La Camorra quería los ayuntamientos
Pietro Nocera, el financiero, ha sido el último en caer en diciembre. - abc

La Camorra quería los ayuntamientos

Los mafiosos del «clan Nuvoletta» fijaron su paraíso en Tenerife. Blanquearon millones en ladrillo, barcos y ocio. Su último objetivo, entrar en el poder local. El jefe ha muerto y el resto está en la cárcel

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Aqué abogado quieren que llamemos?», preguntaron los agentes a los detenidos de la «operación Pozzaro» en Tenerife. Los mafiosos no dudaron: «Al nuestro, a Domenico de Giorgio». «Ah, pues aquí lo tienen. Está en la habitación de al lado, arrestado como ustedes por blanquear dinero para la Camorra», respondió con sorna uno de los investigadores. Domenico de Giorgio intentó ser político en las pasadas municipales. Se apuntó a las listas del PP de Adeje (Tenerife), pero al final se cayó, no está claro si porque decidió retirarse a iniciativa propia o porque los populares se enteraron de sus amistades con los camorristas napolitanos del «clan Nuvoletta». Llegaron a organizar una convención del PP en el complejo «Marina Palace», el eje de los negocios mafiosos.

«Los camorristas querían meterse en los ayuntamientos para tener acceso a las licencias y a la vida pública, tal y como hacen en su territorio donde lo controlan todo», explican fuentes de la investigación. Las intervenciones telefónicas lo atestiguan. Cuando se produjo ese movimiento, en marzo pasado, se desató el nerviosismo. No se ha podido probar si la orden llegó expresamente de los jefes en Italia, pero la Mafia había estado a un paso de entrar en la política municipal. Ni más ni menos que los métodos italianos trasladados a Tenerife.

«No salió la jugada»

Al no conseguir su objetivo, De Giorgio perdió nivel y poder en el grupo. Casi le dieron la espalda. «Los jefes lo veían como un medio útil. Bien relacionado con políticos locales y además abogado, pero no salió la jugada», señalan los investigadores. Con todo, el abogado italiano es una pieza más en la estructura desmantelada por Policía y Guardia Civil desde el pasado octubre, cuando arrestaron a catorce camorristas en Tenerife. El último en caer ha sido Pietro Nocera, el jefe financiero del «clan Nuvoletta», uno de los principales de la Camorra napolitana. Nocera quería dar la bienvenida a 2012 fuera de Italia. El 28 de diciembre acudió a una comisaría de Marano para hacerse el pasaporte y allí mismo le colocaron las esposas. La Audiencia Nacional española lo reclamaba como el cerebro económico del clan.

El capo se había librado de la «operación Pozzaro», que el pasado 18 de noviembre apartó de la circulación a destacados miembros de las familias Nuvoletta y Polverino, asentadas en Tenerife. Los municipios de Adeje y Arona eran su retiro dorado y su cuartel general para blanquear millones de euros a través de la especulación inmobiliaria, la venta de barcos y últimamente el ocio, desde restaurantes hasta un reciente prostíbulo, bautizado como «Bugatti».

El entramado societario alcanza a una treintena de empresas, aunque el núcleo gira en torno a una decena. Al frente del negocio estaba el viejo camorrista Giuseppe Felaco, que ya había saldado sus cuentas de sangre en Italia y se había retirado a gestionar patrimonio a Tenerife para los clanes napolitanos. El 18 de octubre, después de casi un año tras ellos, más de dos centenares de agentes de Policía y Guardia Civil pusieron patas arriba el complejo turístico y residencial «Marina Palace» en Adeje, unos 5.000 apartamentos construidos por Felaco en 2001.

Catorce detenidos (doce italianos, un marroquí y una británica, amante de uno de los jefes), cuentas corrientes embargadas, veintisiete coches intervenidos, la mayoría de lujo, y siete barcos son los números de «Pozzaro». España ya había arrestado a muchos mafiosos italianos, pero era la primera vez que dirigía desde aquí una operación, gracias a un acuerdo firmado entre la Fiscalía contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada y la Dirección Antimafia Italiana. Casi diez meses de pinchazos telefónicos, ordenados por el Juzgado número 6 de la Audiencia Nacional, eran hasta ahora algo inusual.

Cierto que estas intervenciones no sirvieron de gran ayuda. Los camorristas eran amigos y se veían casi a diario, de forma que no necesitaban el teléfono. Cuando hablaban desde la «tierra de los toros» —como llaman a España— con los «inversores» italianos solo se deslizaba información de trámite, alguna referencia al «clan Nuvoletta» y poco más. «Con este sigilo, meterse en su mundo cerrado, casi de claustro en torno al Marina Palace, resultaba una temeridad a priori», analiza uno de los investigadores.

Los camorristas detenidos tenían el vínculo del dinero y la sangre. Giussepe Felaco, el constructor del complejo, era el jefe actual. Miembro de la familia Nuvoletta a través de su mujer María Miccelino, se había instalado en el «Marina Palace» con sus dos hombres de confianza: Ricardo Capazzo y Mario Varriales.

«Hombres de fuego»

Los tres «hombres de fuego», asesinos en su juventud, gozaban de la confianza del clan y dirigían las inversiones: construcción, compraventa y alquiler de terrenos e inmuebles destinados a lavar dinero en Tenerife de los clanes «Nuvoletta» y «Polverino». Sus hijos Luigi Felaco, Alexandro Capazzo y Stefano Varriales, también asentados en Adeje, estaban llamados a seguir su mandato, sobre todo el primero, que logró escapar de la operación y está en busca y captura.

Felaco había sucedido al frente del clan a Armando Orlando, ahora detenido, cuyas inversiones no gustaron a los jefes italianos. Pero Orlando continuaba en Tenerife ligado al clan y controlando a su vez a su sucesor por orden del financiero Pietro Nocera. «No se entiende el funcionamiento de este holding criminal y empresarial sin esos lazos de sangre que ellos llevan a gala», explica un comandante de la Guardia Civil. Felaco, Orlando y Nocera ya habían sido detenidos en España en la pasada década por reclamación de Italia, pero estaban en libertad.

A mediados del año pasado, los investigadores se enteraron de que el jefe, Giuseppe Felaco, tenía cáncer. Su estado se agravó después del verano. Apenas podía hacerse cargo ya de los negocios. Aún era pronto para tirar de la operación y le dejaron marchar. Tras despedirse de su amante, la británica Sily R., Felaco viajó a su mansión del lago Como, cerca de la de George Cloney y otros potentados. De allí, a su casa de Marano, pegado a su querido Nápoles y a su esposa de toda la vida, una «Nuvoletta» de sangre.

Unos días después de que los investigadores arrestaran a su gente en Tenerife, los carabinieri se presentaron en su retiro y le informaron de que estaba en arresto domiciliario. No hubo tiempo ni de hablar con él. Poco antes de que el juez y un comisario fueran a interrogarlo, Felaco, el hombre de fuego, el jefe de los camorristas de Tenerife, murió devorado por la enfermedad. Su hijo está huido y sus socios y amigos con los que compartía vida, delincuencia, mesa y mantel en cárceles españolas. En su comunidad de viviendas, en Adeje, deben 40.000 euros de recibos de agua.