La «viuda negra» de Alicante llega a la reconstrucción del crimen
La «viuda negra» de Alicante llega a la reconstrucción del crimen - EFE

Las cuatro alegres «viudas negras»

Maje, Conchi, la falsa tetrapléjica; la guardia urbana Rosa Peral y Marta Rama, entre rejas

MadridActualizado:

Concepción Martín Velasco, Conchi, acusada de matar a su marido quince días después de su boda, reapareció esta semana en el escenario del crimen, un solar de Alicante, convertida en otra mujer. Erguida, bronceada y con un aspecto físico inmejorable parecía que en lugar de salir de la cárcel de Foncalent volvía de vacaciones. Ni rastro de la supuesta tetraplejía que aseguró padecer ni de la silla de ruedas ni de los desvanecimientos que obligaron a los policías a trasladarla en volandas hasta el juzgado en agosto del año pasado, cuando una policía fuera de servicio presenció el asesinato de José Luis Alonso, de 69 años a manos de Conchi y su excuñado, cuidador y supuesto amante Francisco Pérez Ortega. La víctima era su cuarto marido y la pareja ni siquiera llegó a convivir.

Conchi es una de las cuatro mujeres que en los próximos meses se sentarán en el banquillo, acusadas de la muerte de sus parejas bien participando directamente o bien induciendo al autor (sus respectivos amantes). Rosa Peral, la guardia urbana de Barcelona; María Jesús Moreno, Maje, la «viuda negra» de Patraix y Marta Rama están como Conchi en prisión preventiva, junto a sus compañeros de crimen. La cárcel ha roto las parejas unidas para matar.

Los cuatro casos ocurrieron en quince meses -entre mayo de 2017 y agosto de 2018- y comparten características comunes, acordes a las homicidas «omega» que son: las mueve el interés, casi siempre lucrativo o el deseo de verse libres y utilizan sus encantos para seducir tanto a su víctima como al tercero que se va a encargar de ejecutar sus deseos.

Rosa Peral será la primera a la que se juzgue. La Fiscalía le pide 25 años de prisión y 24 a su amante, el también guardia urbano Albert López por asesinar a la pareja de Rosa, Pedro Rodríguez, policía como ellos. Lo mataron en la casa que compartía la pareja en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) y trataron de incriminar al exmarido de Rosa. Los dos acusados eran amantes desde 2012 cuando la mujer estaba casada y vivía con su marido y sus hijas. Antes de separarse en 2016 inició una tercera relación con Rodríguez. Las tres las mantuvo en paralelo. Los celos y las venganzas empezaron a fraguar hasta que los amantes concluyeron que el tercero les molestaba y acabaron matándolo. Tras ingresar en prisión, acabaron acusándose mutuamente y desplegando el mismo odio que antes había sido pasión. Quienes conocen a Rosa Peral aseguran que es «imposible no sucumbir a sus encantos». En los dos años que lleva en la cárcelha tenido que ser trasladada ya tres veces por peleas con otras internas. Esta semana ha vuelto al centro penitenciario de Wad-ras de Barcelona, del que había sido expulsada hace casi dos años.

Tres meses después de ese crimen, el 16 de agosto de 2017 aparecía apuñalado el cuerpo del ingeniero Antonio Navarro, en el garaje de su casa de Patraix (Valencia). El 12 de enero, la Policía detenía a su mujer María Jesús Moreno, Maje, de 27 años, y a uno de los cuatro amantes que simultaneó: el celador Salvador Rodrigo, de 47 años. La enfermera es una devoradora de hombres a los que convencía de que era una mujer maltratada y de que su marido estaba enfermo de cáncer. Salva, su compañero de trabajo, llegó a confesar el crimen en solitario y a reconocer que lo hizo «tan solo porque pensó que sería bueno para ella». «La quiero mucho y quiero que sea feliz», admitió. Cuando se percató, ya en la prisión de Picassent del desdén de ella que seguía con sus conquistas entre rejas detalló cómo Maje lo había planeado todo. Ella quería verse libre y vivir la vida: asegurarse una pensión, el piso que compartían y los planes de pensiones firmados por su joven marido con el que no llevaba casada ni un año. Sus devaneos entre rejas eran tan ostentosos y dio tantas problemas que han tenido que asignarle un destino dentro del módulo y cortarle las alas: ahora ha pasado de reinar entre rejas a ser la encargada de la lavandería.

La milagrosa recuperación de Conchi es una evidencia. Cuando ingresó en Foncalent le asignaron presas para que le pusieran pañales. Las trataba con desprecio e insultos. Ahora es una de las internas más activas. No solo ha vuelto a caminar, sino que practica deportes a diario en el polideportivo, asiste a un taller de pintura y va a la escuela. También está apuntada a yoga, a un programa para dejar de fumar y a otro de autoestima, aunque no parece que le haga falta. En el taller de pintura coincide con su cuñado y supuesto amante, acusado como ella del asesinato del marido, que sigue un programa para deshabituarse del alcohol. Ambos solicitaron un «vis a vis» familiar. Se les denegó. Pero se siguen llevando bien. Son los únicos.