María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría y Marino Rajoy en el segundo día del congreso del PP - Jaime García | Vídeo: Pablo Casado es el nuevo presidente del PP

Cospedal y Soraya: se cumplió la profecía

La exsecretaria general ha sido decisiva para frenar a Santamaría y, de paso, ha certificado el fin del marianismo

MadridActualizado:

La profecía del PP en los últimos años decía, y se ha probado verdad, que Soraya Sáenz de Santamaría no podría presidir el PP porque no controlaba el partido, porque lo dejó de lado. También decía, y se ha probado verdad, que Cospedal pondría todo su poder orgánico para neutralizar las posibilidades de Santamaría. Y concluía la profecía que Cospedal no podía presidir el partido porque en los tiempos duros de Bárcenas se quemó más de la cuenta defendiendo al partido.

Todo ha sido cierto y las cifras cantan: el porcentaje de voto que ha conseguido Pablo Casado en la segunda vuelta (57,2%) se acerca mucho a la suma de los apoyos recabados en primera ronda por él y Cospedal (34,27% + 25,92%=60,19%). Santamaría, en cambio, se ha mantenido en un apoyo similar al de hace quince días (del 36,95% al 42%).

Conclusión: Cospedal ha sido decisiva y, al final, le ha ganado a Santamaría la batalla más larga de los últimos años en el PP. Casado era la pieza que nos faltaba para completar el sudoku de la sucesión, para resolver el culebrón. Al final se cumplió la profecía: Soraya no fue y Cospedal tampoco.

Esta idea tiene una segunda derivada mucho más picante: al aupar a Pablo Casado, la ya ex secretaria general ha tumbado a la candidata que representaba la continuidad de Mariano Rajoy, pues el nuevo presidente del PP no sólo no es la continuidad del marianismo, es la certificación de su final, es el cambio generacional, es la renovación.

Cospedal por la renovación

Llegado el caso, Cospedal, que siempre ha sido leal a su jefe, tuvo que optar y lo hizo por la candidatura de la renovación. Pese a quien pese. De los discursos del congreso extraordinario sólo el de Pablo Casado arrancó un aplauso para la exsecretaria general. Ella se emocionó porque lo ha pasado mal.

Casado ha hecho una campaña excelente, Soraya no. Porque ha sabido reivindicar a Rajoy sin caer en la veneración. Soraya no. Porque ha sabido reivindicar la historia del PP sin obviar a Aznar. Soraya no. Y porque Casado ayer pronunció el discurso del líder de un partido, tocó la fibra, y la exvicepresidenta fue más plana, más gestora. La de ayer era una batalla de partido, ayer tocaba ser un poco mitinero, y Pablo lo fue. Soraya no.

Pero por encima de todo en la estrategia de los dos candidatos hay tres diferencias que se han demostrado cruciales. La primera es que Santamaría dio por hecho que su victoria en la primera vuelta la legitimaba para ser la presidenta, para exigir la integración. «He ganado las elecciones», dijo ayer repitiendo uno de los mantras de su campaña. Fue un error: la primera vuelta sirve para descartar a los perdedores, no para consagrar al ganador. Casado, en cambio, trabajó por integrar de facto a esos cuatro derrotados: Cospedal, Margallo, «Joserra» y Cabanes. Él entendió la doble vuelta, y ella no.

Mariano Rajoy conversa con María Dolores de Cospedal junto a Soraya Sáenz de Santamaría
Mariano Rajoy conversa con María Dolores de Cospedal junto a Soraya Sáenz de Santamaría - EFE

La segunda diferencia es que Santamaría ha dicho una y mil veces que su rival era el PSOE: «Me han elegido para ganarle a Pedro Sánchez». Error.Ese será el siguiente partido, porque ayer había que convencer a los compromisarios, no a los votantes. Casado sí entendió a quién tenía que seducir, y bien que lo hizo en su discurso repasando todas las comunidades y en su campaña recorriendo los lugares donde fracasó en la primera vuelta (Andalucía, por ejemplo).

Y tres, y muy importante: Santamaría atribuyó ayer la sangría de votos del PP entre 2011 y 2015 (de 10,86millones a 7,2 millones) exclusivamente a razones «que tienen nombre de corrupción». Es un análisis incompleto, porque obviar que otra parte de los votos se fugó indignado por la renuncia a los principios es, directamente, haber perdido el contacto con la realidad.

Unos se fueron por la excarcelación de Bolinaga, otros por la renuncia a derogar la ley de memoria histórica, algunos porque no se impulsó una nueva ley del aborto, y otro puñado por las subida de impuestos de Montoro, etc... todo ello con el agravante de que Rajoy, en la primera legislatura gobernó con mayoría absoluta. El votante más centrado del PP entendió todas esas decisiones, pero el sector más ideológico no se lo perdonará nunca.

El primer discurso de Casado como presidente del PP ahondó, precisamente, en ese vacío. Su decálogo de prioridades es una vuelta a las esencias. No es lo mismo predicar que dar trigo, pero Casado ayer no lo pudo decir más claro: «Estamos listos para volver». E insitió: «El PP ha vuelto».