Inmigrantes del Open Arms, al ser desembarcados en Lampedusa
Inmigrantes del Open Arms, al ser desembarcados en Lampedusa - Reuters

España paga el vuelco migratorio causado por la política de Salvini y el Aquarius

Italia registra este año un 7,7 por ciento de las entradas a Europa, a la altura de Chipre

Madrid Actualizado: Guardar
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Desde que el 10 de junio de 2018 Italia prohibiera el atraque al Aquarius con 625 rescatados a bordo y anunciara así al mundo su nueva política de puertos cerrados, el país alpino ha pasado de ser el primer receptor de inmigración de la Unión Europea a estar hoy en tercer lugar con un 7,7% del total. en franca competencia con Chipre, que a 4 de agosto había absorbido el 8,5% de las llegadas irregulares.

Sin que Bruselas haya puesto en marcha en estos 14 meses ninguna acción determinante para reconducir a Roma hacia la obligada solidaridad que impone la UE, lo que demuestran los gráficos que acompañan esta información es que las consecuencias del cerrojazo impuesto por el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, las está pagando España.

De forma inversamente proporcional a lo ocurrido en Italia, nuestro país venía de ser en 2017 el tercero de la UE en cuanto a ingresos ilegales de personas para convertirse en el primero inmediatamente después del episodio del Aquarius, a lo que sin duda pudo contribuir el «efecto llamada» causado por la decisión de Pedro Sánchez de acoger el barco en Valencia y la insoportable peligrosidad de Libia, devenido en territorio de tortura para los inmigrantes. Ese puesto de liderazgo, de autopista número uno de la inmigración a Europa, lo ha mantenido España hasta finales de marzo de este año, cuando ha sido adelantado por Grecia.

Las cifras de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) de la ONU documentan el vuelco que la doctrina Salvini ha dado al comportamiento de los flujos migratorios que cruzan el Mediterráneo. Hasta esta semana, Italia había registrado este año 4.399 ingresos irregulares, lo que significa un 7,7% del total contabilizado en el marco de toda la UE, cuando en 2017 llegó a absorber el 63,9%: 119.369 personas. Ese año está en otra escala, condicionada todavía por el contexto del gran éxodo de los refugiados sirio-iraquíes, que por proximidad geográfica afectó mucho más a Italia que a España. En aquel ejercicio, nuestro país recibía el 15,3% de la inmigración a Europa, hoy el 31,7%, pero entre medias, en 2018, alcanzó el 45,3%.

En este trasvase de la corriente migratoria está ese punto de inflexión nítido que es el antes y el después de la crisis del Aquarius. A saber: hasta el anuncio del rechazo al barco, Italia había registrado el 30,7% (14.382 personas) de la inmigración llegada a Europa. De ahí a fin de año, su tasa bajó al 9,2% (8.988) del total. Más de 20 puntos porcentuales de caída. Paralelamente, hasta ese acontecimiento, en España se habían computado 11.901 entradas ilegales, un 25,4% del conjunto llegado a la UE. Pero hasta el cierre del ejercicio fueron 53.424 más, un 54,7% del registro europeo. O lo que es lo mismo, 29,3 puntos porcentuales.