Añbert Rivera, esta semana en el Congreso
Añbert Rivera, esta semana en el Congreso - Jaime García

Las contradicciones de Rivera

Ciudadanos da vía libre a PSOE y Podemos a sortear el techo de gasto, pero no es la primera vez que la formación cambia de discurso

MadridActualizado:

La veleta naranja. Esta es la definición de Ciudadanos que acuñó Santiago Abascal, un hombre que, curiosamente y hasta crear Vox, ha pasado por el PP e incluso formó parte de Movimiento Ciudadano, el embrión del partido de Rivera. Abascal afeó recientemente en Vistalegre que el partido naranja cambiara de opinión «a conveniencia» dejando a un lado cualquier coherencia programática o ideológica. Esta semana, sin ir más lejos, Ciudadanos ha cambiado de opinión en el Congreso con un tema especialmente sensible y que va a permitir a PSOE y Podemos sortear la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

Hasta el momento, PP y Ciudadanos controlaban la Mesa del Congreso sirviéndose de su mayoría en el organismo, encargado de organizar el trabajo en la Cámara Baja. La unión entre ambas formaciones se ha roto esta semana, ya que Ciudadanos ha virado su opinión para dar luz verde a desbloquear la tramitación de una veintena de proyectos legislativos que junto al PP mantenían parados para disgusto del PSOE y Podemos, entre ellos la modificación de dicha Ley de Estabilidad.

Curiosas son las críticas de los portavoces de la formación en intervenciones recientes después de conocer que Sánchez e Iglesias pactaron subir el salario mínimo hasta los 900 euros. El portavoz económico de Ciudadanos, Toni Roldán, calificó de «papel mojado» el pacto presupuestario que incluía la subida del salario mínimo. En el programa del año 2008, con la crisis económica despuntando, la formación de Rivera propuso que en 2016 el SMI fuera un 55% del salario medio. En 2016 el salario medio, según los datos que ofrece anualmente el INE se situó en 23.156 euros y, echando cuentas, el 55% de esa cifra repartida en 14 pagas resulta 909 euros al mes, cifra superior a la acordada por PSOE y Podemos.

Estas no son las primeras ocasiones en las que Ciudadanos dice primero una cosa para después cambiar de opinión. La mayoría de ejemplos tienen que ver con promesas de corte político que Rivera o sus lugartenientes regionales proclamaron en campaña electoral y que, acto seguido, no se han cumplido una vez que han alcanzado los escaños de los distintos parlamentos.

«No vamos a pactar con otros partidos políticos», repitió el presidente de Ciudadanos en televisiones y actos públicos a finales de 2015, cuando el debate entre la antigua y la nueva política estaba en auge. «No vamos a apoyar ningún Gobierno de Mariano Rajoy», aseguró Rivera al analizar los resultados de las elecciones del 26 de junio de 2016. El 28 de agosto de ese mismo año, Rajoy y Rivera se daban la mano frente a decenas de fotógrafos después de llegar a un acuerdo por el que el expresidente del Gobierno conseguía el apoyo de Ciudadanos para su investidura a cambio de seguir un documento de 150 medidas consensuadas con el partido naranja. Unos meses después, a finales de octubre, Rajoy fue investido presidente del Gobierno gracias, mayormente, a los votos a favor de Ciudadanos y a la abstención del PSOE.

A dos bandas

Antes que con el PP, Rivera negoció con el PSOE. Concretamente tras los comicios del 20 de diciembre de 2015. Entonces la foto del acuerdo programático que después se repitió con Rajoy fue con Sánchez, quien después se estrellaría en una investidura fallida que provocó la repetición de los comicios.

Ciudadanos siempre ha sido muy crítico con la corrupción política, lo que no fue un obstáculo para aupar a Susana Díaz como presidenta de Andalucía. Pese a que el socialismo andaluz se encuentra inmerso desde hace años en el caso de los ERE, uno de los mayores escándalos de corrupción españoles, contó con el apoyo de los de Rivera para conseguir el poder. Eso sí, el peaje fue el «destierro» de Chaves y Griñán.

Tibios

Otro de los adjetivos recurrentes, tanto en los pasillos del Congreso como en ciertos sectores sociales, a la hora de referirse a Ciudadanos apela a su tibieza a la hora de posicionarse en las votaciones del Hemiciclo. Como publicó ABC a principios de año, el grupo parlamentario que encabeza Rivera es el que más se abstiene cuando se trata de aprobar leyes o proposiciones de ley en el Pleno. Según los recuentos efectuados por este diario, se abstuvo -hasta enero- en 17 ocasiones, o lo que es lo mismo, un 27,8% de las veces.

Por cambiar, Ciudadanos cambió hasta la orientación política en la definición del partido. Pasó de ser socialdemócrata a liberal progresista, lo que deja entrever las «dos almas» existentes en el seno del partido. Quizá con este argumento se expliquen los recurrentes virajes ideológicos de la formación de Rivera a la hora de tomar (o no) decisiones de calado.