Los embalses, a examen

Menos de un diez por ciento del caudal que circula anualmente por los ríos españoles se podría aprovechar si no fuera por 1.200 embalses repartidos por nuestra geografía, que podrían teóricamente

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Menos de un diez por ciento del caudal que circula anualmente por los ríos españoles se podría aprovechar si no fuera por 1.200 embalses repartidos por nuestra geografía, que podrían teóricamente retener la mitad del agua fluvial. Aunque este tipo de construcciones ha estado en muchas ocasiones rodeado de polémica por su ubicación y su impacto en el medio natural, lo cierto es que aseguran el abastecimiento de agua en épocas de sequía. Cada año, para consumo doméstico y otros usos requerimos nada menos que 31.000 metros cúbicos anuales, algo más de la mitad de la capacidad de los embalses.

Hasta hace poco estos ecosistemas artificiales no se habían estudiado desde el punto de vista biológico, como explican Enrique Navarro, Emili García-Berthou y Joan Armengol, en el número de febrero de la revista «Investigación y Ciencia». Pero la Directiva Marco del Agua que entró en vigor en 2000 señala la necesidad de valorar el estado ecológico de todas las masas de agua europeas, incluidos los embalses, y valorarlo para poner en marcha las medidas oportunas y lograr que la calidad sea la óptima en 2015.

«Potencial ecológico»

Sin embargo, la tarea de evaluar nuestros embalses -ecosistemas a medio camino entre ríos y lagos- no es fácil, debido a las peculiaridades de cada uno. Además hay que hacerlo con parámetros que permitan establecer una comparación entre países con condiciones de semiaridez como el nuestro y otros del norte europeo, con abundancia de precipitaciones líquidas y de nieve.

La directiva marco ha propuesto para solucionar este obstáculo un sistema de evaluación que recoge información física-química y biológica de los embalses y que se ha denominado «potencial ecológico», que «se establece mediante un índice que integra elementos de calidad biológica (composición y abundancia de biomasa, fitoplancton y fauna piscícola) y fisicoquímica (transparencia, condiciones de oxigenación y de nutrientes)», apuntan los autores.

Junto a este índice se establece un patrón de referencia de calidad de las aguas según la región y características de cada embalse: presas de alta montaña con baja o alta concentración de nutrientes, embalses de gran tamaño cercanos a la costa y con aportes de residuos agrícolas o de tamaño medio próximos a zonas agrícolas. Con estos datos se determina la calidad ecológica de cada embalse.

En 2015 todos los embalses españoles, como los del resto de países, deberán recibir un notable en esta evaluación para cumplir con la Directiva Marco. De momento de los 21 evaluados en el noreste peninsular, cinco deben mejorar antes de esa fecha y deshacerse de parte de la cantidad de nutrientes disponibles, que los alejan de una buena calidad. Algunos, de reciente construcción, como el de Rialb (Lérida), deben «digerir» el exceso de materia vegetal que ha quedado sumergida bajo sus aguas. En otros, la causa del exceso de nutrientes se debe a aportes de aguas residuales insuficientemente tratadas. Los vertidos procedentes de la intensa actividad agrícola también son responsables del aumento de nutrientes, que a su vez favorecen el crecimiento masivo de algas que pueden ser perjudiciales para personas y animales.

Pilar Quijada