Francisco Correa, en una imagen de archivo
Francisco Correa, en una imagen de archivo - REUTERS

Así confesó Correa la corrupción de la trama Gürtel

El cabecilla de la trama explicó cómo creó un entramado para corromper las administraciones del PP

MadridActualizado:

Francisco Correa, el cabecilla de la trama Gürtel, ha sido condenado a 51 años de prisión en su segunda condena por dirigir la red de corrupción que lleva su nombre. Correa, que se encuentra en la cárcel por amañar contratos de la Generalitat Valenciana de Fitur, creó un entramado para corromper las administraciones del Partido Popular y enriquecerse a costa del erario público, vulnerando todas las normas. Correa reconoció gran parte de las acusaciones que pesan sobre él, un cúmulo de irregularidades que encierran la esencia de la corrupción: sobornos a políticos y funcionarios, comisiones irregulares por adjudicaciones ilegales, financiación de campañas políticas con dinero negro.

La esencia de la corrupción política

Correa admitió al tribunal que pactó con el extesorero del PP Luis Bárcenas amañar contratos públicos a favor de los empresarios afines, que luego colaboraban con el partido, y repartirse las comisiones que estos les abonaban. Utilizaron los contactos de ambos: unos empresariales, otros políticos. El capo de la trama también confesó que sufragó con dinero negro parte de las campañas electorales del PP en Pozuelo de Alarcón y Majadahonda en 2003, que regaló dádivas a expolíticos como Jesús Sepúlveda, Guillermo Ortega, Alberto López Viejo o Jesús Merino. Correa exculpó a sus empleados: «Yo quedaba con los políticos y les daba el sobre».

«Génova era mi casa»

El capo de la Gürtel intentó convencer al tribunal que su imperio de empresas, de cuya eficiencia presumió, no nació para delinquir. Y atribuyó a una casualidad que sus firmas acabaran trabajando «casi en exclusiva» para el PP. Antes, colaboró con el director de comunicación de Felipe González, Julio Feo. «Poco a poco Luis Bárcenas me dio juego». Era 1993 y el extesorero le encargó a Correa organizar un mitin político. Según el cabecilla, hasta ese día solo había asistido a un mitin en su vida: acompañó a su padre «en el 75 o 76» a ver a la Pasionaria en San Blas, relató. A partir de aquel evento, «estuvimos muchos años trabajando para el PP». La dedicación era tal, según su versión, que la sede del partido en la calle madrileña Génova se convirtió en su «casa». «Estaba más tiempo allí que en mi despacho», aseguró.

«Coches, payasos, globos»

Francisco Correa dejó ayer contra las cuerdas al exalcalde de Pozuelo de Alarcón y exmarido de Ana Mato Jesús Sepúlveda, al relatar que tuvo «atenciones» con él «que le parecían lo más normal del mundo». El cabecilla de la trama Gürtel reconoció que regaló a Sepúlveda dos coches, de alta gama, y que su agencia pagó viajes para el exalcalde y su familia, la razón que ha llevado a Mato a ser juzgada por haberse lucrado de la trama sin conocer el origen delictivo del dinero. «No nos costaba dinero mandar un payaso, unos globos, un castillo» a los cumpleaños de los hijos de Sepúlveda y Mato, expresó Correa, quien agasajó al exalcalde de Pozuelo a cambio de un trato irregular a favor de sus empresas. El exedil de Hacienda de Pozuelo Roberto Fernández también admitió las irregularidades de Sepúlveda.

«Las empresas fueron cerradas»

El único crimen que Correa no enmascaró entre reflexiones fue la defraudación de impuestos. El líder de la trama Gürtel aseguró que, después de tener un incidente empresarial en 1994, decidió ser «opaco» a Hacienda en todas las empresas de las que era titular. «No volví a declarar», aseguró casi con orgullo. El empresario reconoció que ocultó en Suiza las comisiones que le pagaban los empresarios por su mediación a cambio de adjudicaciones irregulares. Con ese objetivo, encargó a dos acusados -Luis de Miguel y Ramón Blanco Balín- que conformaron un entramado empresarial opaco. Por ello, Correa afirmó que Baltasar Garzón, el juez que le encarceló en 2009, debió llamarle y «solucionarlo con una multa». Pero «las empresas fueron cerradas como si fuéramos un laboratorio de cocaína», señaló con sorna.

«El tío Pepe»

A quien no perdona Francisco Correa es al acusado José Luis Peñas, el antiguo concejal de Majadahonda que le grabó durante dos años y le denunció ante la Policía. El líder de la trama contó a los jueces que acogió a Peñas cuando le expulsaron del partido y le mantuvo con un sueldo de 3.500 euros al mes y una paga extra de 7.000 euros en julio y en Navidad. «Hay que tener muchísima maldad para estar grabándome después de vivir en mi casa. Mi hija de cuatro años le abrazaba y le llamaba tío Pepe. Éramos uña y carne», relató Correa. También aseguró que, en una especie de visión biblíca, se adelantó a lo sucedido. Según su declaración, el cabecilla le dijo a Peñas: «El día que te dejé de pagar, me harás daño, me denunciarás. Y él se puso a llorar». «Sobran las palabras», cerró Correa sobre el delator, presente en la sala.