El presidente catalán, Maragall, obsequia a Zapatero con una insignia con el escudo de la Generalitat, en 2004
El presidente catalán, Maragall, obsequia a Zapatero con una insignia con el escudo de la Generalitat, en 2004 - EFE

La carta al director de ABC de Teodoro García Egea a los 19 años para criticar a Zapatero

Al actual secretario general del PP le disgustaba que el expresidente del Gobierno pactara con una formación como ERC que presumía «de no querer a su país, que es España»

MadridActualizado:

Con tan solo 19 años, un joven Teodoro García Egea escribió una carta al por aquel entonces director de ABC, Ignacio Camacho, con la «ingenuidad» que le concedía su edad -como él mismo reseñaba en su escrito-, pero con el convencimiento de que un presidente del Gobierno debe defender, ante todo, la unidad de España. Una máxima que adquiere importancia en los tiempos actuales marcados por el conflicto territorial en Cataluña.

El secretario general del Partido Popular criticaba en su misiva -que se publicó en el periódico del 13 de diciembre de 2004- que el jefe del Ejecutivo, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, pactara con Esquerra Republicana (ERC). «Ésos que presumen de no querer a su país, que es España», apuntaba.

García Egea comienza su carta con ironía y refiriéndose al atuendo del exdirigente: «Me gustaría hacer llegar a la sastrería de La Moncloa o a la autoridad competente en este campo mi disgusto por las reducidas dimensiones de la solapa de la chaqueta de Zapatero». Para después proseguir: «Quiero pensar que es ésta la razón, y no otra, por la cual Zapatero, días atrás, únicamente lucía el "pin" de la Autonomía de Cataluña, quiero pensar que no cabían ninguno de los 16 restantes "pines". Quiero pensar que este hecho no tiene nada que ver con las declaraciones del presidente calificando a ciertas personas de "fundamentalistas" por nombrar a España como nación».

Recorte de la carta enviada por Teodoro García Egea a este periódico en 2004
Recorte de la carta enviada por Teodoro García Egea a este periódico en 2004 - ABC

Al número dos de Pablo Casado le pareció irritante el hecho de que durante una cumbre hispano-francesa, celebrada el 7 de diciembre de 2004 en Zaragoza, el jefe del Gobierno luciera una insignia con el escudo de la Generalitat que le había prendido en la solapa de su americana el presidente del ejecutivo catalán, Pasqual Maragall, y en cambio no portara el del resto de comunidades autonómas.

Lo que el popular no podía vaticinar en aquel momento es que catorce años después los guiños al nacionalismo vasco y al separatismo catalán continuaran y, de nuevo, de la mano de un gobierno del PSOE. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que se someterá al debate de investidura la próxima semana, no es el único que ha coqueteado con ERC para llegar al sillón de La Moncloa. Antes que él ya lo hizo Zapatero, quien necesitó los votos de la formación separatista para convertirse en presidente del Gobierno.

Fue también el exdirigente quien se comprometió en plena campaña electoral en 2004 a apoyar la reforma del Estatut que aprobara el Parlamento de Cataluña. Tras tomar posesión de su cargo se puso a trabajar para materializar su promesa. Así, el 30 de septiembre de 2005 el ya conocido como «el Estatut» pasó el primer corte, al ser aprobado en las Cortes catalanas con los votos en contra únicamente del PP. El partido, que ocupaba quince de los 135 asientos de la Cámara, consideraba que el texto era claramente inconstitucional, por lo que su líder nacional, Mariano Rajoy, pidió la disolución de las Cortes y la votación del mismo. De este modo, llegó al Congreso, que dio su visto bueno el 30 de marzo de 2006 al nuevo texto -que mantenía el concepto de Cataluña como nación- con el voto en contra del PP, que lo envió al Tribunal Constitucional (TC).

Tras la aprobación del Estatut en referéndum el 18 de junio de 2006, solo quedaba que el TC se pronunciase, algo que no sucedió hasta casi cuatro años después, en 2010. La sentencia anuló algunos artículos e interpretó otros, lo que según el propio Zapatero sentó las bases de «la fractura» en Cataluña.