Economía Escapismo

Mariano Rajoy, líder del PP, trató la semana pasada en el foro de ABC de poner orden en el guirigay de zaplanistas y campistas a cuenta de la renovación de los órganos de gobierno de la Caja de

POR JESÚS GARCÍA
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Mariano Rajoy, líder del PP, trató la semana pasada en el foro de ABC de poner orden en el guirigay de zaplanistas y campistas a cuenta de la renovación de los órganos de gobierno de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Se puso del lado de Camps y en contra de posibles pactos de alguien del PP con hombres cercanos al PSOE. Rajoy admitía abiertamente el peso de las decisiones políticas en estas entidades que representan más del 50% del sistema financiero español y además son un dechado de solvencia, rentabilidad y sustento de buena parte del tejido industrial, que fue abandonado a su suerte por los bancos cuando decidieron entrar en Latinoamérica y crecer en su negocio típico.

En el Casino también estaba el presidente de Bancaja. Silbaba mientras oía las contestaciones de un incómodo Rajoy al que seguían con atención, mano a mano, Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid -con un 9,9% de Endesa-, sentado junto a Alberto Ruiz-Gallardón y, en otra mesa, José Manuel Entrecanales -con un 21% de Endesa-, departiendo animadamente durante todo el almuerzo con Esperanza Aguirre.

No parece que Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid, vaya a vender a Acciona, quien lleva semanas buscando socios con los que bloquear la OPA de E.ON, sino que -a la vista de la politización existente en todo este proceso- piensa colocar sus acciones a aquel que haga la OPA a precio más alto y lo escriba en sobre cerrado la próxima semana. Desde círculos cercanos a Moncloa se destaca la amistad existente entre Rodríguez Zapatero y José Manuel Entrecanales, pero desde ámbitos financieros se da por hecho que Acciona si se queda sola venderá con unas suculentísimas plusvalías. El riesgo es el riesgo.

La otra caja inmersa en esta OPA es La Caixa -con un 35% de Gas Natural-. Ricardo Fornesa, presidente de La Caixa, recordaba el viernes en su cuartel general de Barcelona su apuesta de hace un año por conservar el centro de decisión de Endesa en España, pero admitía que «una cosa es lo que uno piensa y otra lo que puede ser practicable. La Caixa creo que cumplió su papel al intentar desarrollar esta tesis y, si no ha sido posible, es cuestión de pasar a otro tema». Brufau, vicepresidente de Gas Natural y presidente de Repsol, admitió hace un par de semanas que los consejeros de Gas tendrían que sudar tinta para justificar precios superiores a la OPA de E.ON, sobre todo con la escasa información de que, según él, disponían.

Fornesa habla de la exquisitez del Tripartito catalán y otros gobiernos a la hora de actuar en las cajas catalanas y niega cualquier atisbo de politización. Sin embargo, al PP le ha sabido a cuerno quemado -ahí estaba Miguel Árias Cañete poniendo el grito en el cielo- la salida de Antonio González Adalid, nombrado en su día por Rato, de la presidencia de ENAGAS. Le sustituyó Antonio Llardén, vicepresidente de Caixa Catalunya y miembro del PSC. Por cierto, el presidente de Bancaja accederá a la vicepresidencia de ENAGAS.

Otro episodio de política-realidad es el que estos días se vive en Unicaja, con un tira y afloja entre Braulio Medel, nombrado por el PSOE, y Javier Arenas, que quiere colocar a Manuel Atencia, quien ya ha sido designado vocal, como vicepresidente de la entidad. La guerra no ha hecho más que comenzar y, mientras tanto, las cajas andaluzas han obtenido luz verde para la puesta en marcha de un banco de las cajas. Del brazo público salen vehículos de inversión privados. Todos tratan de romper con los posibles lazos políticos y anuncian una etapa de expansión. A Caja Madrid y La Caixa les gusta el Este, un camino allanado por las constructoras. La Caixa, muy activa en Portugal, se ha inventado un holding de participadas, con un valor de 21.000 millones, que sacará a bolsa de aquí a final de año. Un brazo inversor que traerá varios centenares de miles de accionistas a los que dar cuentas. No quiere comerse un banco español, pero sí una entidad extranjera. Las cajas gritan contra la politización y ensayan ejercicios de escapismo, pero los políticos se niegan a perder poder económico. Ahí está la OPA de Endesa como animal de compañía de unos y otros.