Campeonato de butifarras

Los testigos de la defensa se dedicaron ayer a trivializar la consulta del 1 de octubre, sugiriendo que fueron a los colegios electorales para participar en una fiesta

Pedro García Cuartango
MadridActualizado:

«Fui al colegio electoral a desayunar porque había una chocolatada», declaró ayer en el Supremo Miriam Camps, un farmacéutica de Arenys de Munt. Una abogada de Balaguer decidió quedarse todo el fin de semana en un centro porque había talleres de xerigrafía «muy atractivos». Otro testigo afirmó que no sabía que la consulta estaba prohibida y que había ido a un instituto a «tocar la guitarra». Otra señora de mediana edad fue a charlar de madrugada con sus amigas y vecinas, que habían hecho café y tartas. Y un chico joven señaló que lo que le impulsó a dormir en una escuela fue «un campeonato de butifarras».

De la veintena de testigos que comparecieron en el juicio casi ninguno reconoció que había ido a depositar su voto en una consulta por la independencia de Cataluña. Todos ellos fueron a los colegios la noche anterior o antes del amanecer pero lo hicieron no para introducir una papeleta en una urna sino para participar en actividades lúdicas y festivas. Esto era lo esencial y por ello carece de explicación -según sus testimonios- que la Policía Nacional y la Guardia Civil osaran interrumpir estos actos de confraternización cívica con desmedida brutalidad y sin mediar provocación alguna.

Los policías irrumpieron en los colegios electorales como el gamberro que hace sonar el timbre a las cuatro de la madrugada. Nadie se lo esperaba y ni se les pasaba por la cabeza que, con la excusa de un mandato judicial, alguien se atreviera a estropear una paella o un concurso de parchís.

Lo que congregó a los que estaban en los centros no tenía ninguna motivación ni consecuencia política porque era un hecho tan absolutamente banal y trivial como la romería de un santo local, según se pudo escuchar en el Supremo.

A juzgar por lo que dijeron los testigos, podemos quedarnos muy tranquilos porque el independentismo catalán no toma en serio sus propios actos. Ya sea cuando se concentran 40.000 personas frente a la consejería de Economía, ya sea cuando zarandean a un vehículo de la Guardia Civil en un registro, ya sea cuando insultan o lanzan objetos a las fuerzas policiales, no hay motivo para preocuparse porque todo es festivo, amistoso y cívico.

De ahí que carezca de toda lógica que haya dirigentes sentados en el banquillo porque lo único que pretendían era organizar un campeonato de butifarras.

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