EFE  Los embalses de la cabecera del Tajo rozan ya los 240 hectómetros cúbicos que fija la ley como límite para poder trasvasar
EFE Los embalses de la cabecera del Tajo rozan ya los 240 hectómetros cúbicos que fija la ley como límite para poder trasvasar

El corte del trasvase Tajo-Segura amenaza ya a 10.000 empleos en la huerta murciana

«Estamos mal, pero vamos bien», comentaba a Fraga un expresidente argentino con fama de gafe para explicar la situación por la que atravesaba el país suramericano. Y esta «filosofía» parece que se ha

S. C. A. MADRID.
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«Estamos mal, pero vamos bien», comentaba a Fraga un expresidente argentino con fama de gafe para explicar la situación por la que atravesaba el país suramericano. Y esta «filosofía» parece que se ha infiltrado en el PSOE y en el Ministerio de Medio Ambiente, que dirige Cristina Narbona. Ambos insisten en que la situación no llega a ser desesperada porque pese a la feroz sequía que padecemos no se han producido restricciones para el consumo, ni siquiera en la zona más afectada: la cuenca del Segura. Sin embargo, el cierre por imperativo legal del grifo del trasvase Tajo-Segura un mes antes de lo previsto y la falta de alternativas eficaces, deja a Levante al borde de la sed.

El agua es vida y donde no hay agua no hay vida. Es una perogrullada que por desgracia ya ha empezado a pasar factura en esta zona. Por ejemplo, la Comunidad de Regantes de Lorca, en Murcia, ha hecho público un estudio que prevé unas pérdidas económicas en la comarca de 198 millones de euros para el año hidrológico que comienza el 1 de octubre, si la climatología no lo remedia. Y, lo que es peor, supondrá la pérdida de unos 10.000 empleos o, lo que es lo mismo, la ruina de 10.000 familias. Otros informes del sur de Alicante hablan ya del abandono del campo por miles de pequeños agricultores o la «fuga» de los cultivos de grandes y medianas empresas agrícolas a zonas de Andalucía o, incluso, de Valladolid, menos castigadas por la falta de agua. O el anuncio de la comunidad de Riegos de Levante de que a partir de esta semana, unas 20.000 hectáreas de cítricos y hortalizas del sur de la Comunidad Valenciana se van a quedar sin una gota de agua para riego.

Jornales por valor de 113 millones

El estudio de la Comunidad de Regantes de Lorca que hizo público su presidente, Manuel Soler, es contundente. La superficie total de regadío de la comarca es de 24.879 hectáreas, que precisan un total de 123,8 hectómetros cúbicos de agua al año. Tras el cierre del grifo del Tajo, lo más que pueden extraer de los pozos de la zona son 55,7 hectómetros, lo que supone un déficit hídrico del 55 por ciento, que obligará a dejar de cultivar 13.687 hectáreas, con unas perdidas de empleo estimadas en 7.073 puestos en el campo y 2.359 en almacenes. Es decir, una perdida de 113 millones de euros en jornales y una drástica bajada de la renta per cápita de la zona, en la que Soler califica como «las pérdidas más importantes de la historia reciente de la agricultura en la comarca».

Una situación crítica

Los datos del presidente de la comunidad de Riegos de Levante, Manuel Serrano, no son menos desoladores: a partir de esta semana se quedarán sin riego 20.000 hectáreas de cítricos y hortalizas en el sur de la Comunidad Valenciana. Según el presidente de Riegos de Levante, que representa a nueve comunidades de riego de 17 municipios y una superficie de 36.000 hectáreas y 21.000 comuneros, los municipios más afectados son los de Elche, Crevillente y Santa Pola, en la comarca del Bajo Vinalopó, y de Alicante, Orihuela, Benferri, Cox, Guardamar del Segura, Granja de Rocamora y Albatera, en la Vega Baja. Serrano afirma que el campo alicantino padece una situación «tremendamente crítica» que, desgraciadamente, provocará que al agricultor «sólo le quede el recurso de mirar al cielo y hacer una misa para pedirle a la Virgen que llueva», al igual que hicieron el sábado en Murcia ante la Virgen de la Fuensanta.

La solución a la situación actual pasa por la «interconexión» de las cuencas hidrográficas, según Serrano, quien argumenta que aunque las cuencas del Segura, Júcar y Tajo están a menos del 12 por ciento, hay otras que están al 60 y 80 por ciento de su capacidad. En este sentido, explicó que el volumen global embalsado en España se cifra en 3.400 hectómetros cúbicos y subrayó que para paliar la situación en la Comunidad Valenciana y en Murcia sólo se precisarían 400.

Es la misma tesis, informa Manuel Buitrago, que se defiende desde la Comunidad murciana. El consejero de Agricultura y Agua, Antonio Cerdá, advertía hace unos días que en los nueve primeros meses del año hidrológico el río Ebro, pese a la gran sequía que padecemos, había vertido al mar 5.488 hectómetros cúbicos de agua dulce. Más que suficiente -incluso salvado con creces el caudal ecológico del río- para abastecer a Levante con los 450 que preveía el PHN antes de que el Gobierno del PSOE derogara el trasvase.

Lamenta Serrano que el plan AGUA de Narbona, alternativo al PHN, «no aporte absolutamente nada» y que la posibilidad dada por el Ejecutivo de trasvasar aguas desde el Tajo Medio es inviable para una agricultura de calidad como la valenciana, porque se trata de recursos depurados de Madrid. Serrano afirma que, en la UE, los clientes cada vez piden una mayor «trazabilidad» de los productos agrícolas -es decir, la calidad del agua que se ha usado en el riego y los fertilizantes y fitosanitarios empleados- y este tipo de agua perjudicaría la competitividad.

En el sur de Alicante, informa David Martínez, se extiende cada vez más el deprimente pensamiento de que «hay que salir fuera para poder cultivar». La comarca alicantina de la Vega Baja, principal receptora en Alicante del caudal proveniente del Tajo, es una de las principales damnificadas por la ausencia de sobrantes en los embalses de la cabecera del río. Tras las grandes cifras en hectómetros cúbicos, se esconde la tragedia de miles de personas que han hecho de trabajar el campo su medio de vida, y se ven obligados a emigrar o a abandonar su actividad.

En el caso de las grandes explotaciones, que suelen pertenecer a empresas agrícolas, la salida habitual es el traslado. Según explica el gerente de una empresa familiar con una gran tradición en la zona y que prefiere permanecer en el anonimato, se han visto obligados a emigrar a otras zonas con un clima parecido. Así, los cultivos de Villena, crecen ahora en Valladolid. Los de Cartagena, en cambio, se han trasladado a Sevilla. «En Andalucía hay problemas de agua, pero no son tan exagerados como aquí».

«La menos deseada»

Pese a que lamentan que «no es fácil» salir de Alicante y tratar de mantener su actividad, al menos las grandes empresas agrícolas han encontrado una solución -«la menos deseada»- para no abandonar los campos. Mucho peor lo tienen los pequeños agricultores de la Vega Baja. Uno de ellos, Ginés Pérez Andreu, dedicado al cultivo de limoneros, explica que la temporada pasada tuvo que «regalar los pocos limones que cosechó», y que éste año, directamente, se le han secado los árboles. «La actividad está paralizada», advierte. Según sus cálculos, se han perdido 25.000 hectáreas de cítricos en la comarca. «Los únicos que pueden cultivar algo son los que tienen sus terrenos cerca de una depuradora». Se trata de los agricultores con tierras junto a algún municipio, que recurren a agua «de nula calidad, pero que les da para ir tirando». Una vez defraudada la esperanza de que lloviera «algo» a principios de septiembre, el agricultor explica que «los que viven sólo de la tierra han emigrado». El 60 por ciento restante, que cultivaba a tiempo parcial, ha abandonado. «No tenemos esperanza», lamenta. «El drama es grave, porque no vemos la solución».

La escasez de agua ha llevado también a una auténtica guerra verbal entre Comunidades autónomas. Ayer mismo, el presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha, Fernando López Carrasco, denunciaba que «en Levante hay gente que tiene concesiones de riego y no siembra una lechuga», por lo que destinan ese agua «al trapicheo», informa Ep. Denunciaba, además, que desde la Ley de Aguas de 1986 «en Murcia se han puesto en regadío más de 70.000 hectáreas, sin control ni permiso administrativo». La respuesta desde Murcia no se hizo esperar. El consejero Cerdá, afirmó que en Murcia hay «un plan de Cuenca y unas hectáreas que son legales» y resaltó con contundencia que las palabras de López Carrasco «están basadas en la mentira y la difamación» y le animó a que antes de acusar a Murcia, se fije en su Comunidad, en la que, según Cerdá, «hay 100.000 pozos en el Acuífero 23» y que lo han secado, de forma que «el río Guadiana nacía allí y ahora nace 60 kilómetros más abajo».