Miembros de los equipos de rescate «navegan» por las calles de Tudela. AP

Cientos de familias se niegan a ser evacuadas pese a las inundaciones del Ebro

MANUEL TRILLO
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ZARAGOZA. Cientos de familias de poblaciones ribereñas del Ebro en Navarra y Aragón se resistían ayer a abandonar sus casas ante las inundaciones que está causando la mayor crecida de este río en los últimos 40 años, pese a la recomendación de las autoridades.

Tras los daños sufridos en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro, Logroño y Pamplona -en este caso por el Arga-, la crecida pasó ayer por Tudela, en Navarra, y anoche se preveía que alcanzara, con un caudal de 3.187 metros cúbicos por segundo, el primer municipio de la provincia de Zaragoza, Novillas. En la Comunidad aragonesa, Protección Civil está en máxima alerta y las unidades del Ejército de Tierra están preparadas para intervenir en ayuda de las poblaciones afectadas. De hecho, ayer ya facilitaron colchonetas para un polideportivo y proporcionaron raciones de alimentos envasados para las familias desalojadas de las poblaciones cercanas.

El plan operativo se centró en Novillas, Pradilla, Alcalá de Ebro y Cabañas de Ebro. En estas poblaciones la maquinaria pesada y los camiones reforzaban diques y construían muros de contención, mientras los vecinos se afanaban en la colocación de sacos terreros para impedir que las aguas llegaran a sus casas y lonas para evitar que se puedan desplazar las tierras.

En el caso de Pradilla, Alcalá y Cabañas, la Delegación del Gobierno recomendó la evacuación de los vecinos. Algunas personas accedieron a trasladarse en los autobuses que dispuso Protección Civil a la cercana localidad de Tauste y muchas otras cogieron sus propios vehículos para abandonar sus casas. No obstante, la mayor parte de vecinos se negaba a dejar atrás sus propiedades y optó por permanecer junto a sus viviendas hasta el final. También en el municipio navarro de Buñuel se desalojaron 40 viviendas después de la rotura de un dique en Ribaforada, lo que amenazaba con dejar sumergido el casco urbano. La riada, que en Navarra obligó a cortar la nacional 113 (Pamplona-Madrid) y cinco carreteras secundarias, mantenía ayer cerradas al tráfico rodado tres en la Comunidad de Aragón.

Para las tres de la próxima madrugada se prevé que la punta de la crecida alcance la capital zaragozana. Los servicios del Ayuntamiento acometieron distintas actuaciones preventivas y alertaron a los vecinos de las zonas próximas al río del peligro de inundacines en garajes y fosos de ascensores.

Tanto el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, como el secretario de Estado de Aguas, Pascual Fernández, y el presidente de la Diputación de Zaragoza, Javier Lambán, visitaron las zonas afectadas. Fernández aseguró que no se prevén daños importantes en núcleos urbanos aguas abajo de Zaragoza, aunque sí en tierras de labor. En Tortosa (Tarragona), se redujo el riesgo de inundaciones al estabilizarse el caudal, después de que el Ebro estuviera a 15 centímetros de desbordarse, aunque se mantiene la emergencia.