Dirigentes de Bildu celebran su legalización
Dirigentes de Bildu celebran su legalización - FERNANDO GÓMEZ
ESPAÑA

El mea culpa batasuno cuestiona que el TC legalizara Bildu-Sortu

El Tribunal no estimó suficientes las pruebas en contra, pero los abertzales lo rectifican

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«Hay que hacer una alianza política con Eusko Alkartasuna», ordenó ETA en 2009. Los herederos de Batasuna cumplieron al pie de la letra la consigna y formaron Bildu. El dato aparece en el documento «ProDem» de la banda terrorista y fue aportado por la Guardia Civil como prueba que acreditaba que la nueva marca electoral estaba al servicio de la banda. Y, por tanto, que los Arnaldo Otegi, Rufino Etxeberria, Pernando Barrena o Joseba Permach actuaban sumisos en esa estrategia.

El Tribunal Supremo consideró que esta prueba de cargo, como otras muchas, era suficiente y procedió a ilegalizar tanto Sortu como Bildu. El Tribunal Constitucional, sin embargo, percibió que tales pruebas no acreditaban las conexiones entre ETA y los herederos de Batasuna y convirtió en papel mojado las sentencias del Alto Tribunal. Con ello trazaba la pista de aterrizaje para que la «izquierda abertzale» se colara en las instituciones antes de que la banda anunciara el cese definitivo de su actividad terrorista.

Ahora, los dirigentes de Sortu, al reconocer que formaron parte de ETA para así eludir su ingreso en prisión, dan la razón al Supremo y desautorizan al Constitucional. Según los expertos antiterroristas, se trata de «una rendición en toda regla» porque han renegado de la postura mantenida durante décadas, precisamente, para no entrar en prisión. Cuánto tiempo instando a los presos a que no se acogieran a medidas de reinserción previstas en la legislación penitenciaria, y ahora los propios dirigentes batasunos se cobijan en un pacto con la Fiscalía para quedar en libertad. Para compensar este agravio, Rufino Etxeberria recomendaba el pasado miércoles a los reclusos etarras que buscaran también beneficios a través de las vías legales como cualquier preso que cumple condena por delitos comunes.

Analistas que han seguido durante muchos años la trayectoria de la «izquierda abertzale» subrayan el hito que supone que, cuatro décadas después, los dirigentes Batasunos confiesen que han cumplido las órdenes de ETA. Siempre han mantenido que, aunque compartieran objetivos -la creación de un estado independiente y socialista-, Herri Batasuna era una formación autónoma que hacía política y ETA una organización que practicaba la «lucha armada». Cuando el entonces exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ilegalizó la coalición, desde el nacionalismo más ultramontano se le reprochó que lo hiciera con el argumento de que toda la «izquierda abertzale» era ETA.

Los batasunos siempre han negado vinculaciones orgánicas con la banda. Incluso cuando en los mítines del velódromo de Anoeta irrumpían encapuchados para quemar banderas de España, o cuando los asistentes proferían gritos como «gora ETA militarra» o «ETA herria zurekin», y el orador de turno tapaba el micrófono con su mano para secundar la consigna. Lo han negado incluso cuando en campaña electoral ETA pidió el voto para HB.

El tutelaje de la banda

La sumisión de Batasuna y sus herederos a ETA fue el eje de los argumentos aportados por la Policía y la Guardia Civil para que el Tribunal Supremo decidiera ilegalizar Bildu y Sortu. Entre los informes, por ejemplo, figuraba el acta de una reunión mantenida en 2009 entre representantes de la banda y de Eusko Alkartasuna, en la que se habló de la necesidad de llegar a una convergencia.

Se adjuntaba también una comunicación, del mismo año, en la que ETA anunciaba nuevas iniciativas políticas de la «izquierda abertzale». «La izquierda abertzale será capaz de poner sobre la mesa iniciativas políticas nuevas para que Euskal Herria logre un nuevo marco político...». Y emergió Bildu. Y este otro: «La izquierda abertzale, que es el motor de la lucha de este pueblo, ha hablado y ETA hace suyas esas palabras». Se refería a la llamada «oferta de Alsasua» y la banda, una vez más, daba el visto bueno en ese papel de «gendarme» con el que siempre ha tutelado a Batasuna.