Don Felipe y su prometida llegan a la catedral de Nuestra Señora de Copenhague.EPA

Doña Letizia, uno de los focos de atención en la boda real danesa

Radiante con un vestido largo rojo, doña Letizia acompañó ayer por primera vez a Don Felipe a una boda de Estado: la del Príncipe Federico de Dinamarca y la australiana Mary Donaldson. Fue una emocionante ceremonia en la que el novio no pudo contener las lágrimas

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS. ENVIADA ESPECIAL/
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COPENHAGUE. Ni siquiera había entrado la novia en la catedral y ya corrían las primeras lágrimas por las mejillas del Príncipe Federico de Dinamarca. Cuatro años después de conocer a Mary Donaldson y tras superar las reticencias iniciales, el Heredero de la Corona danesa veía que su sueño estaba a punto de cumplirse mientras esperaba junto al altar a su prometida. Muy cerca de ellos, en los bancos de la derecha, Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y doña Letizia Ortiz presenciaban la solemne ceremonia una semana antes de su propia boda. También será una boda de Estado y también por amor. Incluso, muchos de los invitados al enlace de ayer serán también testigos de su unión el próximo sábado en Madrid.

Radiante, con un espectacular vestido rojo largo, doña Letizia había llegado del brazo del Príncipe de Asturias a la catedral de Nuestra Señora de Copenhague minutos antes de que la ceremonia empezara. Haciendo gala de su aplomo y seguridad en sí misma, la prometida de Don Felipe se giró para saludar, sonriente, al público y dejarse fotografiar por la Prensa. Después, dentro del templo, la futura Princesa de Asturias estuvo hablando con Máxima Zorreguieta, esposa del Príncipe Guillermo de Holanda, y en el banquete nupcial conversó con gran parte de la Realeza. El Heredero de la Corona española, con el uniforme de etiqueta de capitán de Corbeta del Cuerpo General de la Armada, asistía por primera vez en su vida a una boda real acompañado de su prometida oficial.

Llega la Reina

Junto a ellos, los demás miembros de la Familia Real española entraban en el sencillo templo luterano de estilo neoclásico. Acompañada por los Reyes de Bélgica, llegó Doña Sofía, mientras que la Infanta Doña Elena lo hacía del brazo de su marido, Jaime de Marichalar, y Doña Cristina con su esposo, Iñaki Urdangarín.

Cuando los representantes de las Casas Reales llegaron a la catedral, el novio ya llevaba media hora esperando y tratando de ocultar sus nervios con sonrisas y respiraciones profundas. Incluso, llegó a guiñar el ojo a algunos de los 800 invitados mientras recorría los 60 metros del pasillo central de la catedral. En la «angustiosa» espera el Príncipe Federico estuvo acompañado por su hermano Joaquín, que intentaba tranquilizarle con comentarios graciosos. Los últimos en entrar fueron la Reina Margarita de Dinamarca y su marido, el Príncipe Enrique, y diez minutos después de las cuatro de la tarde, apareció la novia del brazo de su padre, John Donaldson, vestido con el tradicional kirt (falda). Mucho menos nerviosa que su prometido, Mary Donaldson recorrió lentamente la alfombra roja hasta el altar y sólo se paró para hacer una reverencia a sus suegros.

Fiesta de gala

Tras la ceremonia religiosa, que fue oficiada por el obispo de Copenhague, Eric Norman Svendsen, asistido por el capellán de la Familia Real danesa, Christian Thodberg, 400 de los 800 invitados -entre ellos, el actor británico Roger Moore- se trasladaron al Palacio de Fredensborg, donde se celebró el banquete nupcial, cuando los novios regresaron de su recorrido en carroza por las calles de Copenhague.

Ya al filo de la medianoche, los recién casados abrieron el baile con un clásico vals y Don Felipe y doña Letizia tuvieron, por primera vez, oportunidad de bailar juntos en una fiesta de gala.