Diego y Frida. Paseo por el amor y la revolución

En el año del centenario del nacimiento de Frida Kahlo y del medio siglo de la muerte de Diego Rivera, México celebra a sus dos artistas plásticos más reconocidos y a una de las parejas más célebres y

MANUEL M. CASCANTE
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En el año del centenario del nacimiento de Frida Kahlo y del medio siglo de la muerte de Diego Rivera, México celebra a sus dos artistas plásticos más reconocidos y a una de las parejas más célebres y singulares del siglo XX: como un Jean Paul Sartre y una Simone de Beauvoir con pistolón y huipil o un Henry Miller y una Anaïs Nin entre tragos de tequila. Dos hijos de su tiempo que resumen las convulsiones políticas, sociales y pictóricas de la pasada centuria.

Desde la puesta en circulación de un billete de 500 pesos (unos 35 euros) con la efigie de la pareja hasta la recreación de los menús preferidos por Rivera, autoridades y distintas entidades han preparado una serie de homenajes a lo largo de 2007, que incluyen exposiciones y libros sobre ambos. Entre las exhibiciones destacan «Diego y Frida, entre el carbón y el deseo», en Bellas Artes. En la Galería del aeropuerto capitalino, la muestra «Diego Rivera y Frida Kahlo, retratos». Y «El arte popular en la iconografía de Frida Kahlo», en el Museo Mural Diego Rivera.

En el museo Diego Rivera Anahuacalli se han programado conferencias, talleres y recitales de música. El Museo-Casa Estudio de los dos pintores exhibirá más de 26.000 documentos de la pareja. El mundo íntimo de Frida Kahlo será expuesto en el Museo del Palacio de Bellas Artes; la muestra está dispuesta en cuatro aspectos temáticos: joyas y trajes, juguetes, exvotos y documentos, que incluirán los trajes populares que vistió a lo largo de su vida. El Museo de Arte Moderno editará un libro sobre su obra. Y finalmente, el Museo Dolores Olmedo y la Casa Museo de la pintora organizarán actos conmemorativos para recordar, en julio, los cien años de su nacimiento.

Pero es posible tributar un homenaje particular a Diego y Frida sin necesidad de esperar a los eventos «oficiales». En el triángulo que forman Ciudad de México, Cuernavaca y Guanajuato hay elementos suficientes como para recorrer la vida y obra de este matrimonio -que se llegó a casar en dos ocasiones- y otros atractivos que completan un breve e intenso viaje cultural y turístico. Empecemos en la ciudad natal del artista.

Entre momias

Guanajuato es una fascinante ciudad colonial, enclavada en una quebrada y con sólo tres calles subterráneas abiertas al tráfico rodado. Rodeada de minas, famosa por sus momias (las particularidades del terreno conservan casi intactos los cadáveres sepultados), en esta hermosa ciudad vio la luz Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez el 8 de diciembre de 1886.

Aquí se encuentra el Museo Casa Diego Rivera (Positos, 47. Tel. (473) 7321197. De martes a sábado, de 10 a 19 horas; domingos, de 10 a 15 horas). El inmueble alberga muebles y objetos de finales del siglo XIX y principios del XX, que representan lo que fue el hogar de los Rivera-Barrientos, además de más de un centenar de obras originales del autor.

Muy pronto, a los 10 años, Rivera comenzó a tomar clases nocturnas en la Academia de San Carlos de la capital mexicana. Becado, en 1907 viaja a España para trabajar en el taller madrileño de Eduardo Chicharro. Desde entonces y hasta mediados de 1916 alterna su residencia entre México, España y Francia, relacionándose con intelectuales como Alfonso Reyes, Pablo Picasso y Ramón María del Valle-Inclán. Ese año nacerá un hijo con su primera esposa, la pintora rusa Angelina Beloff, niño que moriría al año siguiente.

En 1919 nace su hija Marika con Marie Marevna Vorobev-Stebelska, a la que nunca reconocerá, pero a quien sostendrá económicamente. En 1922 se casa con Lupe Marín, que le dará otras dos hijas: Lupe y Ruth. Ese mismo año ingresa en el Partido Comunista y empieza su labor como muralista, que le daría fama mundial. Desde su primer mural, «La creación», en la Escuela Nacional Preparatoria, hasta su muerte, el total de superficie pintada por Rivera, en México y Estados Unidos, fue de 30.000 metros cuadrados, todo un récord Guinness.

En Ciudad de México, los murales de Rivera se pueden encontrar en el Palacio de Bellas Artes, en el Instituto Nacional de Cardiología (1944), en el Museo Mural Diego Rivera (junto a la Alameda Central)..., pero hay dos lugares emblemáticos de visita obligada: el Palacio Nacional y la SEP.

El Palacio Nacional, en la Plaza del Zócalo, fue construido en el lugar que ocupaba la residencia de Hernán Cortés. Convertido en sede de la Presidencia, en sus paredes reflejaría Rivera los hechos más relevantes de la historia del país, desde la idealizada cultura precolombina hasta la modernidad, pasando por la Conquista, el Porfiriato y la Revolución. El trabajo le ocupó de 1929 a 1951. Junto al Palacio Nacional se encuentran la Catedral Metropolitana, la más antigua del Nuevo Continente, y los restos y el museo del Templo Mayor, perteneciente a la antigua Tenochtitlan.

Apenas a doscientos metros, en la calle de la República Argentina, está la sede de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que fuera Convento de la Encarnación y Real Aduana. Entre 1923 y 1928 Rivera pintó los muros de los corredores y los huecos de las escaleras del primer patio, o Patio del Trabajo, y del segundo, o Patio de las Fiestas, en sus tres niveles. Allí pueden verse frescos dedicados a distintos oficios y tradiciones, religiosos y sobre personajes políticos, así como el celebrado «Corrido revolucionario». El edificio suele estar prácticamente vacío, hay pinturas de Siqueiros y Orozco (los otros dos grandes muralistas mexicanos) y justo enfrente se halla la plaza de Santo Domingo, con su iglesia en piedra volcánica de color rojo.

La pista de los murales nos llevará hasta la cercana Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera, para recargar de oxígeno nuestros pulmones contaminados por el «smog» capitalino y visitar el Palacio de Cortés, la edificación civil novohispana más antigua que se conserva en México. Levantada sobre las ruinas de un destruido palacio del cacique tlahuica, cuenta con una serie de murales en los que Rivera plasmó escenas relativas a la historia del Estado de Morelos.

Regresamos al Distrito Federal, donde en 1929 Rivera se desposa con Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón, nacida en Coyoacán, al sur de la capital, en 1907 (aunque ella siempre aseguró haber nacido con la Revolución, en 1910). Independiente y rebelde contra las convenciones sociales y morales, apasionada y sensual, su figura es una de las más reivindicadas por el movimiento feminista. Y su vida quedó marcada por el dolor físico, que comenzó al contraer poliomielitis a los tres años (lo que le dejaría una secuela de por vida: una pierna más delgada que otra) y continuó con diversas enfermedades, lesiones, accidentes, corsés y 32 operaciones quirúrgicas.

Fue en la Escuela Nacional Preparatoria del D.F. donde conocería a Diego Rivera, que se encontraba pintando en su auditorio el ya mencionado mural. Pese a la bisexualidad de ella, contrajeron matrimonio. Su relación fue una sucesión de amor y odio, infidelidades y un divorcio, en 1940, que solamente duraría un año. En aquella época, Rivera promovió la demanda de asilo de León Trotsky en México, quien posteriormente sería asesinado por el español Ramón Mercader a golpes de piolet. Tras vivir un romance con el revolucionario ruso, a quien albergó durante una temporada, Frida llegó a ser acusada del asesinato del mismo. En 1939 expone en París y es portada de la edición francesa de «Vogue». El Museo Frida Kahlo, la Casa Azul (Londres, 247. Tel. 55545999. De martes a domingo, de 10 a 18 horas), es como una casa de muñecas llena de la vida, la pasión y el sufrimiento de la artista. Es la casa donde nació, vivió, trabajó, murió y reposan sus cenizas, y donde ella y Rivera habitaron durante varios años. Tiene una tienda-librería y el jardín, con cafetería y gatos, es un remanso de paz.

Los largos periodos de postración obligarían a Kahlo a pintar tumbada en su cama, centrándose fundamentalmente en el autorretrato con la ayuda de un espejo colocado sobre el dosel. En 1953 le tuvieron que amputar una pierna por debajo de la rodilla debido a una infección de gangrena, lo que la sumió en una gran depresión que la llevó a intentar suicidarse en dos ocasiones.

La convivencia de la pareja en su segunda época, y final, se sugiere en el Museo-Casa Estudio (Diego Rivera esquina con Altavista. Tel. 6160996. De martes a domingo de 10 a 18 horas), con sus dependencias separadas, pero unidas por una galería, que representan las primeras viviendas modernas del país, edificadas por Juan O'Gorman bajo los postulados de la arquitectura funcionalista. Por allí pasaron María Félix, Dolores del Río, Silvia Pinal, Paulette Godard, Pablo Neruda, André Breton, Nelson Rockefeller...

Frida murió el 13 de julio de 1954. No se realizó ninguna autopsia. Hay quien afirma que murió envenenada por el propio Diego. Lo mejor de su producción (y gran parte de la de Rivera) se encuentra en el Museo Dolores Olmedo (Av. México, 5843. Tel. 55551016. De martes a domingo, de 10 a 18 horas).

Diego Rivera se casaría de nuevo en 1955 con Emma Hurtado. Ese mismo año viaja a la Unión Soviética para ser intervenido quirúrgicamente. Falleció el 24 de noviembre de 1957 en Ciudad de México. La colección de piezas prehispánicas que reunió a lo largo de su vida puede ser contemplada en el Museo Diego Rivera-Anahuacalli (Calle Museo 150. Tel. 56174310), un gran edificio con forma de pirámide diseñada por el propio pintor.