Dilema en Brasil ¿Mujeres con o sin curvas?

No se sabe desde cuando las brasileñas incendian la imaginación del mundo con su belleza. Podría ser desde las antiguas indias semidesnudas que corrían en la selvas ante la vista de encantados

TEXTO: VERÓNICA GOYZUETA. FOTOS: EPA, REUTERS
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No se sabe desde cuando las brasileñas incendian la imaginación del mundo con su belleza. Podría ser desde las antiguas indias semidesnudas que corrían en la selvas ante la vista de encantados bandeirantes portugueses. Talvez fuese la gracia de la carismática Carmen Miranda, la sensualidad de Sonia Braga, la Chica de Ipanema cantada por Tom Jobim y Vinicius de Moraes o, a lo mejor, el firme andar de Gisele Bündchen por las pasarelas y catálogos internacionales de moda.

Cuenta la historia que alrededor de 1509 el náufrago portugués Diogo Alvarez Caramurú, primer colonizador de Brasil, se enamoró de Paraguassú, una bella india de la tribu tupinamba. Caramurú y Paraguassú tuvieron siete hijos y dieron inicio así a un proceso de mestizaje al que hasta hoy se le atribuye el encanto de las brasileñas.

Son morenas, rubias, mulatas, indias, voluptuosas o delgadas, pero con alguna particularidad especial que las hace brasileñas. Para el fotógrafo español JR Duran, que vive en Brasil desde 1970, el secreto tal vez sea el mestizaje. «Todas las mujeres lindas que conozco tienen algún tipo de mezcla», dice el fotógrafo que ganó buena parte de su prestigio en elogiados trabajos para revistas de moda.

Especialista en mujeres lindas, Duran no cree que la belleza sea marca exclusiva brasileña. «Acabo de volver de Etiopia, donde hay mujeres fascinantes», cuenta. Pero admite que la variedad de tipos, combinada con una actitud desinhibida, ayudaron al país a ganarse esa fama. «En Brasil una belleza que viene de la comodidad que las mujeres sienten con su cuerpo», explica. Admirador declarado de Bündchen y Braga, Cree que existe una fantasía sobre Brasil en el mundo, que ocupa en la imaginación un lugar parecido al de «El Paraíso Perdido» de Milton. «Brasil parece cercano al paraíso. Las mujeres miran, tocan, son desinhibidas. Todo es más simple y natural». Para él, la fantasía sobre la mujer brasileña, como la de la de la morena o la mulata, es igual a la de la encantadora azafata servicial o al de la japonesa sumisa. «Las fantasías son las fantasías», concluye.

Esas fantasías -sobre todo desde una mirada europea- solían adoptar la forma de mujeres voluptuosas, de vertiginosas curvas. Pero irrumpe ahora una nueva generación de mujeres delgadas y estilizadas, encabezada por Gisele Bündchen, una de las más cotizadas «top» del planeta. Tras la Bündchen, Brasil vive una fiebre de adelgazamiento que es adoptada de forma unánime entre mujeres, pero que aún es cuestionada por ciertos hombres.

Las brasileñas acuden en masa a salas de liposucción y cada vez comen menos para adelgazar a cualquier precio. Pero una encuesta de la revista masculina VIP eligió como brasileña más sexy a la actriz Juliana Paes, una exuberante morena de 27 años, en el clásico canon curvilíneo. Con 70.000 votos, Juliana adelanta con holgura a la delgada Bündchen, que ocupa el undécimo lugar. No es una encuesta científica, pero muestra que, pese a tanta fiebre por la belleza escuálida, los lectores de una de las revistas masculinas más vendidas del país se decantan por una mujer «del canon» que también fue portada de Playboy en 2004 y reina del carnaval hace tres años.

«Al brasileño le gusta que la mujer tenga un cuerpazo. Juliana Paes tiene piernas gruesas y nalgas grandes», dice Klester Cavalcanti, editor de VIP. «Pero el mundo de la moda necesita mujeres con medidas que vistan sus ropas. Para vestir Versace, Gisele Bündchen es perfecta, pero el deseo se dirige hacia la otra, hacia la exuberante», explica.

En una entrevista a la revista Quem, Juliana declaró que Gisele y las modelos pueden representar al país, pero no son la imagen real de la brasileña. «No soy alta ni rubia. No soy flaca, no tengo ojos azules o verdes. Mi piel es más morena que la de ellas. Represento un poco esa mezcla de razas, soy fruto del mestizaje», dijo la actriz en unas declaraciones cuestionables para quienes, pese a todo, creen que también caben las flacas estilizadas.

Anorexia

El éxito de Gisele Bündchen, linda, famosa y millonaria, arrastró a una legión de seguidoras en busca de cuerpos delgados. Una tendencia que empezó a incomodar a las agencias de moda en noviembre, tras la muerte por anorexia de la modelo Ana Carolina Reston. El caso, que tuvo una gran repercusión internacional, encendió la alarma en la moda local. Con el lema «Ser bella es ser saludable», la São Paulo Fashion Week, realizada el mes pasado, exigió a las modelos certificado médico de buena salud y una edad mínima de 16 años. El mundo de la moda brasileño insiste en que lo que ocurrió con Reston fue una excepción, pero admite la necesidad de evitar que se repita. «Nunca vi ningún caso», afirma el fotógrafo español JR Duran, que trabaja hace 37 años en el mundo de la moda, y al menos 30 en Brasil. La Bündchen es flaca, pero también una glotona incorregible. Su delgadez es natural, genética.

El caso es que, cunda o no la alarma, las brasileñas están cada vez más delgadas. Brasil es el segundo país del mundo en el que se realizan más operaciones de cirugía plástica, después de Estados Unidos, Aquí se llevan a cabo más de 600.000 operaciones al año, de las que un 60 por ciento tienen un fin exclusivamente estético, la mayoría en mujeres, y entre estas predominan las liposucciones.

La moda y los medios de comunicación también están enflaqueciendo a las brasileñas a marchas forzadas y a veces de forma irresponsable. Un buen ejemplo de esa tendencia es la cantante de funk Tati Quebra-Barraco, una ex cocinera del barrio Ciudad de Dios, en la periferia de Río de Janeiro, que, tras alcanzar la fama, se ha sometido a al menos 20 procedimientos quirúrgicos. En 2004, Tati pesaba 92 kilos y, después de varias liposucciones, que incluyeron cuello, brazos, espaldas y -dicen- zonas íntimas bajó a los 57 kilos. En Brasil hay lugar para mujeres exuberantes o delgadas, pero no debería haberlo para estas modas suicidas.