesita tener muy claros sus objetivos en política exterior e implicar en ellos a los grupos parlamentarios y al Cuerpo Diplomático». Jiménez echa en falta una reflexión profunda sobre cuál debe ser la política exterior para la España del siglo XXI, para saber hasta dónde se quiere llegar. IMAGEN EN LA UEPara el PSOE, la política exterior «ha estado plagada de errores y la imagen de España se ha deteriorado notablemente en Europa, por su política de enfrentamiento, que ha causado malestar en los socios». Además, cree que hace falta una mayor presencia política y más diplomacia en Iberoamérica, «donde se ha perdido influencia», dijo.No obstante, Jiménez considera que el Gobierno «tendrá capacidad de reacción» y sabrá reconducir la situación y «su talante» ante la próxima Presidencia de la UE. Para ello, promete que su partido contribuirá a que la Presidencia «sea un éxito». «Nos ponemos a disposición del Gobierno para que todo salga bien y España ocupe el lugar que le corresponde», afirmó.