El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con el líder del PP, Pablo Casado, el pasado 11 de junio
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con el líder del PP, Pablo Casado, el pasado 11 de junio - Ángel de Antonio

Casado reitera su «no» a Sánchez en una reunión secreta pedida por La Moncloa

Ábalos también pide a Ciudadanos su colaboración para no depender de Podemos y los independentistas

MadridActualizado:

La semana pasada el entorno de Pedro Sánchez descolgó el «teléfono rojo» de La Moncloa, marcó los números de Pablo Casado y Albert Rivera y pidió una reunión que anticipó secretísima para hablar de la investidura. El presidente del Gobierno en funciones quería exigirles lo mismo que ya rachazaron los líderes del Partido Popular y Ciudadanos en las rondas de consulta tras las elecciones del 28 de abril: su abstención para convertirle en el jefe del Ejecutivo. Rivera declinó de primeras el encuentro y la oferta. Casado, por su parte, aceptó la invitación «por lealtad institucional», pero plantó un contundente «no» en sede presidencial.

Más o menos una hora duró ayer el sanedrín del que Sánchez no logró ningún avance y en el que, según fuentes populares, el presidente del PP volvió a reiterar su «posición contraria a apoyar la investidura y a una abstención en la misma». Desde el PSOE, por su parte, no tuvieron más remedio que salir al paso con el mismo remiendo que usan en los desencuentros con Podemos: entre Sánchez y Casado «las posturas siguen estando alejadas», explicaron los socialistas. Por otro lado, las mismas fuentes revelaron ayer que el líder del PP aprovechó su cara a cara con Sánchez para señalar la «gravedad de los pactos del PSOE con Bildu» en Navarra y la necesidad de «afrontar medidas legales» para frenar la crisis independentista en Cataluña.

La reunión no se reflejó en ninguna agenda oficial. Pero desde el PP revelaron que el encuentro se celebró a petición de Sánchez y su posterior filtración por parte de los fontaneros de La Moncloa no sentó bien en las filas populares después de que les exigieran máxima prudencia y discreción.

Ábalos mira a Cs

Ayer, tras la reunión de la Ejecutiva socialista en Ferraz, a la que no asistió el presidente en funciones, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, insistió de nuevo en que el PP «debe abstenerse» porque «está en juego la estabilidad de la nación» y porque «no es ni puede jugar a ser un partido antisistema». Pero en quien más se centró Ábalos fue en Ciudadanos, aprovechando la crisis interna del partido que ha puesto de manifiesto el hartazgo de un sector naranja partidario de la negociación con el PSOE. Y apeló precisamente a Albert Rivera, al que pidió que «que salga de su laberinto» y «que escuche a su partido, a su alrededor, que recapacite y que rectifique».

Ábalos reprochó que Rivera rechazase la invitación de reunirse con Sánchez y le pidió «que se abstenga o apoye la investidura», y que «desempeñe su papel en la oposición si es lo que pretende». Al abrir la puerta al voto a favor y transmitir que situarse en la oposición es una pretensión de Rivera, Ábalos dio así un paso hacia una colaboración mayor con Cs. El PSOE sigue rechazando plantear una oferta de alianza a los de Rivera: «Podemos ofrecer que inicie la legislatura. Que a todos nos interesa. Que el país entre en una senda de normalidad», respondió.

Además, añadió que eso supondría «una mayor autonomía política para el PSOE», que es algo que como él mismo recordó responde «a sus propios intereses cuando nos piden no depender de otras formaciones». Con esa referencia el secretario de Organización del PSOE se refiere especialmente a las fuerzas independentistas, pero dado que PSOE y Cs suman mayoría absoluta, acuerdos de estos dos partidos harían también innecesario a Podemos.

Esa mayor autonomía mencionada podría derivar en que PSOE y Cs puedan negociar algunos aspectos. Ábalos nombró directamente los Presupuestos o pactos como los de las pensiones o en materia de infraestructuras. El número tres del PSOE dijo incluso que desde Cs «pueden plantear cuestiones», y que desde su partido están «abiertos a hablar». El dirigente socialista planteó que todavía no puede dar una fecha para la investidura, pero garantizó que Sánchez «comparecerá» aunque no tenga los apoyos suficientes para ser investido. En el PSOE, eso sí, siguen intentando recabar esos votos porque «la idea es ir con apoyos» y no precipitar una investidura fallida.

Iglesias se enroca en la coalición

La distancia del PSOE con Podemos se expresa en que, pese a considerar a Pablo Iglesias «socio programático preferente», se insiste en un camino que pasa por la colaboración con PP y Ciudadanos. Ayer se evidenció una vez más que el diálogo entre Sánchez e Iglesias está estancado en un tira y afloja para ver qué papel juega Podemos en el futuro Gobierno socialista. Es una guerra de desgaste.

Iglesias se mantiene enrocado en un Gobierno de coalición, pero el PSOE busca mantener su apoyo sin darle un asiento en el Consejo de Ministros. Podemos respondió al ultimátum de los socialistas y rechazó ayer la oferta del PSOE donde les proponían puestos en segundos niveles. «En el PSOE tienen que normalizar algo que estamos viendo en muchas comunidades y ayuntamientos», sostuvo la portavoz de Podemos, Noelia Vera. Los acuerdos regionales en Canarias, Baleares y La Rioja han sido un balón de oxígeno para Podemos y han reforzado a Iglesias para reclamar su presencia en el Gobierno. Vera, por tanto, exigió la misma «altura de miras» en Ferraz: «Les toca moverse», apostilló. Desde el PSOE expresaron lo contrario y emplazaron a Podemos a dar ese «movimiento».

Son tres reuniones ya entre Sánchez e Iglesias en las que no ha se ha avanzado y donde los equipos negociadores siguen sin reunirse. En paralelo, durante una entrevista en «La Cafetera», Iglesias también se remitió ayer a los acuerdos autonómicos entre ambos para defender que «se acabó la época de los gobiernos monocolor» a nivel nacional.

«Amenazar con elecciones creo que es tomar por tontos a los españoles», expresó el secretario general de Podemos, que asegura no concebir esa «barbaridad» y confía en que el PSOE llegue a la sesión de investidura con los apoyos atados. Iglesias pidió a Sánchez que deje atrás el «ruido» porque no es «sensato» negociar «como si fuera un partido de tenis», es decir, a través de declaraciones en los medios. Se desconoce cuando será el próximo encuentro entre ambos.