Un diputadode CiU en la CCRTV

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Aunque Jordi Pujol haya reiterado esta misma semana que «no hay ninguna televisión pública ni privada que tenga el grado de objetividad de TV 3», los medios que se encuadran en la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió (CCRTV) repiten los hábitos de disciplinado servicio político que, al modo de RTVE, son comunes en todas las deficitarias organizaciones audiovisuales autonómicas de España. Es el sino de la tele pública que, para nuestra desgracia ciudadana, tiende también a proyectarse en la privada.

Este pasado viernes, a propuesta del conseller en cap de la Generalitat, Artur Mas, tomo posesión como director general de la CCRTV Vicenç Villatoro. A sus 45 años, después de haber recorrido brillantemente muchos de los medios catalanes y dirigido el diario «Avui», el nuevo director presenta también una notable carrera literaria; pero, y ahí está el fallo del sistema, Villatoro es un caracterizado militante de CDC elegido como diputado en el Parlament por CiU, representación que, por incompatible, acaba de abandonar. Una lectura cínica de la situación nos llevaría a ponderar la sinceridad del Gobierno de la Generalitat: al buscarse un adicto para la dirección de su potente complejo audiovisual no engaña a nadie y reproduce los modos del PP en RTVE, TVG, Canal 9 y -a pesar de sus rarezas- Telemadrid. Los mismos que el PSOE en Canal Sur y el PNV en ETB: la fatalidad del Estado-editor y orientador principal de la opinión pública. Pero quiebran las apariencias y la democracia es un planteamiento estético.

Villatoro tiene capacidad profesional para dirigir cualquier grupo audiovisual... menos el público catalán. Por razones de militancia. Los oyentes y espectadores catalanes, tanto más cuanto menos próximos se encuentren de CiU, abundarán en razones para desconfiar del mensaje que reciban. Lo único que puede decirse en su descargo es que el fenómeno no es nuevo. Es el acostumbrado fruto de unas costosas maquinarias, teóricamente estatales y prácticamente gubernamentales, que conforman la parte principal del lamentable mosaico audiovisual español. Artur Mas no ha guardado las formas como no lo hicieron Felipe González (Luis Solana) o José María Aznar (Fernando López-Amor). Por otra parte, la experiencia demuestra que la militancia no da la medida del fervor.

MANUEL MARTÍN FERRAND