Mariano Rajoy, ayer, mientras pronunciaba su discurso en el Congreso del PP - EP
Primarias PP

Las claves del adiós de Rajoy según los columnistas de ABC

El primer día del Congreso del Partido Popular tuvo al expresidente del Gobierno como principal protagonista

S.E.
MadridActualizado:

El primer día del XIX Congreso Nacional extraordinario del PP en el que un total de 3.082 compromisarios escogerán al próximo líder de su partido entre Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado, ha tenido como protagonista a Mariano Rajoy después de que gran parte de los interventores elogiase su papel como presidente del Gobierno. Con el fin de la jornada de ayer, los columnistas de ABC realizan sus interpretaciones sobre la totalidad de los discursos escuchados en el Congreso.

Isabel San Sebastián

Quien esperara una brizna de autocrítica se equivocaba. Lo mejor de la jornada fue Cospedal, que dijo adiós emocionada y con la dignidad intacta. De Grandes y Pastor compitieron por ver cuál de los dos mostraba más entusiasmo en la loa desmedida a Rajoy, quien hilvanó un discurso tan falto de humildad como sobrado de autocomplacencia. Un discurso eufórico en el que se echó a faltar el reconocimiento de algún error, por mínimo que fuera, susceptible de explicar la pérdida del gobierno, la rebelión abierta en Cataluña o los resultados menguantes del PP en las urnas. Dado que a su derecha en la gestión ha estado Sáenz de Santamaría, mientras que Casado ha puesto el dedo en la llaga de las equivocaciones a enmendar, su apuesta por la ex vicepresidenta quedó evidenciada de manera inequívoca, aunque tácita. Hoy sabremos si, además, resulta ser decisiva.

Hermann Tertsch

Tenía Rajoy oportunidad de lanzar ayer unas ideas revitalizadoras para el futuro de un Partido Popular que ha dejado en la oposición, tramuatizado y, como se ha visto, dividido y desnortado. No lo hizo. Sigue muy herido y ayer solo quiso reivindicarse él y su obra que presentó como impecable. Un permanente éxito. Si todo lo ha hecho bien y toda la culpa es de fuerzas externas, el partido debe seguir por la senda suya, es decir la de Soraya. Y cualquiera que pida un cambio de rumbo es un ingrato que no valora el éxito habido. Ahí se señalaría a Pablo Casado. No tuvo palabras de ánimo para el futuro ni un ápice de reflexión autocrítica. Había motivo. Heredó el centroderecha unido en el PP y hoy son tres partidos. Heredó un PP unido que no existe. Y el balance nacional: sigue el golpe de Estado en Cataluña y España está en manos de un Frente Popular. Algo ha ido mal, Mariano.

Gabriel Albiac

No hay partido en que no latan metáforas pesadas de familia. Un «partido» es una «parte»: el artificio que acota un grupo de intereses dentro del todo social. Y, para que el artificio no se trabe, es necesario alzarlo sobre metáforas primigenias.

El blindaje de las «bases» en torno a la figura paternal del «líder» es la primera de esas metáforas. El líder es un padre de derecho sagrado. Y monoteísta. No hay función patriarcal compartida: la irrupción simbólica de un «doble» padre es una variedad de la orfandad y gripa las retóricas partidistas.

Esa orfandad juega sus bazas en el Congreso del PP. Dos padres dirimen la legítima genealogía del partido. Aznar hizo a Rajoy. De Aznar, Rajoy se deshizo. En el partido, los dos padres coexisten y se interfieren. Es la hora del duelo. A través de figuras vicarias. Santamaría y Casado son máscaras. Sólo uno saldrá vivo.

José María Carrascal

Tras negarse a nombrar sucesor, era inimaginable que Rajoy mostrase a última hora sus preferencias. Lo más que podía hacer era proclamar grandeza del partido y la lealtad a sus principios. Como tanto Santamaría como Casado se identifican con ellos, ambos pueden sentirse respaldados. Hubo, sin embargo, resquicios que delataban cierta inclinación: la defensa de su gestión, el orgullo de lo alcanzado, el proclamarse no doctrinario, la inyección de optimismo. Con todo ello, Rajoy estaba más próximo al mensaje continuista de Soraya que al renovador de Pablo. Pero Rajoy, pese al respeto que aún inspira, es ya pasado, y lo que se juega es el futuro del PP. A estas horas, cada uno de los 3.052 compromisarios estará echando cuentas de cómo le afectará la continuidad y la renovación. Más que principios, están en juego intereses personales. De ahí lo impredecible del resultado.

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy (5i), junto a la exministra de Defensa María Dolores de Cospedal (4i), la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor (4d), el coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo (c), y los candidatos a liderar al partido, Soraya Saénz de Santamaría (5d) y Pablo Casado (3d), al inicio de la celebración del Congreso Nacional del Partido Popular, mientras sonaba el himno de España
El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy (5i), junto a la exministra de Defensa María Dolores de Cospedal (4i), la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor (4d), el coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo (c), y los candidatos a liderar al partido, Soraya Saénz de Santamaría (5d) y Pablo Casado (3d), al inicio de la celebración del Congreso Nacional del Partido Popular, mientras sonaba el himno de España - EFE

Salvador Sostres

Las primarias las hace la gente que tiene problemas y la democracia interna es un mito. No hagas en tu partido lo que no querrías en tu familia. Los que necesitan renovarse son los que se equivocan y por eso el lema de la izquierda es la revolución permanente -que es lo mismo que decir el permanente error- y la derecha y la Iglesia, que siempre hemos tenido razón, hemos sido siempre conservadores y estables. Además, como bien sabemos los monárquicos, la herencia genética es más fiable que el sufragio: y suficientes elecciones tenemos que son inevitables como para inventarnos encima votaciones que no hacen ninguna falta. Acertó Aznar designando a Rajoy y también Rajoy habría acertado nombrando a su sucesor. La derecha es lo que es y los inventos nos han salido siempre muy caros. Y en casa siempre ha decidido o bien el Espíritu Santo o bien el que manda.

Rosa Belmonte

Al escuchar el Himno Nacional, Cospedal fue la Infanta Elena en Barcelona 92. Pero todavía se emocionaría más. El Congreso del PP se celebra en el hotel del quinto pino donde se entregaban los Goya. Cospedal enumeró a los muertos del PP, como en los Oscar. A los desaparecidos por muerte natural (Fraga, Loyola…), a los asesinados por ETA y a Rita Barberá. También dio algún navajazo: «Siempre he tenido buena cara ante ausencias tan numerosas e infamias tan injustas». Si Aznar estuviera muerto le habrían dedicado algún cariñito. Ana Pastor ya se había encargado de alabar a Rajoy dando estopa a Aznar: «No sólo has sido un gran presidente sino el mejor presidente que hemos tenido nunca». Rajoy, después de un vídeo sonrojante, se elogió a sí mismo. Todo bien, que pase Soraya. La mejor fue Cospedal, una pésima oradora que se creció en su despedida. A buenas horas, secretaria.

Ramón Pérez-Maura

Este Congreso ha tenido ya una utilidad clara. El PP no puede tener en sus filas a quien le hace el discurso a la izquierda. Que Celia Villalobos hable de la extrema derecha en las filas de su propio partido es dar argumentos a los que quieren garantizar la permanencia de la izquierda en el poder. En la España constitucional no hay más políticos extremos, no hay más radicalismos, que los que encarnan el presidente Sánchez y los partidos que le dan su respaldo para mantenerse en el poder. Sea quien sea el ganador del congreso y nuevo presidente del PP, la formación que fundó Manuel Fraga no puede entender que ocupar el centro político se hace a base de atacar a una parte de tus bases que están orgullosas de llamarse de derechas; que no son militantes vergonzantes que quieren presentarse como centristas porque se abochornan de ser lo que son.

Luis del Val

Puede que la única retranca fuera la de «Me retiro, pero no me voy», y que eso motivara algún sobresalto interior, que no pasó a mayores, pero a lo largo de su intervención el todavía presidente del PP mostró esa sobriedad característica, que llega también al humedal emotivo, pero sin caer jamás en la cursilería. En realidad, más que un recuento de su labor política llevó a cabo un balance de su vida, y esa mezcla lo acercó todavía más a unos conmilitones a los que les habló mucho de futuro, quizás porque intuye que dudan de su presente. Creo que fue calculada y premeditada la ausencia a cualquier alusión a esa corrupción, que ha ensuciado a los miles de honrados militantes del PP, y por eso insistió en loar la nobleza del político. Nobleza que él ha encarnado con más luces que sombras, y que ayer se notó, porque más de uno advirtió que faltaba un cuadro en la pared.