««Casi perfectos» desdramatiza preocupaciones cotidianas»

AINHOA LARREA/
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MADRID. Cariñosa, entrometida y «demasiado protectora», Ana María Barbany interpreta a Gloria en «Casi perfectos» (Antena 3). Como matriarca de los Costa, esta veterana actriz da vida a la «típica suegra», «bienintencionada» pero con un amor tan «desmedido» hacia los suyos que en ocasiones se torna «problemático».

-La mayoría de sus compañeros de reparto son jóvenes. ¿Qué les aporta su personaje?

-Soy el contrapunto. La serie cuenta las vicisitudes mis tres hijos, dos nietas y unos amigos. Así, entre tanto niño y adulto de mediana edad, mi papel es importante, sobre todo porque nos movemos en el ámbito de una «sit-com»: más allá de la experiencia y madurez propia de mis 65 años, hago un poco de «Sancho», compenso la edad del resto y desencadeno situaciones que ningún otro podría originar.

-Ama de casa entrañable, indiscreta, posesiva... ¿Hay mucho de Ana María en Gloria?

-En ese sentido bien poco, realmente. No estoy casada ni tengo hijos, así que mi vida tiene poco que ver con la que llevo en la ficción. De hecho, supone un reto transformarse en una mujer tan distinta, aunque entretiene más.

-¿Qué le depararán los nuevos capítulos? ¿Cambiará algo su carácter o ya no tiene remedio?

-Seguiré enredando tanto como siempre, descarada y fisgona... Un estorbo, vaya. Andrés (Emilio Aragón) y Elena (Yolanda Arestegui) opinan que no paro de inmiscuirme en su matrimonio y mi nuera acabará enfadándose de verdad. Conseguiré incluso que su marido me plante cara, aunque los dos saben que, a estas alturas, soy incorregible.

-La apuesta de los guionistas para esta segunda temporada consiste en ofrecer una mirada aún más «gamberra» a la familia. ¿La diversión es el ingrediente principal de su éxito?

-Creo que se debe más bien al tipo de situaciones que refleja y al modo en que lo hace. Aborda conflictos presentes en todas las familias y comunidades de vecinos (como el paro y la hipoteca) en clave de humor, de ahí que sintonice más fácilmente con los espectadores. Desdramatiza preocupaciones cotidianas, y eso se agradece.

-¿La familia como institución está en crisis?

-No. La incorporación de la mujer al trabajo y otros factores han variado su fisonomía, pero para bien. Sólo ha cambiado la estructura.