El fallecido Pérez-Llorca, Herrero de Miñón y Roca, en el cuarenta aniversario de la Constitución
El fallecido Pérez-Llorca, Herrero de Miñón y Roca, en el cuarenta aniversario de la Constitución - Ángel de Antonio

El Congreso brinda un sentido homenaje al difunto Pérez-Llorca, «padre» de la Constitución

Familia, políticos y destacados miembros de la sociedad civil rememoran el legado de una de las figuras más influyentes de la España contemporánea

MadridActualizado:

No hay despedida que haga justicia a la relevancia histórica de figuras como José Pedro Pérez-Llorca, uno de los siete «padres» de la Constitución, fallecido el pasado 6 de marzo a los 78 años en Madrid. Sin embargo, el homenaje que le ha brindado esta mañana el Congreso de los Diputados se ha acercado muchísimo a los honores que merece una persona de su calado político, social y cultural.

El acto conmemorativo de su legado ha comenzado a las 11.30 horas en el Salón de Pasos Perdidos de la Cámara Baja, con la proyección de un vídeo que ha repasado el «currículum» de Pérez-Llorca: diputado constituyente, ponente constitucional, ministro en los Gobiernos de Adolfo Suárez y de Leopoldo Calvo-Sotelo, presidente del Museo del Prado, miembro asesor de la celebración del cuarenta aniversario de la Carta Magna... y más, mucho más.

Está considerado como uno de los grandes artífices del consenso que marcó la Transición y su papel como ministro de Asuntos Exteriores fue imprescindible para la entrada de España en la OTAN en 1982. Pero su contribución, tal y como se ha encargado de recordar cada interviniente en el acto, fue mucho más allá de lo que recogen los libros de Historia.

Entre otros, han acudido al homenaje los ministros Nadia Calviño, José Guirao e Isabel Celaá; diputados como Miguel Gutiérrez, Ignacio Prendes, Adriana Lastra, Jesús Posada, Rafael Hernando, Jordi Xuclà, Javier Solana, Juan Luis Gordo...; Adolfo Suárez Illana, hijo del presidente Suárez y número dos de lista del PP por Madrid al Congreso; el presidente ejecutivo de Acciona, José Manuel Entrecanales; o el expresidente de Telefónica César Alierta.

Los familiares de Pérez-Llorca, visiblemente emocionados y agradecidos, han escuchado en primera fila, con orgullo, las alabanzas al que fue su marido, padre o abuelo. Han tomado la palabra, entre otros, la presidenta del Congreso, Ana Pastor; el presidente del Senado, Pío García-Escudero; o la defensora del Pueblo y exministra de Cultura, Soledad Becerril.

Pero quizá dos de los discursos más significativos han sido el de los dos únicos ponentes constitucionales que quedan con vida —una expresión, como ha confesado su hijo Pedro, que repelía a Pérez-Llorca aunque hoy habría considerado «una frivolidad»—. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Miquel Roca, que en su última visita a la Cámara Baja celebraban junto a su amigo José Pedro el cumpleaños de la Constitución española más longeva, han volcado su afecto y sabiduría para ofrecer un último adiós a su compañero.

Todos ellos han recordado la importancia que para él tenía su ciudad natal, Cádiz, en la que el destino quiso que se sentase el primer precedente constitucional de España allá por 1812. En vida, Pérez-Llorca tuvo el honor de brindar por el segundo centenario de aquella primera Constitución, por el doscientos cumpleaños también del Museo del Prado —«la mejor manifestación de lo que nos es común», ha dicho Pastor— y por el cuadragésimo de la actual Carta Magna.

Emotivas palabras de su hijo

Su hijo Pedro, en nombre de toda la familia, ha cerrado el homenaje agradeciendo a todos los presentes sus sentidas palabras. En un discurso cargado de emoción, ha dicho que sí, que «la esencia» de Pérez-Llorca era «el consenso», pero ha dibujado a un hombre que fue mucho más allá de eso.

Ha relatado cómo cuando tenía un problema con alguien y acudía a su padre en busca de consejo, este siempre le pedía escuchar «la otra versión» antes que la suya propia. «Era su forma de aproximación a los problemas», ha dicho, antes de relatar cómo era el «Pérez-Llorca más allá de los consensos».

Así, ha descrito a un hombre «guerrero, gladiador, condotiero», una persona que no se rendía fácilmente y que batalló para que España se integrase en la OTAN pese a que no existía un consenso en la Cámara Baja, ni en la sociedad ni en los medios de comunicación. Un hombre que, «gallardo», se enfrentó a la muerte como lo hicieron tres grandes personajes en la literatura: Héctor, «el que dice déjame llorar, cíñeme la espada, el amor va más allá de la muerte»; Sócrates, «sabio ante la muerte, capaz de despedirse con un discurso»; y Giovanni Drogo, «que muere solo en un sillón, pero gallardamente» —aun con la compañía física, en este caso, de sus familiares—.

«Mi padre fue un hombre valiente. Así murió y nosotros lo vimos. Gracias».