Pincho de tortilla y caña

Camino a la extorsión

Cuando el Gobierno eche a andar, los dos gendarmes del procés (ERC y Junts per Catalunya, ahora poli bueno y poli malo, respectivamente) vuelven como un solo hombre a sus posiciones de siempre

Luis Herrero
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Aunque todas las miradas estaban puestas en Madrid, por si acaso el griterío en la corrala de la derecha devenía en duelo a garrotazos, la investidura más interesante –desde el punto de vista del interés general– no fue la que ayer le dio el bastón de mando capitalino a Martínez Almeida, sino la que hizo alcalde de Pamplona a Enrique Maya con la complicidad del PSOE. No digo que la jubilación política de Carmena o la conllevancia de los triunviros de Colón no sean noticias relevantes. Lo son. La primera le da oxígeno a Casado y la segunda allana el camino para cerrarle el paso a la izquierda en las Comunidades Autónomas de Castilla-León, Murcia y Madrid. Pero si miramos al Gobierno de España, la votación en Pamplona nos da muchas pistas sobre lo que puede pasar en el tortuoso camino a la investidura de Pedro Sánchez. Aunque no todos las interpretemos igual.

Hay quien piensa que la actitud del PSN, favoreciendo la llegada de Navarra Suma al puente de mando del consistorio pamplonica, preludia la actitud de Ferraz durante la constitución del Gobierno foral. Si le ha dado la espalda a Bildu en el Ayuntamiento –razonan– lo lógico es que mantengan el mismo criterio cuando le llegue el turno a la presidencia comunitaria. Yo no le veo tan claro. Los socialistas, como tercera fuerza, hubieran tenido que votar a favor del candidato abertzale en el consistorio para arrebatarle el poder a la derecha. El acto de complicidad hubiera sido indisimulable. Bildu exigía esa contrapartida a cambio de su abstención para que el PSN presida la Comunidad. Al no haberla concedido, Sánchez puede argumentar que no hay pacto con los independentistas y que su abstención durante la votación de investidura de María Chivite —si se produce— será gratis total.

Con ese precedente, la aritmética parlamentaria de la investidura de Sánchez se clarifica bastante. Si pudiendo decir que no ha mediado trueque alguno, el PSOE decide aceptar la abstención separatista en el parlamento navarro, ¿por qué no iba a hacer lo mismo en el parlamento nacional? Incluso podría justificarlo argumentando que es la única forma de evitar que se repitan las elecciones. Si Navarra cae del lado socialista, Sánchez perderá el apoyo de UPN y quedará irremediablemente condenado a depender de los costaleros del «procés». Sin navarros ni canarios –Ana Oramas ya ha dicho que con ella no cuenten–, la segunda votación arrojaría un empate insuficiente a 173. Sería inevitable que ERC, Junts per Catalunya o Bildu cruzaran a la acera de la abstención. Siempre hemos creído que no lo harían gratis, pero tal vez estábamos equivocados.

Si Sánchez se convierte en presidente del Gobierno con una mayoría tan precaria, la gobernabilidad del país, y por lo tanto la duración de la legislatura, quedará en manos de los independentistas. Si se repitieran las elecciones, en cambio, Junqueras y Puigdemont correrían el riesgo de quedar relegados a posiciones irrelevantes. Favorecer la investidura les trae más cuenta que entorpecerla. Con ellos en el fiel de la balanza de todas las votaciones importantes, empezando por la de los Presupuestos, las posibilidades de extorsión al Gobierno crecen de forma exponencial. Dicho de otra forma: una investidura gratis ahora les garantiza la posibilidad de extender facturas onerosas en el futuro inmediato, mientras que un nuevo veredicto de las urnas deja al albur de lo que pase su capacidad de chantaje. Si son partidarios del pájaro en mano, no dudarán en hacer lo que más le conviene.

De hecho, tras su reunión del jueves con Adriana Lastra, Gabriel Rufián ya dejó clara la disposición de su grupo a no bloquear la legislatura. A diferencia de Laura Borràs, que afirmó taxativamente que «no se dan las condiciones para facilitar la investidura de Pedro Sánchez», el portavoz republicano se limitó a pedir del Gobierno una actitud dialogante. Sin más. Junts hace de poli malo y ERC de poli bueno. Pero no nos dejemos engañar. Pincho de tortilla y caña a que cuando el Gobierno eche a andar, los dos gendarmes del «procés» vuelven como un solo hombre a sus posiciones de siempre. Y para entonces, al menos durante un año, Sánchez ya no tendrá marcha atrás.

Luis HerreroLuis HerreroArticulista de OpiniónLuis Herrero