Cuando un «Gora ETA» queda impune

N.V | MADRID
Actualizado:

El 28 de junio de 2007, Jon Urretavizcaya, condenado a ocho años de prisión por un delito de colaboración con ETA, fue conducido desde la prisión de Nanclares a la Basílica de la Purísima Concepción de la localidad vizcaína de Elorrio, donde se celebraba el funeral de su padre. Al término de la ceremonia y cuando los agentes le conducían de nuevo al vehículo que le llevaría a la cárcel, se dirigió a un grupo de congregados que le ovacionaba alzando los brazos al grito de «Gora ETA», que «repitió tres veces instantáneamente».

Para la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional, presidida por el magistrado Alfonso Guevara, no hubo enaltecimiento del terrorismo (la Fiscalía pedía dos años de prisión), pues, según la sentencia, Urretavizcaya no profirió esa expresión «para escarnio de los presentes, sino que las tres exclamaciones vitoreando a ETA suceden a las de «aurrera» («adelante») de un grupo numeroso de asistentes al acto». Es decir, que fue una especie de estímulo-respuesta que finalmente le vale la absolución.

A juicio de la Sala, tampoco se dio la publicidad que el tipo penal requiere, pues un testigo aseguró en la vista que «no sabe si la gente pudo escucharlo».