Entre traidores y cobardes

Quienes deseaban una España centralizada aceptaron el Estado de las Autonomías y los independentistas dijeron acatar las nuevas reglas del juego

Isabel San Sebastián
MadridActualizado:

Cuarenta años después de que los españoles la aprobáramos por abrumadora mayoría, la Constitución vive asediada por enemigos feroces. Con la excepción del Rey Felipe VI, incansable defensor de los valores constitucionales, muy pocos responsables políticos o institucionales pueden alardear de haber honrado la Carta Magna. Quienes no la han violentado en su espíritu, faltando groseramente a su deber de administrar con honradez, embisten sus cimientos negando la unidad de la Nación española y pretendiendo robar al pueblo la soberanía que le pertenece. Quienes no la insultan con sus actos, reniegan de sus fundamentos o combinan ambas ofensas jactándose sin pudor de hacerlo. Pocos, muy pocos valedores tiene esta Constitución que desde su nacimiento ha vivido rodeada de deslealtad.

No

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