Derecho a dejar la banda

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J.P./P.M.

MADRID. Los antiguos pistoleros de ETA, José Luis Urrusolo Sistiaga, «Langile», y Carmen Guisasola, «Gorda», que cumplen condena por sus múltiples crímenes en la cárcel de Córdoba, arremeten en una carta contra los responsables del «colectivo de presos políticos vascos (cppv) -Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, «Txikierdi», y Anabel Egües-, al tiempo que critican la ruptura de las conversaciones de Loyola, atribuida a la propia banda.

El hecho de que así se expresan en una carta publicada ayer en «Gara» es interpretado por los analistas como un intento de los «duros» de la «izquierda abertzale» de canalizar, a través de su «medio oficial», para así controlarlo en la medida de lo posible, el creciente descontento de los presos hacia la dirección de ETA.

Urrusolo y Guisasola desvelan que en su día decidieron desmarcarse de la disciplina carcelaria de ETA en solidaridad con los etarras José Luis Álvarez Santacristina, «Txelis», y Pedro Pikabea, «Lartun», linchados por el colectivo de presos el pasado mes de febrero como «traidores», al acusarles de intentar un cisma entre los reclusos etarras, y «vendidos al adversario», al pedir que la «lucha armada» fuera sustituida por la «lucha política». A «Langile» y «Gorda» les parece «inadmisible» que se cuestionara «sin ningún fundamento» a estos dos compañeros, pese a sus «30 años de militancia».

Dicho esto, recuerdan que días después «Txelis» y «Lartun» publicaron una carta de respuesta, en la que desmentían las acusaciones y, además, precisaron que eran ellos los que se habían ido del colectivo. «Han pasado unos meses -denuncian Urrusolo y Guisasola- y, pese a las llamadas en privado a la rectificación, los actuales responsables de cppv -Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, «Txikierdi», y Anabel Egües- no han demostrado ni desmentido las acusaciones que realizaron y guardan silencio. Pero el silencio y el olvido no son las bases sobre las que queremos construir el futuro». «En este caso -prosiguen los antiguos pistoleros de los «comandos» «Madrid» y «Vizcaya»- se han realizado afirmaciones y sembrado dudas sobre dos compañeros y nos debemos el exigir que las cosas se aclaren; ya que lo único que hicieron fue desmarcarse de una estructura organizativa, como es el cppv, por no estar de acuerdo. Por tanto, ¿a qué viene plantearlo como una expulsión cuando fue una decisión personal y libre, sin más historias? Decisión que tampoco nos sorprendió, porque llevan años planteando que hay que pasar a una etapa exclusivamente política».

Tras reiterar el derecho de «Txelis» y «Lartun» a «desligarse de las organizaciones a las que voluntariamente pertenecen», Urrusolo y Guisasola expresan su propia opinión al respecto, coincidente en la necesidad de dejar la «lucha armada» y abrir un proceso de negociación. En este punto, afirman en su carta que no se tenían que haber roto las conversaciones del Santuario de Loyola, mantenidas entre el PSE, PNV y Batasuna como parte de la «hoja de ruta» del proceso. Tanto el PSE como el PNV han coincidido en que cuando se estaba a punto de llegar a un principio de acuerdo, ETA ordenó a Otegi que se levantara de la mesa. Poco después la banda cometió la salvajada de Barajas.

Urrusolo y Guisasola advierten de que no sólo en el País Vasco francés «una buena parte de la base de la izquierda abertzale no se siente representada por la actual Batasuna, sino que también a este lado de los Pirineos «hay síntomas evidentes» que apuntan en la misma dirección. «A estas alturas no se puede pensar que la estrategia adecuada sea un viraje hacia discursos y prácticas de cerrazón grupal, una vuelta a una política que dinamita puentes y que busca al enemigo más odioso entre los aliados posibles». Urusolo y Guisasola ponen como ejemplo al Sinn Fein y el proceso llevado a cabo en Irlanda. «Estamos convencidos -concluyen- de que si los presos hubiéramos estado, como en Irlanda, agrupados en las cárceles de Euskal Herria», se habría abierto «el camino de la negociación y el acuerdo».