Un cuadro preventivo

Desde hacía meses -tres- estaba cantado que el «número dos» de Batasuna, Pernando Barrena, debía ser detenido, siguiendo la misma suerte que los otros dirigentes de la mesa nacional, que permanecen

J. PAGOLA. MADRID.
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Desde hacía meses -tres- estaba cantado que el «número dos» de Batasuna, Pernando Barrena, debía ser detenido, siguiendo la misma suerte que los otros dirigentes de la mesa nacional, que permanecen en prisión por su sumisión a ETA tras ser arrestados cuando acababan de celebrar una reunión operativa en el municipio guipuzcoano de Segura.

Así pues, la operación llevada a cabo por agentes de Policía anteayer en la localidad navarra de Berriozar formaba parte de la crónica de una detención anunciada. A diferencia de Joseba Permach -que fue capturado por sorpresa y en cuyo domicilio la Policía halló documentación sobre la caja única compartida entre Batasuna, PCTV y ANV-, Barrena ha dispuesto de tiempo más que suficiente para deshacerse de cuantas pruebas pudieran relacionarle con ETA, según visión del juez. Sin embargo, con el mismo orgullo que un coleccionista navarro pudiera exhibir en el salón de su casa un maeztu, el «número dos» de Batasuna tenía expuesto en el suyo un cuadro con el anagrama y el lema de la banda. Y bien expuesto, para que los agentes policiales que procedieran al registro no tuvieran dificultad para hallarlo. Poco debía importarle a Barrena una prueba inculpatoria más, con tantas que lleva acumuladas acerca de sus vinculaciones con la banda de «Josu Ternera».

Hay quien cree con justificado fundamento que, con la exhibición del cuadro del hacha y la serpiente, el propósito del «número dos» de Batasuna era dejar a ojos de los dirigentes de ETA una prueba más de su inquebrantable lealtad y sumisión. ¿Acaso había dudas? Para el resto de los humanos, desde luego, no. Para el magistrado de la Audiencia, tampoco. Pero a medida que transcurría las semanas y Barrena seguía en libertad -mientras Otegi aprende inglés en Martutene y otros miembros de la mesa nacional eran dispersados entre diferentes cárceles- comenzaban a alimentarse las sospechas en amplios sectores de la denominada «izquierda abertzale». ¿Por qué ese trato privilegiado hacia Pernando? ¿Colaboracionista? ¿Oportunista que quiere aprovechar el vacío de poder para controlar una futura mesa nacional? ¿Interlocutor elegido por el Gobierno en un hipotético, y enésimo, proceso de paz?

Dudas que el propio Barrena se ha apresurado a desmentir, alto y claro. Primero, abriendo la puerta de su casa a los agentes de Policía con sus propias llaves y, después, mostrándoles con orgullo el cuadro del hacha y la serpiente.