Crisis y responsabilidad

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Pese a que Zapatero ha ofrecido un perfil más compacto en su segundo debate del estado de la Nación, pese a que recurrió a un discurso clásico de izquierdas (vivienda, empleo, derechos sociales de las minorías), pese a que se le empiezan a notar las tablas, el diagnóstico continúa siendo desalentador para quienes le reclaman más dureza. Tiene, no obstante, un margen de maniobra muy estrecho. Marruecos, la inmigración, el terrorismo y la ofensiva peneuvista son, precisamente, esos asuntos que Zapatero no puede aprovechar y que en un debate áspero podrían concederle una efímera victoria. Pero nada de eso está en la agenda del líder socialista, cuyo principal lastre es la desconfianza entre los suyos sobre sus potencias electorales. En cuanto a Aznar, la situación se le ha vuelto de cara. Tras seis meses de mando a distancia y de presidencia europea, la remodelación del Gobierno y las promesas de más policías y profundas reformas revitalizan una acción de Gobierno que habría sufrido mucho desgaste y castigo.Tan sólo la falta de firmeza y la tardanza de la UE en transformar su disgusto con Marruecos en medidas prácticas pueden ensombrecer el fin de curso del Gobierno. La asignatura laboral queda para la vuelta del verano.