La Comunidad valenciana, unida contra el terrorismo

Por JOSÉ LUIS OLIVAS MARTÍNEZ. Presidente de la Generalitat Valenciana
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Durante los últimos días se han perpetrado en la Comunidad Valenciana actos terroristas que han ocasionado tremendo dolor y consternación entre todos nosotros. Estos hechos nos hacen recordar y tener muy presentes a todas las víctimas del terrorismo, de ahora y de antes, de dentro y de fuera de la Comunidad Valenciana.

Hemos sentido toda nuestra solidaridad con las personas más afectadas, las víctimas, porque todas ellas forman parte de un colectivo de inocentes que han sufrido el infortunio de una barbarie que avergüenza hoy a Europa y al mundo occidental.

Con toda la firmeza posible, los ciudadanos de bien -la inmensa mayoría de todos nosotros- han rechazado los últimos ataques, tan cobardes como inútiles, que no han hecho más que convencernos todavía más de lo equivocados que están quienes piensan que la presión terrorista puede terminar por condicionar la acción política.

En momentos como los que se han vivido en la Comunidad Valenciana en los últimos días, quisiera transmitir a todos los ciudadanos y, en particular, a todas las personas que nos visitan durante esta época de merecido descanso, un mensaje de confianza. De confianza en sí mismos, en nuestras instituciones legales, políticas y judiciales, en sus Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

La sociedad está dotada con los instrumentos necesarios, legales, judiciales y policiales para desarticular a los terroristas y a quienes les apoyan. Todos los servidores del Estado trabajan, arriesgan y entregan diariamente sus vidas por defender la libertad y garantizar la seguridad de los demás y nunca estará la sociedad lo suficientemente agradecida por el espíritu de entrega y sacrificio que conlleva realizar estas tareas.

No les quepa la menor duda de que los responsables políticos hacemos todo lo que está en nuestras manos para erradicar el terrorismo de la sociedad española. Todos sabemos que la derrota del terrorismo no es fácil, pero también tenemos la certeza de que la sociedad española ganará la batalla y que lo hará desde la firmeza y no desde la debilidad: unidos, sin fisuras y convencidos de la razón que nos asiste.

Sabemos que ninguna desaparición de ningún fenómeno terrorista ha sido fácil y que la de ETA tampoco va a serlo. Pero a todos los terrorismos la sociedad ha terminado por sacudírselos de encima y todos, todos los que empuñan las armas o los que les amparan, terminan finalmente en la cárcel. Nadie escapa a la acción combinada de la Policía y de la Justicia, aunque no siempre se pueda realizar con la rapidez y efectividad que todos quisiéramos.

Es evidente que se equivocan todas las personas que se sitúan en el entorno del terrorismo: no sólo quienes lo practican, ensalzan o promueven sino también quienes silencian su condena, justifican o explican su existencia en base a supuestos derechos territoriales o quienes piensan que desaparecerá por las buenas.

Uno de los objetivos que persiguen las acciones terroristas es el de causar daño irreparable para asustar y desmoralizar a la población civil; convencer a la ciudadanía de que no hay esperanza en que el terrorismo llegue a terminarse algún día. Pero si el dolor sólo puede mitigarse con el consuelo, la ayuda y la solidaridad de los demás, el miedo y la desesperanza pueden desterrarse llevando a cabo un ejercicio de rearme moral y de convencimiento de nuestras posibilidades de acabar con esta lacra. Mantener hoy la plena confianza en nuestras instituciones significa infringir una derrota actual al objetivo terrorista.

Es el propio terrorismo el que a través de las acciones cruentas y descerebradas se sitúa en un callejón sin salida, se convierte y degenera en una cobarde barbarie, indigna de nadie que pretenda ser considerado persona humana, que mancha la dignidad de antepasados y de descendientes de un pueblo, y que le hace recurrir más y más a la coacción y a la amenaza para conseguir los supuestos apoyos populares.

La sociedad puede y sabe defenderse del terrorismo, aunque no le sea imposible evitar acciones esporádicas, y para todo ello cuenta con instituciones profesionales y con la solidaridad de todos nosotros. Nuestra tarea debe centrarse en prestar la máxima ayuda a las víctimas, mantener alta nuestra moral y nuestra confianza y prestar la colaboración ciudadana que tan buenos resultados ha producido hasta el momento. Los valencianos debemos continuar nuestras vidas dotándolas de la máxima normalidad posible y convencidos de que, entre todos y desde la firmeza, terminaremos por derrotar al entorno del terrorismo etarra.