Ana Botella y su hijo menor asistieron también al acto.ERNESTO AGUDO

Despliegue de talante

BLANCA TORQUEMADA/
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La fidelidad al antiguo líder sobrevive y las sonrisas volvieron a las filas populares en la presentación del libro de Aznar

Libro a libro, verso a verso (Jon Juaristi recordó al glosar al ex presidente su pasión por la poesía), los Aznar se están labrando una madurez dorada e intelectual que ayer llegó a su clímax, después del aperitivo que supusieron hace un par de semanas las distendidas memorias de Ana Botella. La presentación del libro del ex presidente del Gobierno reunió a lo más granado de las huestes populares y a su público más fiel, en una curiosa horquilla de edades representada en sus extremos por adolescentes con sudadera Hilfiger y entusiastas ancianas inmersas en el bullicio sin invitación. Todo ello en medio del aguijoneo de los reporteros de «canutazo» («Aquí hay tomate» y asimilados), vivaces como Pedro por su casa en el acristalado invernadero de Arganzuela que hasta no hace mucho fue matadero municipal. En busca de sabrosos chascarrillos, Federico Trillo fue, cómo no, uno de los principales objetivos de los osados abordajes televisivos.

La tríada sucesoria

Además de la tríada sucesoria (Rato y Rajoy se retrataron en primera fila, Mayor Oreja unos pasos más atrás) y un nutrido sustento familiar (encabezado por Ana Botella realzada en granate y el hijo menor, Alonso, embutido en traje y corbata), el último Gobierno del PP se dejó ver casi en pleno; Zaplana, Acebes, Michavila, Cristóbal Montoro y Juan Costa. Muy cerca (aunque no se sentaron juntos, quizá empachados por las públicas carantoñas del 2 de Mayo) Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre. El alcalde fue de los pocos que acudió acompañado de su esposa, Mar Utrera. Otros leales como Luis de Grandes, el ideólogo Gabriel Elorriaga, Iñaki Echániz o el «número dos» de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, intercambiaron impresiones y sonrisas, con la derrota ya bien digerida, en un despliegue de buen talante compartido con el del propio autor del libro, quien ya se ha desprendido de la solemne mueca de sus últimas jornadas en las Cortes. El privilegiado asiento que ocupó desde primera hora Alfredo Timermans revelaba que, diligente, el ex fontanero monclovita había llegado de los primeros, mientras en los flancos laterales emergía la historiografía del aznarismo, bien representada por Rafael Arias Salgado o Abel Matutes, lejanos ministros de la primera legislatura. En tributo a la figura de Aznar, y a espaldas de quienes lo ningunean también se pudo ver al ex presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo , a Marcelino Oreja y a Nicolás Redondo, muy cerca de la ex ministra Margarita Mariscal y de la imponente ex presidenta del Congreso, Luisa Fernanda Rudi. De pie, incondicional, el veterano tesorero y diputado Álvaro Lapuerta. Ana Mato bullía en rojo y Pío García Escudero se ejercitaba en las relaciones públicas. En cada corrillo, además, algún periodista cesante. El signo de los tiempos.